La cantería (los labrantes)

*** para ver la leyenda, pon el puntero encima de cada foto ***


Hace ya años, en la construcción de edificios en este pueblo se empleaba principalmente piedra berroqueña para hacer los muros, y para los tabiques interiores se solían emplear adobes, cambiándose posteriormente de manera que se hicieron a base de ladrillos, ocupándose de esa labor de levantar los muros exteriores de casas y otros edificios los llamados mamposteros, dedicándose las personas que desempeñabas este oficio además de a la construcción de edificios a construir y reparar muros, tapias, aceras, bordillos, calzadas...
Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, la mampostería es la obra hecha con mampuestos colocados y ajustados unos con otros sin sujeción a determinado orden de hiladas o tamaños, llamándose mampuestos a las piedras sin labrar que se pueden colocar en obra con la mano, aplicándose generalmente una capa de mortero para la unión de dichos bloques de piedra (por ejemplo en los edificios), aunque también se pueden realizar sin él (muro seco) y las personas que desempañan ese oficio se llaman mamposteros.
Una manera de hacer construcciones a base de piedra, parecida a la mampostería, es la sillería y en el diccionario se puede ver que sillería es fábrica hecha de sillares asentados unos sobre otros y en hileras, llamándose sillar a cada una de las piedras labradas, por lo común en forma de paralelepípedo rectángulo, que forma parte de una construcción de sillería. Es decir, que la sillería se usaba para la construcción de edificios cuando se quería hacer una obra de más calidad, más uniforme, en bandas horizontales de sillares muy bien encuadrados, usándose mucho antiguamente en las iglesias.
En distintos edificios del pueblo se pueden ver trabajos de mampostería o de sillería y como ejemplo, en la iglesia se encuentran paredes formando un tipo de sillar llamado sillarejo, hecho de piezas un tanto irregulares al estar poco labradas, sin embargo, en el ayuntamiento hay partes de fachadas formando una sillar con piezas muy regulares y bien talladas, encontrándose tapias y otros edificios hechos en mampostería seca y mampostería ordinaria, mostrándose en las siguientes fotos ejemplos de esas obras, y así en la de la izquierda se ve una sillería en el edificio del ayuntamiento, a su derecha el sillarejo en la torre de la iglesia, más a la derecha mampostería ordinaria en un muro de la plaza de la Fragua y a la derecha del todo un muro de la calle de las Eras (frente a la Tahona) hecho en mampostería seca.

 sillería del Ayuntamiento  sillarejo de la torre de la iglesia  mampostería ordinaria  mampostería seca

Hablando de mampostería, hay que hacer mención a los tres portugueses que vinieron a trabajar a este pueblo como mamposteros ejerciendo el oficio con muy buen arte y aquí se asentaron constituyendo familias y esas tres personas fueron Eduardo Rodríguez González, natural de Sousa, que se casó con Elena Ventosinos, Manuel Hernándes Estévez, natural de Valença do Minho y que formó su familia casándose con Angela Martínez Jiménez, "cebollera" y el tercero, Felisberto Fernández de Oliveira, natural de Roussas y casado con María González Lázaro, también "cebollera", los tres matrimonios ya fallecidos, pero los dos primeros ya tienen descendencia en sus nietos.
Otro portugués que vino a este pueblo fue Juan Augusto de la Concepción, natural de Castello Branco y casado con otra mujer nativa de este pueblo llamada Elisa Sanz García, el cuál apenas tuvo relación con la cantería pues se dedicó a las obras públicas, trabajando con la maquinaria de las carreteras, y muy fugazmente estuvo en una cantera de Galapagar.

Antiguamente, en la zona donde se encuentra Moralzarzal, prácticamente todos los pueblos de alrededor y el nuestro, tuvieron gentes que se dedicaban a la cantería y en el Catastro del Marqués de la Ensenada, con datos dados como respuesta a la pregunta 33 de las formuladas en esa encuesta de 1750, en la que se pide se conteste sobre qué ocupaciones de artes mecánicos que hay en el pueblo, podemos ver que Becerril contesta que en ese pueblo
«ay cinco canteros o Mamposteros que ganan de jornal diario cinco R.es de V.n con la distinción de que los tres que son Fran.co Linares Franco Soto y Sebastián Albarez trabajan los nuebe meses del año y huelgan los tres por feriados y otros que no hallan y Antonio Sanz esta incluido en los labradores en que se ocupa lo mas y el otro trabaja los cuatro meses por ser tendero en que se ocupa mucho tiempo y lo demas feriados».
En Collado Mediano se responde a esa pregunta 33 de dicha encuesta diciendo que en esa villa hay «
Cinco canteros aqn Consideran de Jornal Diario a cada uno zinco Rs rebajandoles por feriados y dias que no trabajan tres meses del año a cada uno».
La respuesta de Collado Villalba iba conjuntamente con la de Alpedrete puesto que el municipio estaba constituido por los dos barrios, Collado Villalba y Alpedrete, que se separaron en 1840. Seguidamente se muestra en la parte de la izquierda lo que corresponde a C. Villalba en la respuesta dada y se puede comprobar que en esa época había en ese barrio cinco canteros que ganaban al día seis reales cada uno, y en la parte de la derecha se ve lo contestado correspondiente a Alpedrete, que eran trece canteros y de ellos, los maestros ganaban al día ocho reales y los oficiales cuatro.

 de Villalba  de Alpedrete

Galapagar contesta que hay «Siete Canteros qe ganaran al dia Zinco Reales» y de la respuesta de Hoyo de Manzanares se nos informa que « ai de Seis aocho Canteros poco mas omenos y Cada uno Gana deJornal diario seis R.s V.n y les Consideran de trabajo Ciento y veinte dias ael año a cada uno Cuia Regularon les pareze la Justa y arreglada sin que contenga el mas lebe Perjuicio ni Detrimento en Manera alguna a ninguno de los ynteresados por haverla echo con toda claridad y verdad y el maior Desinteres ... », y es curioso que no se concreta en la respuesta si son seis u ocho los canteros.
Cercedilla contesta que «
ay un mampostero que lo es Juan Fernandez â quien le consideran de Jornal diario siete Rs vellon rebajando quatro meses por feriados y dias que no travajan ». Torrelodones responde que hay « Quatro canteros que ganan ha el dia cada uno Cinco R.s V.n ».
Moralzarzal responde «
Que ay como tres o q.tro Canteros y Cada uno gana de Jornal Cinco rrs y se les debe bajar dos Meses por feriados », y vemos que el jornal de los canteros se expresa en reales de vellón, siendo el real equivalente a 34 maravedíes y el maravedí era un submúltiplo del ducado, que era una moneda de esa época y correspondía a 11 reales más un 1 maravedí, es decir equivalía a 375 maravedíes.

Seguidamente se muestra una copia de parte del escrito de la respuesta dada por la Villa de Moralzarzal a ese "Interrogatorio" o Catastro del marqués de la Ensenada.

de Moral

Y después de esta exposición de datos extraidos de los documentos existentes en el Archivo de Simancas, que primitivamente se encontraban en Guadalajara, pues los datos de las Respuestas Particulares dadas al interrogatorio del Catastro de Ensenada relativos a la actual provincia de Madrid se conservaban en los Archivos Históricos Provinciales de Ávila, Guadalajara, Toledo, Segovia y Madrid ya que a esas provincias pertenecieron pueblos de la actual provincia madrileña, y así tenemos que Valdemaqueda y La Villa de Pelayos (Pelayos de la Presa) eran antiguamente de la provincia de Ávila; todos los pueblos del Real de Manzanares, que eran 20, y pongo como ejemplos Chozas (Soto del Real), Colmenar Viexo, El Oyo de Manzanares y por supuesto Moralzarzal, junto con otras poblaciones hasta sumar 107, como La Olmeda de las Zevollas (Olmeda de las Fuentes), Nava el que Jigo o Los Gueros (léase Güeros, que era Villalbilla), pertenecieron a la provincia de Guadalajara; 17 pueblos que antiguamente pertenecieron a la provincia de Toledo, poniendo como ejemplo Cadalso (Cadalso de los Vidrios), Cien y Zientos o Colmenar de Oreja y a día de hoy pertenecen a la de Madrid y los 31 que pertenecieron a la de Segovia, como La Alameda (Alameda del Valle), El Escorial, Chapinería, Bayona (Titulcia) o Baldemorillo (Valdemorillo) y otros más hasta completar los 31, y los 56 que eran de Madrid y siguen siendo, de manera que los datos de contestación a ese Interrogatorio de Ensenada se conservaron en los Archivos Históricos de las respectivas provincias, y esos datos nos permiten situarnos en el ambiente de entonces dándonos una idea de que en la zona donde se encuentra nuestro pueblo, había también tradición de cantería con gentes que ejercían el oficio de cantero, pero veamos cosas de tiempos más modernos.

