Si algo ha carecterizado al pueblo por su presencia en los campos ha sido la existencia de manantiales y fuentes a lo ancho de su geografía y por ello su nombre primitivo era señal de lo dicho, Fuente del Moral. En la Ladera de Matarrubia siempre sa han encontrado manantiales y el saber y buen sentido de sus habitantes y regidores les impulsó a aprovechar el agua de ellos, llevarla hasta las fuentes del pueblo y a recogerla en depósitos para su posterior envio a la red de distribución creada para poder disponer de ella en las viviendas.
Está en el recuerdo cuando las mujeres iban al Lavadero, al arroyo Grande, al arroyo de Juncarejo o al Gorgollón (cerca del cementerio) a lavar la ropa y las gentes se dirigían con cántaros a las fuentes para acopiar agua y poder tenerla en sus casas, valiendo como testimonio de lo dicho la foto que sigue, en la que se ve en la calle de la Fuente a una mujer jóven, Carmen García Herrero (Carmen la de los pastores), volviendo de recoger agua de la fuente de la Plaza con el cántaro apoyado en la cadera, allá por 1948, mujer de la que fui vecino cuando vivía con sus padres y hermanos en la Travesía de la Viña.

 Carmen volviendo de la fuente con el cántaro

En la primera mitad del siglo XX muy pocas casas gozaban del privilegio de tener agua corriente y hoy nos sorprendería que no la tuvieran, pero debido a la expansión que hubo con ocasión del desarrollo y modernización experimentado en el pueblo y al crecimiento de la colonia de veraneantes, siendo alcalde Juan Martín Lázaro y estando de secretario del Ayuntamiento Froilán Reyero, comenzaron las obras de captación y traida de las aguas de los manantiales del Valle y la creación de la red de abastecimiento para su distribución, motivo por el cuál se construyó el depósito de la Ladera de Matarrubia, inaugurándose en el año 1928 estando entonces de alcalde Alfredo Somacarrera Gómez. Como fue un acontecimiento extraordinario, muchos de sus vecinos acudieron al acto de inauguración y todavía hay personas que recuerdan que los chicos fueron con su maestro, D. Carlos Ovejero, y las chicas con su maestra Dª Ricarda.


 cántaro que conserva Mª Dolores

Aumentaba la colonia veraniega y las gentes que alquilaban se encontraban a veces que las casas no tenían agua corriente, por lo que los caseros les proporcionaban el agua que traían de las fuentes acarreando cántaros bien como se ve en la foto de más arriba a Carmen o llevándolos en carretillas como verdaderos aguadores. Y en esta foto de arriba se ve uno de los cántaros que usaban entonces y que ha conservado como recuerdo una vecina del pueblo, Mª Dolores López (Loli).

 pareja en la fuente con el cántaro

En esta foto de arriba se ve a una pareja de novios recogiendo agua con el cántaro en la fuente de la Plaza cuando estuvo ubicada en las gradas que había a la salida de la plaza de la Constitución hacia la calle Roseles, se trata de la pareja formada por Mª del Pilar Sepúlveda (Pili) y Emilio Segovia (Mili), foto hecha durante las fiestas hacia 1948.
El agua era acarreada a base de cántaros que bien desde la fuente de los Cuatro Caños o desde la de la Plaza, que eran las que normalmente se usaban, a las que se iba a por el agua a veces con carretillas donde se tranportaban dos cántaros, pero lo más común era con un cántaro apoyado en la cadera, y se dejaba el agua en la casa en una tinaja, es decir, en una vasija grande de barro cocido y a veces vidriado, mucho más ancha por el medio que por el fondo y por la boca, y que sirve ordinariamente para guardar líquidos, en este caso agua.

 tinaja sobre soporte en la cocina  cantarera con un par de cántaros


En la foto superior izquierda se puede ver una de esas tinajas que conserva Mª de los Ángeles González Cavanna (Angelines) en su casa de la calle de la Huerta nº 3 y en la de la derecha esos dos cántaros en una cantarera especial que tiene es la cocina de su casa, piezas con un cierto valor de recuerdo emocional y apreciadas por los que admiramos algunas de las piezas que tienen su callada historia.
En las casas, con el agua acarreada para distintos usos como era el fregar suelos o cacharros, también las personas se tenían que lavar la cara y las manos y para ello se hacía uso de las palancanas, palanganas o jofainas, que eran unas vasijas en forma de taza, de gran diámetro y poca profundidad, pero en casas más acomodadas se disponía de un mueble de madera o hierro, por lo común de tres pies aunque los había de cuatro para muebles más grandes, donde se colocaba la palancana para lavarse, y a veces un jarro con agua, jabón y otras cosas para el aseo personal.

 vista del palanganero

En la foto situada sobre estas líneas se muestra la hermosa pieza de palanganero o lavabo que conserva nuestra vecina del pueblo Angelines, y se puede ver la palangana blanca situada en el centro de la encimera de marmol rojizo, además de otras cosas y artículos decorativos, con su grifo, ya que dispone de un depósito en forma de caja rectangular hecho también en marmol como la encimera, que se ve situado debajo del espejo. El desagüe vertía el agua en un cubo situado dentro del mueble y se pueden apreciar las puertas en la parte inferior que dan acceso al interior para manejar dicho cubo.