Generalmente se les llama canteros a todos los que trabajan con la piedra, bien sea que se dediquen a la construcción de edificios, a labrar la piedra o a sacarla de las canteras y aquí en el pueblo hubo durante bastantes años gentes que se dedicaron a esos tipos de trabajos y este apartado se dedicará a los labrantes, es decir los picapedreros y canteros, esas gentes que trabajaban la piedra tallándola o labrándola.
Todas las casas antiguas del pueblo estaban hechas en piedra, y en 1949 Maximino Sánchez se puso a la tarea de construir chalets en lo que se conocía como la Colonia del Carmen, chalets que hoy se pueden ver en la calle Cañada, en la zona de Navafría, empleando a gentes del lugar para hacerlos, y es curioso ver que se trabajaba por un jornal de poco más de 3 pesetas la hora, dependiendo de la categoría laboral y los había que cobraban a 3,13 como eran los peones y los canteros nuevos y los experimentados cobraban hasta 5 pesetas por hora, pudiéndose ver en documentos de entonces, y como muestra ahí va un estadillo de horas trabajadas en una semana de diciembre de 1949 correspondiendo a las obras de cuando se hicieron esos chalets a base de piedra berroqueña, nombre que dan en España los canteros a lo que los geólogos llaman granito.

 estadillo de horas

Los canteros tuvieron sus días de esplendor con trabajo para el que quería, pues hubo unos cuantos tajos para sacar piedra en las canteras que hoy todavía se pueden ver por los campos del pueblo, aunque algunas ya las han tapado con basuras, escombros y tierras, así como talleres donde labraban las piedras haciendo tapas, dinteles, lápidas, columnas, ... talleres que solían instalarse en distintas partes del pueblo, aunque el lugar donde se instalaban era muy variable, pues cambiaban bastante a menudo ya que solían ser pequeños talleres, aunque hubo excepciones, lo que permitía esa movilidad, como fueron los de Celedonio Balandín (el más grande), Luis Cuena, Petronilo Soriano, Andrés González y su hermano Esteban, Primitivo González, Eladio Hernando, Alfonso Segovia, Vicente Guillén, Justo García, Mateo López y otros muchos que pusieron su taller aunque fuera por poco tiempo.
Primitivo González, conocido como "Tivín", tuvo el taller junto a la tapia de la Cerca de la Nava, donde hoy se encuentra la gasolinera BP, recordando él los bolardos que se hicieron en su taller y que fueron colocados alrededor del edificio circular que hoy día es sede de la junta municipal de Moncloa (primitivamente iba a ser una capilla) que se encuentra junto al monumento conocido como Arco de la Victoria, a la entrada a Madrid por la carretera de la Coruña y en su taller siempre había trabajando seis u ocho personas, entre ellas Justo González, Fermín Segovia, Angel Segovia (Geli), Mariano Hernández (el del tío Amancio) y otros, siendo considerado por algunos de los que trabajaron en su taller como un labrante muy fino, maestro labrante que aprendió mucho en la Escuela de Artes y Oficios.
Andrés González Prados, el "Canín" tuvo varios talleres en pueblos de la zona y el primero que tuvo en el pueblo fue en el Berrocal junto al río Navacerrada, muy cerca del molino o antigua aceña de Barrios y luego puso taller en Becerril de la Sierra, en el paseo de la Ermita, donde se encuentra hoy el cuartel de la Guardia Civil. Luego puso el taller en el pueblo y lo montó en la Cañada cerca del Polideportivo, donde ahora está el Punto Limpio, muy cerca de una entrada a la Dehesa de Arriba, trasladando luego el taller a la confluencia de las calles Bellas Vistas y Avenida de la Salud, donde montó más tarde la piscina Bellas Vistas (en 1962), y finalmente lo tuvo cerca de la carretera de Mataelpino, donde está la gasolinera BP. Allí empezó a aprender el oficio de labrante su hijo Alejandro, pero vio que ese no era su oficio y lo dejó. En sus talleres se labraron piedras para el edificio SEAT de la Castellana de Madrid, para el banco Coca, para los Nuevos Ministerios y muchas sepulturas para el cementerio de la Almudena de Madrid. Me decía Alejandro, hijo de este maestro cantero, que antes de ser labrante estuvo trabajando en las canteras de Blas, en Collado Villalba y cuando se puso por su cuenta y montó taller propio, tuvo a su hermano Felix como encargado. En la iglesia del pueblo se puede ver una de las obras que hicieron en su taller y es la capilla dedicada a la Virgen Dolorosa por encargo de Isabel Sepúlveda Antuñano, haciendo Fermín Segovia el sagrario del altar de esa capilla siendo prácticamente un aprendiz.
Esteban González, hermano de Andrés, también tuvo su propio taller y estaba cerca de donde hoy está el parque de la Tejera, en la calle del mismo nombre y allí trabajaron con Esteban sus hijos Miguel, Victorio y Esteban (Pelines como le decíamos los amigos), haciéndose en el taller de Esteban la capilla de la Virgen del Carmen que hay en uno de los laterales de la iglesia.

En el taller que Eladio Hernando tenía en el Berrocal, junto a las vias del tren de la línea de Villalba al Berrocal, trabajaron, además de Eladio, sus hijos Carlos y Enrique y también Fermín Segovia, Angel Segovia y dos sobrinos de Eladio. En las siguientes fotos se puede ver a Eladio trabajando fuera del taller que tenía cercano a la estación de ferrocarril del Berrocal, labrando una losa para una sepultura, en este caso dando de bujarda, y en la otra se ve a Angel Segovia (Geli), Enrique el hijo de Eladio, Fermín Segovia, Eladio Hernando, su hijo Carlos y su sobrino Pepe con su mujer Delia cuando vinieron a visitar a su familia durante el viaje de novios, fotos hechas en 1964.

 Eladio trabajando  componentes del taller

Petronilo Soriano tuvo el taller junto a la tapia de la Cerca de la Nava, en la calle camino de los Linares, al otro lado de la urbanización la Herradura y en otra época lo tuvo en el llamado hotel de Portela (casa inacabada que empezó a construir en la calle Matacerquillas el que fuera presidente del Gobierno y Ministro de la Gobernación en 1935 durante la Segunda República, D. Manuel Portela Valladares).
Con Petronilo empezó a aprender el oficio Fermín Segovia allá por 1950, con el que estuvo poco menos de un año, hasta que Petronilo se fue como oficial al taller de Vicente Guillén y como en esa ocasión solamente querían oficiales, Fermín, que era aprendiz, se marchó al Berrocal al taller de Andrés el "Canín" con el que dice aprendió mucho. Después se fue Fermín al taller de Cele y más tarde al de "Tivín", con el que estuvo cinco años, hasta que le tocó ir al servicio militar, trabajando al terminar la mili de nuevo en el taller de "Tivín", para marcharse junto con "Geli" (Ángel Segovia) a Cerceda al taller de Facundo Carralón, yéndose después de un año con Eladio al taller del Berrocal y acabaron trabajando juntos para gente de Madrid haciendo piezas para cementerios de la capital...
También Luis Cuena aprovechó el hotel de Portela para taller (como esa casa tenía hecho el forjado del primer piso, la usaban de manera que cuando llovía estaban bajo techado), aunque estuvo con su hermano Juan llevando el taller que tuvieron en la calle Bellas Vistas junto a la tapia del hotel del Italiano (en la esquina de la avenida de la Salud y la calle Bellas Vistas).
Justo García junto con Mateo López y Luis Cuena estuvieron por poco tiempo en un taller en la calle de la Huerta, donde el "tío Gallo" (Adolfo González) tenía la carnicería, que ahora es una joyería, entre al bar de Mercedes llamado Casa Juan y la lavandería, poniéndolo poco después en la zona de Navafría donde está el restaurante el Cenador de Salvador y marchándose más tarde al camino Benerejo donde pusieron el taller, cerca de la calle de las Camachas. Justo y Mateo pusieron todos los bordillos de las calles de la urbanización el Retamar trabajando con ellos Teodoro González (el Mozo), Eduardo Balandín, Felipe García (Felipe el de los pastores) y Dionisio Sánchez (el Divisionario).
Un cantero admirado fue el tío Darío, como era conocido Darío González Sanz, y uno de sus trabajos se pudo ver en el balcón de lo que era el Casino, después bar Centro (desaparecido en 2008), balcón que llevaba una fina labor haciendo pecho de paloma. Darío junto con su cuñado Maximino Balandín (el padre de Cele) hicieron una casa que siempre llamó la atención, el hotel de Velázquez también conocido por el Hotel Azul (por las maderas pintadas en azul que tenía) y como el Estanque, aunque antes algunos le llamábamos el "estanove" pues tenía puesto en la puerta el nombre "ESTANQVE", con la Q que parecía una O y la U como una V, edificio que aún se puede contemplar en la avenida de la Salud, hecho con piedra de granito rubio sacada de una cantera de la Ladera cercana al antiguo depósito de la Ladera de Matarrubia, (el Sr. Velázquez mandó hacer ese hermoso edificio y el que tiene al lado llamado los Leones, en la época en que suministraba la madera para las obras de remodelación de la Gran Vía de Madrid, con lo que hizo buena fortuna). Basta echar un vistazo a la construcción para poder darse cuenta de los bien labradas que están las piedras, los arcos, las columnas,.. Y otra de las obras dejadas como testimonio del fino trabajo del tío Darío, en el cementerio se encuentra la tumba de Basilio Sanz Esteban y su esposa María González Sepúlveda, que tiene detalles de un trabajo verdaderamente muy bueno y se puede ver lo dicho de Darío y de Maximino en las fotos siguientes, del hotel de Velázquez y de la tumba dicha.

 fachada del hotel de Velázquez  detalle de la tumba de Basilio Sanz

Algunos de los labrantes más antiguos con los que he tenido ocasión de hablar recuerdan que el hijo de Darío, Santiago, fue casi tan bueno como su padre, que fue extraordinario, pero al acabar la guerra civil de 1936, Santiago se fue a Francia y no quedan aquí obras como testimonio de su buen oficio, siguiendo la profesión los nietos de Darío, Aniceto (conocido por sus amigos como "Tito") y Luis (conocido como "Corrucho"), trabajando Aniceto bastante tiempo en el taller de Celedonio Balandín, el cuál recuerda haber hecho allí piezas para el Arco de Triunfo de la Moncloa y luego en el taller de Vicente Guillén haciendo piedras para Cuelgamuros pasando después a trabajar por distintos talleres de pueblos de los alrededores como Cerceda, Collado Villalba, Bustarviejo ... y Luis estuvo trabajando poco tiempo como labrante pues enseguida pasó a ser conductor del camión de Cele conocido como el "ruso".

Como en cualquier parte, se gastaban bromas y los que llegamos al pueblo cuando éramos unos chavales sufrimos las que gastaban los labrantes a los pardillos y recuerdo, cuando fui con un grupo de amigos a ver el taller de Cele, cómo los labrantes se comunicaron a voces con los del taller de Primitivo (Tivín) y éstos les dijeron que les llevaráramos la "escuadra de sacar rincones", advirtiéndonos que tuviéramos mucho cuidado ya que era una pieza muy valiosa, con lo que nos hicieron llevar de un taller a otro envuelto en un saco esa valiosa pieza, y al llegar descubrieron entre risa y alborozo la broma que nos habían gastado, sacando un buen cacho de piedra que nos habían hecho acarrear.

Los labrantes cambiaban a menudo de taller y pienso que era motivado porque el trabajo era a destajo, ya que los remitentes de piedra enviaban material a los talleres y los que regentaban éstos, valoraban el trabajo a hacer a una piedra y las gentes aceptaban o se iban a hacer otro trabajo, aunque los maestros canteros sabían bastante bien a quién tenían que ofrecer cada trabajo dependiendo de la dificultad de la obra a hacer y de la habilidad del labrante. En el pueblo se usa la palabra remitente pero pienso que se debía decir rematante, que es la persona a quien se adjudica la cosa subastada, según se puede ver en el diccionario de la Real Academia, y es que normalmente se subastaban los trabajos en piedra, de ahí que se deba decir esta última palabra.

Hubo en el pueblo una persona muy emprendedora que fue un empresario dedicado a la piedra berroqueña, el cuál dió trabajo a mucha gente, del pueblo y forasteros, tanto en el propio pueblo como de los pueblos de alrededor, pues además de talleres donde se tallaba la piedra, se dedicaba a la explotación de canteras para extracción de bloques de la misma, y como ejemplo hay que citar el taller que tenía arriba de la cuesta de la carretera a Mataelpino, en el kilómetro 1, donde las curvas de la huerta de Escalada, taller donde llegaron a trabajar hasta cincuenta personas, y ese empresario fue Celedonio Balandín Segovia.
En las fotos que se muestran a continuación se puede ver el taller de Cele, como era conocido por la gente del pueblo, y se aprecia un buen número de operarios trabajando en él.

 el taller junto a la carretera  vista del taller con unos labrantes

También tuvo talleres en pueblos cercanos, como Becerril de la Sierra, Cerceda, Manzanares el Real, Collado Mediano y Alpedrete, donde trabajaban un buen número de labrantes. Fueron tiempos muy buenos para el mundo de la cantería ya que hubo muchas obras en las que se empleaba gran cantidad de piezas hechas a base de piedra granítica.
El primer trabajo que hizo Cele fue el poner bancos de piedra en las zona donde se encuentran las caballerizas del palacio Real, y luego siguieron otros trabajos, así que hubo momentos en los que empleó a cerca de cien personas entre labrantes y canteros trabajando en los talleres y en la cantera llamada "el Lanchazo".
Recordaremos obras en las que estuvo haciendo trabajos, como fueron en la fábrica Femsa, en el Ministerio del Aire (que hoy día es el Cuartel General del Aire al haber desaparecido dicho Ministerio), en la Casa de la Moneda que se hizo nueva junto a la calle del Doctor Esquerdo y Jorge Juan donde soló de piedra los patios interiores, en Cuelgamuros donde el Monasterio del Valle de los Caidos, en la fábrica Pegaso, la plaza de los Delfines, ... y fuera de Madrid, por ejemplo, en la plaza de Béjar donde tuvo trabajando a su hermano Rafael (Patinete) y a Gonzalo Segovia (Veneno).
En la piscina que hizo hacia 1957 también empleó mucha piedra para solado, bordes, brocales de pozos, mesas y bancos,... y muchas otras cosas.
En la foto siguiente se puede ver a un grupo de labrantes en el taller de cele de Peñas Gordas, el que había junto a la carretera que va a Mataelpino, cerca de donde está hoy día la rotonda de acceso a las Hachazuelas. En ella se distingue entre unos cuantos labrantes, en primer término con una carretilla y gafas a Andrés Segovia Maillas conocido como "el Giro", y entre otros están los hermanos Reguera Balandín, Pablo (Pablete), Anastasio (Tasio) y Natalio y además se ve a Bernardo López González (Bemba), Cesáreo Manuel González Morato (Sarín), Bernabé González Morato (Berna), Eugenio González González (el Mozo), Mateo López Segovia (Mateín), Gonzalo Segovia Sepúlveda (Veneno) y otros más.

 taller de Cele


Además del camión dicho antes, tenía otro ruso de marca ZIS, que en caráteres cirílicos es parecido a "3HC" y la inventiva española le decía el "Tres Hermanos Comunistas" por la similitud del anagrama de la marca con las iniciales de las tres palabras de dicha frase, y también era conocido como "el ruso", camión que conducía Teodoro Morato Balandín y más tarde Luis Domínguez conocido por los amigos por el apodo de "Cogucho" y me contaba Luis que cuando llovía iba como un director de orquesta dirigiendo con la mano, pues el limpiaparabrisas no era eléctrico sino manual, así que tenía que manejarlo con la mano al tiempo de conducir. En la foto que sigue se aprecia el "ruso" y Teodoro montado en el estribo del camión en uno de los viajes a Cuelgamuros a descargar piedra.


 el camión en Cuelgamuros

En las siguientes fotos se puede ver a "Cele" en su taller del pueblo, dicho anteriormente, y en la foto de la izquierda se le ve encima de una columna de las que hizo para el edificio de la delegación del Banco de España en Albacete, columnas que llevó allí en su camión marca International conducido por Julián Escalada, pero tuvo que volver a traerlas pues las querían hechas en tres piezas, y esas columnas están hoy día colocadas a la entrada de la piscina Roseles que construyó en el pueblo, piscina que fue pública y muchos recordamos los buenos ratos pasados en el agua y en las fiestas veraniegas de las clásicas "noches del buho rojo", siendo hoy día piscina privada.
En la otra foto se le ve junto a un montón de piezas ya labradas preparadas para ser expedidas a las obras de destino.