 inscripción con la fecha  vista desde el Este

En las fotos de arriba se puede ver a la izquierda el año en el que tuvo lugar la inauguración, 1928, y la inscripción que se aprecia está hecha sobre una base de cemento que se encuentra en la pared del depósito que da hacia el Sur.
En la de la derecha se muestra una vista desde el lado Este y la caseta que se ve en la foto, tenía una puerta que daba acceso al interior en el que se encontraban los tres vasos o compartimentos de que constaba el depósito, lo que permitía limpiarlos periódicamente. A veces los chicos que se acercaban por el lugar abrían la puerta y la dejaban abierta y hubo una ocasión en la que varias ovejas se ahogaron al entrar y caer a uno de los vasos y como consecuencia de ello y por ser un peligro para los que sintieran la tentación de entrar, al final ha sido tapiada completamente.

 detalle de la tubería  tubería de la conducción


El agua se recogía de distintos manantiales de la Ladera y del Valle y era traida por una conducción hecha a base de tubería metálica hasta el depósito, que está situado en la parte de la Ladera de Matarrubia por encima de donde se encuentra el cementerio municipal actual. En la foto superior izquierda se ve un tubo de los empleados en la traida del agua, tubo hecho en la fundición de la sociedad AURRERA BILBAO como se ve escrito, y en la foto de la derecha se aprecia claramente por donde discurría el tubo, foto hecha por donde cruza con la conducción del Canal de Isabel II que lleva el agua hacia Collado Villalba.

 murete soporte de tubos entre arquetas  tubo de entrada a la arqueta junto al depósito


Al final del recorrido desde el Valle, la tubería llegaba hasta una arqueta y desde esa, sobre un murete hecho de piedra, a través de una tubería de cemento el agua se llevaba hasta otra arqueta que hay pegada al depósito, la cual se encuentra tapada con una puerta metálica cerrada con un candado, pudiéndose ver que ese tubo se encuentra roto justo donde cruza un sendero que discurre por la ladera y llega hasta la parte baja del Valle, viéndose en la foto anterior izquierda la arqueta primera y el murete de soporte a los tubos que comunicaban las dos y en la foto de la derecha se ve el tubo roto donde falta parte del murete, justamente cuando se cruza con el sendero.

 arqueta en la margen izquierda con el tubo metálico  arqueta en la margen derecha


Situándose donde el tubo metálico se cruza con la conducción del Canal de Isabel II y dirigiéndose hacia arriba en la dirección que indica la tubería, se distingue una zona en la que de vez en cuando se encuentran piedras como si estuvieran removidas, apreciándose ésto a pesar de llevar muchos años hecha la conducción. y siguiendo ese rastro se alcanza el camino forestal que lleva hasta la parte alta del Valle por la zona posterior de Pico Martillo. Una vez cruzado ese camino se pasa cerca de una antigua cantera encontrándose en un momento determinado un hermoso chopo y junto a él se puede ver una arqueta de la que sale un tubo metálico, siendo ésta una de las arquetas en las que se recogía agua para llevarla hasta el depósito. Esta arqueta está en la margen izquierda del arroyo del Valle, no habiendo más que esa en dicha margen, pudiéndose ver cerca de ella un par de bañeras que los ganaderos han colocado ya hace tiempo para recoger agua y donde su ganado puede beber. Y esa primera arqueta de la margen izquierda se ve en la foto superior izquierda, mostrándose en la foto de la derecha otra de las arquetas que hay más arriba, pero ya en la margen derecha del arroyo.

 otra arqueta en la margen derecha  arqueta con piedras sin tallar

En esa zona del Valle se encuentran bastantes manantiales y el que hay más arriba es el que abastece de agua a los pilones de la casa del guarda o casa de zapatero, el tío Juan, mencionado más arriba, que antes daba agua en lo que era la fuente de la casa del guarda, y que se condenó para llevar el agua a estos pilones, encontrándose los restos de esa fuente a unos pocos metros de ahí, medio oculta entre zarzas.
En esa época en que se acometieron las obras para construir el depósito y hacer la conducción de traida de aguas del Valle, también se instalaron cuatro fuentes metálicas distribuidas estratégicamente en barrios del pueblo, como fue en la avenida de la Salud junto al nº 14 pegado a donde estuvo el surtidor de gasolina de aquellos manuales del Sr. Luis y la Sª Visi, una segunda en la plaza del barrio de la Cruz, otra en la confluencia de las calles Eras y Antón y la cuarta en la confluencia de la calle del Cerrillo y la travesía del Cerrillo, así que con tantas obras públicas, las arcas municipales sufrieron una importante mengua, lo que dejó al Ayuntamiento apenas sin fondos, y se puede deducir que por esta razón los vecinos estaban obligados a realizar labores diversas para el pueblo, las cuales eran asignadas por el Ayuntamiento a personas o familias, como era la limpieza o reparación de calles, y otros trabajos para la comunidad, siendo conocidas como jornales gratuitos, y el que por la razón que fuera no podía ir, pagaba el jornal al que mandaba para hacerlo en su puesto. Una de esas labores era limpiar las arquetas periódicamente y me contaba Fermín Segovia que recuerda cuando iba con su padre, Juan, a limpiar de arena la que tenían asignada, comentándome que se cegaban de una arena muy fina, pero como había seis, siempre alguna funcionaba más o menos normalmente, recuerdos que tiene de 1951. También Francisco Moreno "Pirri" me decía que recuerda cuando en 1958 iba de ayudante con Gregorio Soriano a limpiarlas y tenían que cortar raices que se metían en busca de agua.
En la foto que sigue se puede ver uno de los manantiales que hay por esa zona alta del Valle, a donde van los animales salvajes a saciar su sed.

 uno de tantos manantiales

Y ésto nos da idea de la importancia de la riqueza acuífera del pueblo por los muchos manantiales que hay en sus campos.


© 2006 - Antonio López Hurtado