 Cele encima de una columna en su taller  Cele viendo piezas ya labradas

En la foto siguiente se ve un grupo de labrantes de los que trabajaban en su taller y de derecha a izquierda y de arriba abajo se pueden distinguir a Bernabé González (Berna), Emilio Segovia (Mili), Santiago Ruiz (Santiago Balbina), Luis Domínguez (Corrucho), Justo García (Baturro), Mariano Hernández, Anastasio Reguera (Tasio), Cesáreo Manuel González (Sarín), Edelmiro Martín, Miguel López, Julián Escalada (Gorrión), Luis Domínguez (Luisete), Gerardo Moreno (el Ranchero), Ladislao Moreno (Ladis), Pedro Sanz (el de Doroteo), Juan Moreno (el Ranchero), Apolonio Arribas (Polonio), José Segovia (Pepe), Pablo Reguera (Pablete), Ángel Moreno (Puskas), Domingo Blanco, Teodoro Ruiz y Julián Herrero Collado (Julián el de Vilches).

 grupo de labrantes en el taller de Cele

En la travesía de las Eras estuvo el taller de Vicente Guillén en el que estaba de encargado Baldomero González (que luego se quedó con el taller), llegando a trabajar en él hasta 21 personas tallando piedra para el Valle de los Caidos, la plaza de toros de Pamplona y después para los Nuevos Ministerios, entre ellos Mateo López, Angel Segovia, José Estévez ... y en 1958 Manolo el hijo de Baldomero empezó como aprendiz pasando después a trabajar también en las obras de Cuelgamuros. Tenían tres camiones en los que transportaban la piedra, dos Pegasos de los primeros modelos, chatos y con el volante a la derecha y un "3HC" conocido como el ruso. Justo García (Baturro) siguió con el taller de Guillén allí en la travesía de las Eras y Baldomero se quedó a trabajar en el taller con Justo.
Fernando Maroñas fue otro de los labrantes que tuvieron taller en el pueblo junto con Genaro Azañedo y concretamente en la travesía de las Eras enfrente del taller de Vicente Guillén, siendo el responsable de tallar las piedras de la capilla que hay más cercana al altar mayor en el lateral de la iglesia, dedicado hoy día al Sagrado Corazón de Jesús y que anteriormente estuvo dedicado a la Inmaculada Concepción, obra encargada por las mujeres de la hermandad de "hijas de María".
Me contaba Agustín López, hijo del que fuera guarda forestal, el Sr. Agustín, que empezó trabajando para Saez (persona que hizo tres casas que estaban donde está el aparcamiento y de las que solamente queda una), haciendo losas en la Ladera para ponerlas en la Universidad y junto con Angel Segovia (Geli) estuvo haciendo nichos en la cripta de la Almudena, rehabilitando también el altar de dicha cripta pues tenía muchas piedras estropeadas y estuvo con Alfonso Segovia haciendo el solado de piedra colorada que hay a la entrada de la Almudena donde está la estatua de Juan Pablo II, trabajando también en la plaza de la Villa, en el Teatro Real (el pasamanos), en las escaleras del hotel Ritz, el Seminario...
Los canteros arreglaron la iglesia de Moral en 1953, colaborando de manera que todos trabajaron gratuitamente y como ejemplo, hay que decir que Cele regaló la losa para hacer el ara o altar así como el trabajo de labrarla, y los canteros menos expertos hicieron las piezas de menor dificultad, habiendo gentes que colaboraron de otra manera, que fue llevándoles aperitivos a los labrantes ya que se hicieron los trabajos en domingos.
La rehabilitación de la iglesia se hizo con motivo del deterioro sufrido en ella con ocasión de una tormenta con vendaval que ocurrió en el verano de 1951 y mientras se estaba reparando, los oficios religiosos se celebraban donde estaba la escuela de las chicas, en la calle de la Iglesia, que posteriormente albergó la casa del médico y la clínica, recordando algunos, como me dijo Luis Guillén (el Churrero), que se celebró allí la ceremonia de la primera comunión, pudiéndose ver en la foto siguiente, obtenida al poco de terminar la reparación, la labor desarrollada por los voluntarios.

 vista del retablo y demás

Guillermo Balandín Segovia hizo la pieza en la que va encastrado el sagrario, con la dificultad que entrañaba el hacer el vaciado, pues el golpear a base de puntero suponía un peligro que podía provocar que se rompiera lo hecho hasta entonces, así que la pieza fue rebajada poniendo mucha atención y cuidado y como el hueco tenía unas dimensiones limitadas, no permitía manejarse al labrante con facilidad pues no cabían las manos con la maceta y el puntero, así que hubo que ingeniarse el labrar la piedra a base de punteros con una longitud inusual en esas herramientas que las preparaba el herrero Pablo de Antonio Berrocal. Alfonso Segovia hizo las columnas que van encima de esa pieza y la cúpula del conjunto, empleando 8 jornadas en hacer esa labor y me contaba Alfonso que realizando las bolas que separan las columnas y la cúpula, su hermano Emilio tenía que sujetarlas con los pies para poder labrarlas. Un hermano de ambos, Ricardo Segovia, colaboró también haciendo el dibujo del diseño del frente del altar o retablo para plasmarlo en piedra.
Por aquellas fechas estaba prohibido trabajar en domingo, pero como eran tiempos difíciles y había que llevar el sustento a la familia, no se podía dejar el trabajo que daba el jornal para casa, así que las labores para hacer lo que es el altar y el frente o retablo al que iba adosado, además del solado del interior de la iglesia, se hicieron en domingo y fue el párroco de entonces, D. Pedro García Martín, el que pidió a la Guardia Civil que no denunciara a los voluntarios que hicieron esa obra. Aparte de esa labor, que tiene piezas que denotan el buen saber y hacer de los labrantes del pueblo, destacando las del sagrario, después hicieron por encargo y con remuneración las capillas laterales, y así la capilla de la Virgen de Fátima la hizo Alfonso Segovia por encargo de una persona llamada Alfonso, veraneante que estuvo viviendo en casa de la señora Saturia, y la cruz de piedra que alberga al Cristo crucificado que hay junto a la anterior, encargo hecho por Moisés González y su esposa Isabel Sepúlveda Antuñano, fue la última obra en piedra que hizo su hermano Emilio ("Mili" para sus amigos), y la portada de entrada a la iglesia fue hecha por varias personas ....
En las siguientes fotos se ven las piezas hechas por Guillermo Balandín, la que acoge el sagrario y a la derecha las hechas por los hermanos Alfonso y Emilio Segovia Aparicio.

 pieza para albergar el sagrario  vista de columnas, bolas y cúpula

La pieza que alberga el sagrario, tiene una zona central muy lisa, parece pulida a máquina como algunos opinan, pero Guillermo, su autor, me dijo que la pulió a mano con piedras de esmeril, y la última pasada la hizo con una piedra especial que los canteros denominan "chocolate". Las piedras se catalogaban de acuerdo al grado, de manera que un grado mayor corresponde a una piedra de más grano y elimina más material, y una de menor grado tiene un grano fino y corresponde con una piedra que al aplicarla elimina menos material y permite hacer ajustes finos, de manera que la más fina, la que los canteros llamaban la "chocolate", pulía tan fino que dejaba la superficie sobre la que se aplicaba perfectamente lisa.

Del hermano de Celedonio Balandín, llamado Guillermo, entre todas las obras que hizo de lápidas y tumbas hay que destacar una por ser un trabajo muy fino que llama la atención de muchas de las personas que visitan el cementerio, se trata de una tumba muy bonita con una cruz redonda con el letrero del INRI en la misma pieza, cruz redonda que normalmente no se ve en ningún sitio, además de unas manos muy bien labradas apuntando al cielo que están cogiendo unos floreros. En la siguiente foto se puede apreciar la finura de ese trabajo y hay que tener en cuenta que es piedra de granito y labrada toda ella a mano, y viendo las piedras talladas con el dibujo en espiral se aprecia que Guillermo sabía y ahí se ven los conocimientos de su otro oficio, delineante.

 vista de la cruz de la tumba

Como ocurre siempre en cualquier actividad, hay ciclos y después de un periodo de bonanza, hubo una época en que llegaron las vacas flacas y se sintió por la crisis que hubo, obligando a muchos a salir del pueblo y para ganarse la vida emigraron a Francia, Bélgica y Alemania. Como siempre sucede, suele ocurrir que hay quien es más luchador y emprendedor, ocurriéndole a una persona que se dedicó a buscar trabajo por toda España para restauración y rehabilitación de monumentos, siendo esa persona Alfonso Segovia Aparicio, que gracias a su tesón y esfuerzo consiguió ser reconocido como maestro cantero recibiendo un diploma como artesano madrileño tradicional por parte de la Cámara de Comercio e Industria de Madrid en mayo de 1990.
Alfonso siguió el oficio de su padre Julián Segovia González, que en un principio se dedicaba a sacar piedra de la cantera de gabarro de la Dehesa Nueva, luego a sacar piedra de las canteras de granito para hacer adoquines y bordillos y más tarde siguió como muchos convecinos trabajando como labrante, pero en labores más finas. Cuando era un chaval, Alfonso llevaba la cesta con la comida a su padre que trabajaba en el Berrocal y una vez que estaba allí se quedaba por la tarde a trabajar y así empezó a aprender el oficio, llegando un día en que puso su propio taller, al principio en el Berrocal y después en la Tejera, junto al arcillero y cerca de la tapia de la Viña. Todas estas cosas me contaba Alfonso y me enseñó con orgullo la maceta que usó su padre en el trabajo, con las iniciales grabadas JS y con la que golpeaba el puntero y la uñeta.
En la foto que sigue se ven las personas que componían el grupo de labrantes en el taller que había en El Berrocal al lado del arroyo Matalebrillos, taller que tenía Cándido Martín (de Becerril de la Sierra, pariente de Gregoria Martín la mujer de Marceliano Moral el carretero de Moral), entre los que se aprecia, empezando por arriba y de derecha a izquierda, a Gregorio López González (Goyo el del forestal Sr. Agustín, conocido por los amigos como "Alcahués") y Domingo Blanco González, (el hijo de la tía Chon); más abajo Patricio López Martín, Fernando Segovia Sepúlveda (Tajás), Alfonso Segovia Aparicio, Emilio Pascual Morales (Pulguina), Ricardo Segovia Aparicio, Saturnino Estévez Balandín (Satur), Mateo López Segovia (con gafas, conocido por Mateín), Luciano Martín (conocido como Frascuelo de Becerril), que era el que les llevaba la piedra y sentados están Justo González Barroso (el de Josefa la Pajera), Saturnino López Martín (el Nini), Miguel Morato Berrocal, Anastasio Reguera Balandín (Tasio, agachado) y Carlos Martínez Cebrián (Carlines), foto hecha hacia 1955.

 grupo de labrantes en la cantera del Berrocal

Una vez que Alfonso Segovia puso el taller, lo tuvo durante 30 años y al tiempo de regentarlo, se dedicó a hacer obras de restauración que se prolongaron a lo largo de 25 años.
Al principio de tener el taller, hacía, entre otras cosas, piezas para la catedral de Madrid, la Almudena, y las mandaba desde el pueblo a la obra de construcción de dicha catedral que estaba a un ritmo de trabajo muy bajo, piedras que tuvo que colocar posteriormente en la fachada que da a la calle Bailén con su cuadrilla de operarios cuando empezó a trabajar en la que fue fase final de la construcción de esta iglesia llamada de Santa María la Real de la Almudena, sede episcopal de la diócesis de Madrid, construida en piedra de Novelda, de la provincia de Alicante, y de granito de las canteras del Berrocal y zonas próximas, y como muestra de ello se ve dicha fachada lateral en la foto que sigue, zona donde se encuentra la puerta de acceso que es usada a diario por fieles y visitantes, una buena obra de sillería.

 detalle de la fachada con una de las puertas

A las labores de construcción de la iglesia, estuvo dedicado de continuo durante los últimos 8 años de su vida profesional, jubilándose en 1994, más tarde de la edad correspondiente, debido a que no quiso dejar sin acabar la obra que había empezado, dedicándose desde que se jubiló a la labor de trabajos manuales con distintos materiales como cerámica, cartón, papel, madera, ... teniendo maquetas hechas de distintos edificios emblemáticos del pueblo como el ayuntamiento, la plaza de toros, el hogar de los mayores, ... y casi todas las tiene mecanizadas y con instalación eléctrica para iluminación y movimiento de partes de las mismas, y además ha compuesto puzles como el de la capilla Sixtina que con más de 8000 piezas le llevó unos 8 meses de trabajo el componerlo durante sus ratos libres.
Tenía su oficina de obras montada en una de las capillas laterales, donde guardaba planos, herramientas y distinta documentación. Cuando se visita ahora no se imagina uno la labor desarrollada por los operarios que dirigía Alfonso, pero se puede ver el trabajo dejado por el grupo de "artistas" que tuvo a sus órdenes cuando se contempla lo hecho.
Para ejemplo se pueden ver a continuación varias fotos del desarrollo de algunas de las piezas que se pueden ver en la nave central y en la barandilla del coro, hechas en piedra de Novelda y que también aparecen en el libro de artesanos madrileños tradicionales, en el que aparece Alfonso como maestro de talla en piedra, en la de la izquierda se ve un rosetón de tres flores en el suelo de la iglesia y en la de la derecha tal como se ve ya colocado en la pared de la nave central.

 rosetón de tres flores sin acabar  vista de rosetones ya colocados

En la siguiente foto se ven piezas ya hechas de partes de los rosetones de tres flores que luego se pueden contemplar en los arcos de la parte alta de la nave central.

 piezas para rosetones alt=" vista actual del rosetón ">

y en las dos que siguen se pueden contemplar capiteles de distintos tipos hechos por los operarios del grupo de Alfonso, mostrándose en la de la derecha un capitel hecho por Angel Segovia, del grupo de Alfonso, que es uno de los que aparece en el libro citado antes y que da idea del buen trabajo de este maestro y su grupo de artistas.

 vista de hermosos capiteles  vista de columna con capitel

Y para recordatorio de las obras hechas en la catedral de Madrid, a continuación se ven algunos de los que trabajaban en el equipo de Alfonso, apareciendo en la primera de la izquierda Emilio Hernández Blázquez junto con un compañero llamado José "el torero" de Pozoblanco subidos en un andamio en el interior de la iglesia, en la del centro aparece Emilio en lo alto de la futura iglesia y a la derecha se ven a Emilio y Gonzalo Segovia Sepúlveda, primo de Alfonso, en el suelo de la nave central junto a una de las piezas que estaban trabajando, y sirva de recuerdo para los dos que ya no podrán ver esta web.

 Emilio ante una pieza que está trabajando  Emilio en lo alto del andamiaje  Emilio y Gonzalo trabajando en la nave central

En las fotos que se muestran a continuación se puede ver la evolución del trabajo hecho sobre un bloque de granito o piedra berroqueña (como les gusta decir a la gente de la cantería), "entallerada" (expresión dicha por los labrantes para indicar que la piedra está dispuesta en el taller para trabajarla), y marcada según la plantilla, para empezar a tallar o labrar en el taller que tenía Alfonso en la zona de la Tejera, junto a la tapia de la Viña, bloque que es el principio de una obra, desafio de los artistas labrantes, y cuyo resultado se puede contemplar en Madrid, en las torres del edificio de la Casa de la Villa, sede del ayuntamiento madrileño hasta el traslado en 2008 a la plaza de la Cibeles, piezas que coronan los escudos que hay en las distintas fachadas de las tres torres de dicho edificio.

 bloque de piedra en el taller

Visto arriba el bloque de piedra en bruto, ahora se ve aquí abajo el resultado del trabajo, la corona ya labrada en el suelo del taller y la misma colocada encima del escudo de una de las torres del edificio de la Plaza de la Villa.

 corona acabada en el taller  corona colocada sobre el escudo

En Madrid, también estuvo restaurando el ábside de la Capilla del Obispo, que fue quemada durante la guerra Civil y después de buscar y rebuscar encontró la piedra de mármol de las mismas características en una cantera de la finca Cantoblanco del pueblo toledano de Navahermosa, cantera ya en desuso y tuvieron que hacer un acceso para poder llegar con los camiones a recoger la piedra ya que estaba abandonada hacía años. Era un mármol blanco muy limpio, y tuvo que mandar las piedras sacadas a León para cortarlas ya que por aquí no se podía debido a las características de esa piedra. En el museo del Pardo estuvo trabajando como operario en la ampliación y luego se quedó con la contrata para mover la estatua de Goya. De los trabajos hechos por Alfonso y su grupo, hay que recordar que estuvo trabajando por toda la geografía española excepto en Cataluña y Galicia, llevando a su cuadrilla por todos esos rincones donde realizaron tareas de restauración, llegando a tener 23 operarios trabajando con él cuando realizó los trabajos de la catedral de la Almudena, 19 fijos de Hoyo de Manzanares y luego completaba la cuadrilla con canteros de Moral, Alpedrete (donde tiene familia, ya que su mujer, Marina, es natural de allí), Boalo, Collado Mediano, Ávila, Colmenar Viejo y Madrid.
Hizo trabajos de restauración en el castillo de Simancas y en las catedrales de Toledo (en el claustro), Almería, Astorga, León y Zamora, realizando en esta última la labor de bajar el tejado y subir tres hiladas la fachada para que no se viera el tejado desde la distancia (tejado que está hecho con piezas de piedra en lugar de tejas). Además de en la catedral, el grupo de artistas hizo trabajos en Zamora capital en el palacio de los Momos, en la casa del Cordón, en la muralla de la ciudad, en las iglesias de Santiago del Burgo, de San Juan y la de Santa María la Nueva y en la provincia, en San Pedro de la Nave, iglesia visigótica que se llevó desde la orilla del río Esla hasta su nueva ubicación en El Campillo, para ser salvada de la inundación al construirse el embalse de Ricobayo, en el monasterio de Moreruela, en Coreses, ... y en Benavente estuvo restaurando el tejado de la iglesia de Santa María de Azogue, que está realizado a base de piezas de piedra, y como al arquitecto no le gustó porque decía que si la piedra no era la que el quería, que era piedra de Novelda, Alfonso empleó un método que usan muchos profesionales consistiendo en emplear trucos para dar otra apariencia a lo hecho, y fue teñir las piedras nuevas a base de una mezcla hecha con cemento blanco y una masa caldosa recogida en una vaquería de ese pueblo, la cuál tenía por supuesto orín de vaca, consiguiendo un efecto que al final el arquitecto al verlo dijo que era eso lo que él quería, y es que cuando se restaura con piedra nueva, no se puede tener la apariencia de la que había ya que ésta se encuentra envejecida por el paso del tiempo sufriendo el efecto del sol, la lluvia, los hielos, ...
El llamado truco empleado por Alfonso, es en realidad una de las aplicaciones que hacían los canteros para cambiar de coloración la obra hecha, de manera que a la piedra, cuyo color real era blanquecino, se la daba una capa protectora de cal mezclada con diversos pigmentos de tal modo que la cubría y permitían resaltar los detalles de talla, dándose esa mezcla de manera periódica con lo que se conseguía recuperar la viveza de los colores y a la vez mantenía perfectamente protegida la piedra de las inclemencias del tiempo y de la agresión de los agentes atmosféricos.

Cuando estuvo realizando con su grupo los trabajos de la catedral de Madrid, además de las herramientas clásicas, emplearon otras más modernas y en las fotos que siguen se ve a Ángel Segovia Arranz (Geli) manejando una de esas herramientas modernas, una radial eléctrica, para rematar una de las piezas de las barandillas dichas más arriba, y en la foto de la derecha se le ve comprobando con la plantilla uno de los rosetones de tres flores que forman parte de los arcos de la nave central.

 Geli con radial  Geli con plantilla


En la foto que sigue se ve a Geli trabajando con una talladora neumática sobre una gárgola que hoy día se
encuentra en un patio interior de la catedral, y junto a él se ve a su jefe Alfonso Segovia (con gorra y bigote)
y al encargado general de las obras durante esa época, Julián Boticario.

 los tres nombrados


En la Rioja, concretamente en el pueblo de Cañas, realizó con su equipo de operarios trabajos de restauración en la iglesia de Santa María del Salvador de Cañas y en el monasterio adjunto que sirve de hogar a las monjas benedictinas cistercienses, rehabilitando el ábside que es de estilo gótico cisterciense y resolando el claustro que tiene doce portadas de estilos románico, gótico y mudéjar. Tanto al maestro como su grupo de trabajadores pasaron muy buenos ratos en ese pequeño pueblo riojano que apenas alberga 150 habitantes, donde pudieron degustar el buen vino de la zona y hartarse de lupios (zarcillos de la planta nueza negra o Tamus communis) ya que los nativos no los comían. Una obra que recuerda, por lo pesada, fue la del calado hecho a la muralla de León, que le costó mucho trabajo porque estaba hecho a base de cal y gorrones, muralla en la que tuvo que calar 3 metros de espesor para hacer un paso para los peatones, ya que antes de ello tenían que pasar junto a vehículos, con el consiguiente riesgo que había de accidentes.
Además, en el cementerio de Moralzarzal tiene colocadas 37 tumbas con sus correspondientes lápidas y un buen número de placas en los nichos.
Y en las fotos que siguen se puede ver a Alfonso mostrando el libro Madrid hecho a mano en el que aparece un apartado sobre su trabajo realizado en la Almudena (se ve una foto de un capitel hecho por Angel Segovia, "Geli") y a la derecha parte del texto del artículo dedicado a él en dicho libro, editado por la cámara de Comercio e Industria de Madrid, acreditándole como artesano, y pienso que los "cebolleros" nos tenemos que sentir orgullosos del reconocimiento hecho a Alfonso por su labor, reconocimiento que se puede ver al leer el artículo que se le dedica en dicho libro.

 Alfonso muestra orgulloso el libro  artículo sobre su trabajo

Dada la importancia de la construcción de edificios a base de piedra de granito, en el pueblo hubo muchos de sus habitantes dedicados a la cantería, bien en la extracción de piedra en las canteras, trabajándolas en los talleres o colocándolas y ajustándolas en su destino final como eran edificios, monumentos, enlosados, bordillos, adoquinados, tumbas y túmulos, ...
Hoy ya no quedan apenas canteros, y los pocos trabajos que realizan suelen ser para chapado de paredes o colocación y ajuste de las piezas traidas de los talleres automatizados y completamente mecanizados que se dedican a fabricar las piedras que antiguamente se hacían a mano, pero vamos a ver unas fotos obtenidas en la ampliación de una casa en la esquina de la travesía de Roseles con la calle del Barrio de Arriba, y donde se aprecia el trabajo de un mampostero, fotos realizadas en el mes de diciembre del año 2010.
En la foto de la izquierda se ve la elevación hecha del muro o paramento de la casa a base de mampostería en seco, y en la de la derecha se puede ver al mampostero colocando un mampuesto de la esquina del edificio, piedra como un sillarejo, aunque de distinto tamaño que las que tiene debajo. El paramento está de mampostería en seco y al acabar, el mampostero revocó o tapó los huecos entre mampuestos a base de mortero para dejarlo como se ve en la parte de abajo de la fachada en la foto de la izquierda.

 paramento  colocando

Sobre el año 2012, he podido ver la labor desarrollada por un "cebollero" de adopción, ya que es natural de Becerril de la Sierra, pero se afincó en Moralzarzal y se casó con una "cebollera" de nacimiento, me refiero a Daniel Sanz Montegrifo, conocido en el pueblo como "Langares", casado con Alicia González Ledesma. Sus tíos y su padre se dedicaron a la cantería, y él también antes de dedicarse a la herrería y cerrajería, habiendo estado trabajando como empleado del Ayuntamiento.
Un buen día tuvo la feliz idea de reunir herramientas usadas por canteros y labrantes, limpiarlas y mostrarlas en unos tableros a forma de museo de la herramienta de la cantería.
Las herramientas que conseguía, bien de su padre, tíos, amigos y conocidos que sabían la bonita labor que había emprendido con el noble fin de homenajear a los que las usaron, las limpiaba en su taller, las quitaba el óxido y las daba una mano de barniz para que se mostraran más lustrosas y así ha conseguido realizar una exposición pública de manera que todo el que pasa por delante de su casa las pude contemplar y hacerse una idea del trabajo desarrollado por aquellos que utilizaron esos utensilios y con ellos hicieron "historia" en su labor desarrollada en la cantería, de modo que todo el que pase por la esquina que hacen la calle Antón con la travesía de la Cruz, allí las puede ver, pues es donde las tiene expuestas.

Como muestra de los dicho sobre la limpieza y lustrado de las piezas que luego va a colocar en los tableros, en las fotos que siguen se puede ver a la izquierda varios punteros, cuñas y otras herramientas que están oxidadas y en la foto de la derecha se ve una cuña también oxidada con las marcas de su propietario grabadas, A M, iniciales de su dueño, Alejo Martín.

 varias herramientas oxidadas  cuña con marcas


Par limpiar muchas de las piezas que puego va a colocar en los panelas, Daniel usa una máquina, la radial, a la que ha acoplado una carda de copa o cepillo de alambres que emplea para cepillar las piezas a tratar y así quitar el óxido y cualquier otra cosa que tenga pegada la herramienta, de modo que quede limpia.

Y en las fotos siguientes se muestra en la de la izquierda parte del taller, pudiéndose ver un banco de trabajo con herramientas ya limpias, apreciándose una pica, martillinas, macetas, bujardas y otras más, y en la foto de la derecha se ve a Daniel comprobando una parte de una chapa para ver su estado.


 banco de trabajo del taller  Daniel limpiando una pieza


En algunos de los tableros donde ha colocado las herramientas, también ha grabado leyendas con distinta información, como la denominación de cada una, nombres de las personas que las utilizaron, sus propietarios y otras cosas, como la dedicatoria que dice así :

EXPOSICION COMO HOMENAJE A MI PADRE, FLORENCIO SANZ LOPEZ Y A MI SUEGRO CARLOS GONZALEZ SEPULVEDA QUE FUE OTRO PADRE PARA MI.
QUIERO AGRADECER LA COLABORACION A TODAS LAS PERSONAS QUE HAN DONADO MUCHAS DE LAS HERRAMIENTAS QUE AQUI SE VEN. LAS HERRAMIENTAS EXPUESTAS, HAN SIDO IMPRESCINDIBLES EN EL TRABAJO DE LOS CANTEROS Y LABRANTES DE LA PIEDRA ......


En la foto que sigue se ve parte de esa leyenda que es una dedicatoria y también información de lo que contienen algunos de los tableros o cuadros como dice él, que se hallan colocados sobre la tapia del patio de su casa, y se ve que dice que en el número cinco hay barrones y pistolos, en el número seis tajaderas y mazas, en el siete tiene trinchantesy picas, en el ocho tiene uñetas, gradinas, cinceles, escafiladores y driles, y además pone una breve descripción de para qué se usaban las distintas herramientas.
En la parte inferior de ese cuadro tiene grabadas unas frases que dicen del trabajo de cantero usando distintas herramientas y dice lo siguiente :
EL CANTERO GOLPEA, GOLPEA. EN LAS PIEDRAS HACES SENDERO, CON TUS MANOS Y HERRAMIENTAS TU CASA ALIMENTAS. EL PORRILLO AL PUNTERO APORREABA Y LA ACODADERA ACODABA -> CON LA MAZA GOLPEABA EL PISTOLO TALADRABA Y LA CUÑA TROCEABA. EL ESCAFILADOR ESCAFILABA, CON LA PERA APORREABA, LA UÑETA REFRENTABA Y LA BUJARDA LABRABA ... J.O.O.
Siendo J.O.O. las iniciales de la persona que lo escribió y que Daniel grabó en la chapa de ese tablero y corresponden a Juan Ortega Ortega.

 panel con la dedicatoria

En otros tableros están colocadas herramientas agrupadas por tipos, de manera que hay tableros con cuñas, otros con punteros y acodaderas, en otros se agrupan macetas, porrillos, peras y martillos; los hay con martillinas y bujardas, otros con uñetas, escafiladores, driles, gradinas y cinceles, otros tienen trinchantes y picas, y así se van viendo las distintas herramientas que ha colocado en los tableros hechos a base de chapa metálica y donde quedan sujetas a base de tuerca, para lo que suelda tornillos a las piezas a colocar y por la otra cara del tablero arrosca la tuerca en el tornillo soldado de manera que queden bien sujetas y aparte no permitir que los "cazadores de objetos ajenos" se las lleven sin permiso.

En las fotos siguientes se muestran herramientas de las dichas en estas líneas de aquí arriba, mostrándose en la foto de la izquierda uñetas, escafiladores, driles y gradinas, pudiéndose se ver en la parte inferior martillinas y bujardas, aquellas en la parte inferior izquierda y las bujardas a la derecha. En la foto de la derecha se pueden ver trinchantes y picas, herramientas usadas para partir piedra, distinguiéndose en la parte superior de la foto mazas y macetas, y se ve en las mazas de la izquierda los nombres de los propietarios de dichas herramientas, Florencio Sanz, padre del autor de esta exposicoón, y a su derecha una de Daniel Sanz, el autor de esta obra.
Debajo de esas herramientas se aprecian otras 12 agrupadas en tres columnas de a cuatro y se ven los nombres de sus propietarios, correspondiendo, en la línea de arriba, un trinchante de Ángel de Antonio Berrocal, a la derecha otro de Jesús Meléndez Couso (Susi) y a la derecha una pica de Teodoro González González (Mozo) y Emilio Vieco (Pincha), y aunque esta persona no fue cantero, le dió la herramienta a Daniel.
En la segunda línea hay a la izquierda un trinchante de Bruno Martín y a la derecha otro de Carlos González, y más a la derecha una pica de Argelio Hernández. Siguen en la tercera línea, un trinchante de Felipe Martín, a la derecha otro de Andrés Segovia y más a la derecha una pica también de Felipe Martín, de Becerril.
En la cuarta línea hay a la izquierda un trinchante de Alejo Martín, también de Becerril y a la derecha de ese uno de Ángel de Antonio y a la derecha del todo una pica de Argelio Hernández.

 tablero con uñetas y otras  trinchantes y picas


Otra de las inscripciones que tiene Daniel puesta en uno de los tableros es la que se pude ver en la foto que sigue, y a la izquierda aparece un lista con los nombres de distintas personas que le proporcionaron herramientas o que fueron propietarios de ellas y en esta lista están de arriba abajo Carlos González Sepúlveda, su suegro, Florencio Sanz López, su padre, sus tíos Valentín y Rafael Sanz López, que eran de Becerril, siguiendo Dativo Sanz, otra persona de Becerril; continúa con gente de Moral y son Ángel Segovia Arranz (Geli) y su hermano Juan (Juanin Cacharrera); Andrés Segovia Morato (Gordete), Alfonso Segovia Aparicio, Ángel de Antonio Berrocal (Tamborlán), José Balandín Segovia y Rafael Balandín Morato; sigue otra persona que es Rafael García y continúa con más gentes de Moral como son Mateo López Segovia (Mateín), Luis Guillén Martín (Churrero), Fernando Ortega (el Andaluz), Jesús Meléndez Couso (Susi), y siguen Antonio de la Rubia y Argelio Hernández.

leyenda

A la derecha de ese tablero hay otro que explica que en el cuadro 9 hay seis martillinas y catorce bujardas diciendo que esas herramientas eran para labrar la piedra dejándola lista para transportar y colocar. Se empleaban en las últimas fases del trabajo, dejándolas bastante lisas y si se quería pulirlas se empleaban piedras de esmeril.
Continúa diciendo que «
todas las herramientas aquí expuestas pertenecieron a nuestros bravos canteros y labrantes serranos. Vaya para ellos este trabajo ...»
Sigue recordando lugares a donde se puede ver el trabajo realizado por ellos, como en el pueblo, Valle de los Caidos, Madrid, ...

En otro tablero que hay a la derecha, se ve grabada una dedicatoria a las vacaciones de las herramientas, que coinciden con las fiestas patronales, escrito que hizo A.L.S.M. que es como firma el autor, Luis Ángel Segovia Mazarías.
Se puede ver en la foto que sigue que a la derecha hay, como en el tablero de la foto anterior tiene a la izquierda, un lista con nombres de algunas de las personas que le dieron herramientas o que fueron propietarios de ellas y en esta lista aparecen de arriba abajo Hijos de Roque, que es Roque Martín, de Cerceda, Juan Rodríguez, el extremeño; Ramón López de Lema, de Boalo; José Sevillano Arcones, (Pepe Casillas); Guillermo Balandín Morato; Lucio García Olaya; Víctor García Martín (Perola) y su hermano Manuel; Celedonio Balandín Morato (Cele o Porras);Antonio Leiro, de Cerceda; Luis Matías, de Boalo; Francisco Rozalín; Eliodoro Sanz López, de Becerril y pariente de Daniel; Domingo Jiménez Sánchez (Pepino); Miguel González Martín (Pecero); Honorio Cano; Cándido González y José de Antonio Balandín (Pepotín);

vacaciones

En otros tableros, se pueden ver sendas dedicatorias o frases en recuerdo a sus padres, canteros tanto de Becerril como de Moral, en las que lo mismo Daniel como su esposa Alicia escribieron como homenaje a sus progenitores, las cuales van signadas con A.G.L. por parte de Alicia y D.S.M. por parte de su esposo Daniel, así que Alicia se la dedicada a su padre, mencionándolo con Carlos G.S. (Carlos González Sepúlveda) y Daniel menciona al suyo, Florencio (Florencio Sanz López).

A continuación se muestran dos fotos con los recuerdos a sus padres, a la izquierda lo de Alicia a su padre Carlos y a la derecha lo de Daniel a su padre Florencio, poniendo la fecha, diez de noviembre de 2012.

 de Alicia  de Daniel


Y esta ha sido una exposición de la labor desarrollada por Daniel (Langares) de recopilación de herramientas de canteros de este pueblo y de los pueblos vecinos de Cerceda, Boalo y Becerril, que ha trabajado con mucho cariño para hacer este "museo" al aire libre y espera que algún día estén en un verdadero museo dedicado al oficio de la cantería o de los trabajos artesanos.

Pero no todos los tiempos han sido buenos para la cantería y diversas circustancias influyeron de manera negativa en la buena marcha del oficio, pues vemos que en el siglo XIX se empezó con dos crisis sucesivas pero con un carácter muy diferente, la primera que sucedió de 1803 a 1805, fue una crisis motivada por las malas cosechas y las epidemias y la segunda, entre 1808 y 1814, fue consecuencia de la Guerra de la Independencia convirtiéndose en la puntilla para muchas instituciones de manera que la guerra provocó un grave problema para las haciendas públicas, que en muchos casos no pudieron afrontar los compromisos de deuda adquiridos para financiarla y el resultado fue que muchos acreedores promovieron la privatización de tierras y bienes, lo que fue una especie de desamortización informal sin ser explicitamente declarada, y todo eso se dejó sentir en esta zona de la Sierra y afectó al mundo de la cantería y por lo tanto a los canteros, y es por ello por lo que se exponen los siguientes recortes de prensa documentando lo dicho.

Se muestra a la izquierda la noticia de la queja, ante el ministro de Fomento, de los canteros por no llegar piedra a Madrid, noticia aparecida en LA ÉPOCA publicada el miércoles día 21 de noviembre de 1917 (año LXIX nº 24102 de esa publicación) y a la derecha lo aparecido en EL SOL del domingo día 3 de febrero de 1918, dando cuenta de la solicitud hecha por Arturo Soria para que se faciliten los medios para el transporte de piedra a Madrid. Arturo Soria fue elegido diputado a Cortes en 1872.

      

La gran depresión internacional sufrida en el año 1929 que siguió a la quiebra generalizada producida en la industria y el comercio mundial, afectó de una manera muy singular a la economía española, con efectos de menor intensidad, estando en nuestro pais una naciente Segunda República, y aunque fue similar a la sufrida por las democracias europeas, no fue tan profunda y duró menos tiempo, pues en 1935 ya se había acabado.
Y fue chocante pues estando la economía española todavía basada en la agricultura tradicional, junto con el subdesarrollo de la Banca y la poca apertura sirvieron como parapeto o protección para paliar el contagio de la crisis internacional.
Los gobiernos de la época se valieron de instrumentos convencionales para combatir la depresión, a base de medidas proteccionistas, pero lo hicieron a destiempo y no muy covencidos, con lo que el contagio no se evitó, aunque fue menor. Nuestro pueblo se vió afectado en el trabajo de los canteros y viene a colación una reseña periodística encontrada en la publicación diaria LA LIBERTAD, en su edición del jueves 14 de mayo de 1931 y trata de los problemas sobre la falta de trabajo de canteros, por no poder enviar piedra a Madrid para obras públicas.



El alcalde de Moral en esas fechas era Basilio Sanz González y se dedicó al mundo de la cantería explotando varias canteras, como la del Gurugú.

En pueblos vecinos de Moral, antiguamente hubo reglamentos por los que se regían los canteros, y como ejemplo tenemos el de Collado Villalba que era de oficios varios y en esa asociación se incluía a los canteros, y más explicitamente se tenía una Asociación o Sociedad que agrupaba a los que desempeñaban ese oficio en Madrid, y en la portada de sus estatutos se puede ver
«REGLAMENTO DE LA Sociedad de Canteros y Similares de Madrid»
y en este Reglamento se pueden ver los distintos artículos agrupados en diversos capítulos como eran el capítulo I que trataba del "Objeto de la asociación", el capítulo II que versaba sobre "Condiciones para el ingreso en la Sociedad", el III trataba de "Cotización de cuotas", el IV "Distribución de cuotas", el V sobre "Deberes de los socios", el VI trataba sobre "La jornada", el VII sobre "La representación social", el VIII de "La discusión", el IX era "Del periódico", el X de "De las reclamaciones" y el XI sobre "Artículos adicionales".
Había una segunda parte que se refería como SECCIÓN DE SOCORROS y se articulaba en varios capículos también que trataban de «
accidentes del trabajo», otro sobre «de las defunciones», y acaba con otro que dice «de la jubilación», y este reglamento de fecha 1 de febrero de 1922 fue firmado por el presidente Daniel Martín y el secretario José Rojas, y presentado en el gobierno provincial y el día 17 de julio de 1922 y lo firma el Gobernador Civil Sr. Ruiz de Grijalba, que fue nombrado el 4 de diciembre de 1919.
Es curioso leer lo que dice el artículo 11, declarándose una Asociación libre de cualquier influencia política, religiosa y con una entera libertad de expresión, adelantándose a los tiempos.

    

En el pueblo de Alpedrete hubo otra Sociedad con su reglamento, y era la
«SOCIEDAD DE OBREROS ADOQUINEROS LA UNIÓN DE LA SIERRA DE ALPEDRETE»
que tenía sus artículos dispuestos en distintos apartados como eran «
Objeto de la Sociedad, Condiciones de ingreso, Deberes y derechos de los asociados, Representación social, Comisión revisora de cuentas, Juntas generales y Disposiciones adicionales que hacen un total de 37 artículos y acaba poniendo Alpedrete 28 de febrero de 1929 y los nombres de dos representantes de la comisión que son Gabriel Ventura y Ventura y Teodoro Elvira González, y finalmente pone : Presentado en esta Dirección general de Seguridad, a los efectos del párrafo primero del artículo 4º de la ley de Asociaciones.
Madrid, a ocho de marzo de 1929. - El Directos General. P. D. El subdirector Manuel Alvarez Caparrós.

Y seguidamente se muestran copias de la portada del Reglamento y del primer apartado con los artículos primero y parte del segundo.

    

Desgraciadamente en nuestro pueblo no se desarrolló ninguna Sociedad parecida a esas, al menos no quedó plasmada en documento alguno, aunque si se respetaron derechos y obligaciones de los integrantes del mundo de la cantería.


Arriba se hace mención de los maestros mamposteros, y entre ellos se hace alusión a tres mamposteros portugueses venidos hace muchos años a trabajar su oficio en este pueblo, y además de los que se han mencionado líneas arriba, hay que decir que Antonio José Maya Antón fue otro portugués que se dedicaba a la cantería, según se puede leer en el libro de la parroquia en donde constan las partidas de bautismo, y en la que corresponde a su hijo Alejo Antonio Maya, el cura que lo bautizó, D. Custodio Fernández, pone en esa partida que el padre era cantero, y se casó en 1834 con Prudencia González Domínguez, nativa de nuestro pueblo, y este portugués adquirió el terreno de la plaza del pueblo donde luego se construyó el adificio del Ayuntamiento, la casa de Basilio Esteban y la casa que albergó el casino del pueblo y luego fue el bar Centro, comprando ese terreno en 1855 cuando la desamortización de Mendizabal, terreno que era de la finca propiedad de los frailes Dominicos del Monasterio del Parral de Segovia.

Pero hablando de uno de esos mamposteros portugueses, y del que vino de Valença do Minho, en el Distrito de Viana do Castelo, Manuel Hernández Estévez, hay un documento gráfico que conserva su hija Geles, y que con mucho cariño me cedió, y es una foto de cuando se estaba construyendo una casa en la calle de la Iglesia nº 8, en la esquina que hace esa calle con la de la Huerta, casa propiedad de Antonio Rebolledo y su esposa Julia Sanz Morales, siendo , el aparejador que dirigió la obra D. Gonzalo Sanz Morales, natural de este pueblo, y seguidamente se muestra la foto en la que se ve la casa cuando ya se había levantado la planta baja, viéndose de izquierda a derecha a Emilio Pascual Morales (Pulguina), otra persona entre éste y Manuel Hernández Estévez (Manuel el Portugués), que es el tercero por la izquierda, y a la derecha se ve con gorra a otra persona que fue a ver la obra. Más a la derecha se ve a Adrián Guillén Pozas (Churrero) con boina y dándole una rasilla a éste se ve a Elías Balandín Cuena, foto hecha en 1947.

mamposteros

En recuerdo de esas personas que trabajaron en la piedra y como reconocimiento a la labor que desarrollaron a lo largo de tantos años, en mayo de 2003 se levantó un monumento en homenaje y como recuerdo a los canteros del pueblo, que está colocado en la plaza de la Iglesia, consistiendo en un monolito en forma de paralelepípedo de sección cuadrada que contiene en una cara la inscripción que se ve en una de las fotos siguientes y en las otras tres caras se representan tres fases de elaboración del escudo del pueblo, desde un primer boceto hasta verlo terminado, y pienso que es de ley que se haya hecho ese monumento rindiéndoles homenaje aparte de por las obras que que realizaron a lo largo de tantos años y que han quedado como testigo de su buen hacer, también porque muchos de los que trabajaron en esa labor padecieron no ya golpes y heridas que les afectaron a la vista sino que algunos acabaron con la enfermedad de la silicosis, la cual afecta a los pulmones y dificulta la respiración a consecuencia de la inhalación prolongada de compuestos que contienen sílice cristalina, en esta caso desprendida de las piedras al labrarlas.


 escudos en el monolito  inscripción en el monolito


Al acto fueron invitados todos los que de una manera u otra estuvieron relacionados con la cantería, bien trabajando en la extracción de piedra de las canteras, los canteros, o trabajando las piedras en los talleres, los labrantes, o bien trabajando las herramientas en las fraguas, los herreros. En la foto que sigue se ven todos los que fueron invitados y estuvieron presentes en el acto de inauguración del monumento y homenaje a todos ellos, a excepción de uno que dijo que no iba porque él no había sido cantero, aunque sí estuvo relacionado con el oficio ya que fue listero en una cantera de Celedonio Balandín, pero fue su voluntad y no acudió. Se ven canteros, labrantes, herreros y autoridades (el alcalde José María Moreno, varios concejales y el párroco Don Carlos), y algunos de los homenajeados y presentes ese día, según se ve en la foto, ya no están con nosotros pero desde esta página quiero rendir homenaje a todos con mi recuerdo, algunos de ellos con los que tuve buena amistad.

 los que estuvieron en el acto

Siempre que se hace mención a labores hechas por las gentes del Moral (o de cualquier sitio) y recordando su buen hacer, quedan sin citar muchas personas, y si en esta ocasión ha ocurrido así, ruego no se sientan ofendidas, pues la labor de todos ha sido reconocida y ahora que ya no se dan ese tipo de trabajos en el pueblo pienso que se reconoce mucho más e incluso con más cariño.


© 2006 - Antonio López Hurtado