Herreros, fraguas y herramientas

*** para ver la leyenda, pon el puntero encima de cada foto ***

De los oficios desempañados por las personas que trabajan el hierro, se tienen que diferenciar los herradores y los herreros, siendo los herradores los que se encargaban de herrar a los animales de tiro y carga, como mulas, asnos, caballos, vacas y bueyes, y se puede ver en el diccionario de la Real Academia la definición de herrador, encargado de herrar a las caballerías, es decir, el que tiene por oficio ajustar y clavar las herraduras a las caballerías, o los callos a los bueyes. Y los herreros son los que tiene por oficio labrar el hierro, es decir, trabajarlo reduciéndolo al estado o forma conveniente para usarla y en los dos oficios se trabajaban las herramientas de hierro en la fragua.
Hubo una época en la que el oficio de herrador era exclusivo de los veterinarios, que llevaban como páctico a un herrero que era el que, siguiendo las instrucciones de aquellos, herraban a los animales.
Como herrador se puede citar entre otros a Valentín Alcón Bordón, que siguió el oficio de su padre Gregorio Alcón García, persona que estuvo de asistente con el general Valeriano Weyler durante la guerra de Cuba, cuando éste sustituyó en 1896 al también general Martínez Campos y fue nombrado Capitán General de Cuba con la misión de zanjar los intentos independentistas de la Isla durante la sublevación encabezada por José Martí y Máximo Gómez.
Durante la contienda, en una escaramuza, Gregorio salvó al general cuando en una vaguada les dispararon y mataron al caballo del general. Viniendo a España en 1897, después de 8 años de estancia en la Isla, siguió con él y como agradecimiento a su comportamiento, el general, que fue nombrado entonces ministro de la Guerra, le dijo a Gregorio que qué quería hacer y como él tenía el oficio de herrador de animales, trabajo que también hizo en Cuba, le dijo que eso quería, y le concedió la plaza de herrador en Moralzarzal. El cargo de herrador era titularidad, por aquel entonces, de los veterinarios, como he dicho antes, pero en este caso, a Gregorio se le concedió el título de manera excepcional.
Luego su hijo Valentín siguió como herrador de animales en la herrería que tenía en la Travesía del Cerrillo y en la calle, a la puerta de la herrería tenía un potro de piedra para atar los animales y así poder herrarlos.

Como otra de las labores desarrolladas en el pueblo era todo lo relacionado con la cantería y debido a que las piezas de granito extraidas de las canteras eran trabajadas, labradas o talladas en los talleres de canteros o en las propias canteras, empleando herramientas que después de un cierto tiempo de uso se deterioraban, forzosamente tenían que ser repasadas por los profesionales que se dedicaron a esa labor, los herreros, y eso se hacía en las fraguas.
La fragua que es el fogón en que se caldean los metales para forjarlos, avivando el fuego mediante una corriente de aire producida por medio de un fuelle o con otro aparato que pueda producir el mismo efecto.
Forjar es dar la primera forma con el martillo a cualquier pieza de metal y en las fraguas que hubo en el pueblo, se forjaron piezas destinadas a distintos menesteres, pero las que resistieron el paso del tiempo y que aún se conservan, aunque con poco trabajo, se dedicaron a la labor de arreglar las herramientas de los canteros, empleándose el fuelle en ellas. En la fragua, el operario que afuella (el que sopla con fuelles) es el follador, también conocido como palanquero (operario que movía el fuelle en las ferrerías.
El fuelle es un instrumento para recoger aire y lanzarlo en una determinada dirección, y esencialmente se reduce a una caja con tapa y fondo de madera, con costados de piel flexible, una válvula por donde entra el aire y un cañón por donde sale cuando, al plegarse los costados se reduce el volumen del instrumento. La pieza de hierro que está en contacto con el carbón ardiendo y por donde sale en aire es la tobera (según el diccionario de RAE, la tobera es la abertura tubular, primitivamente de forma cónica, por donde se introduce el aire en un horno o una forja, fragua o crisol). La capacidad del fuelle puede aumentar o disminuir a voluntad del follador para aspirar el aire del exterior o impulsarlo en una dirección determinada. Antiguamente era una bolsa o saco de cuero con una válvula de admisión de aire y una boquilla para expulsarlo.
Parece ser que ya los egipcios lo usaban 1.500 años a. de J.C. para la fundición de metales y también indios y chinos que se dedicaron a la metalurgia usaron fuelles desde antiguamente hasta mediados del siglo XX. Los fuelles se han usado además de en las fraguas, aunque con otras dimensiones, en los hogares para atizar el fuego de chimeneas y cocinas, para instrumentos musicales como órganos, acordeones y gaitas y otra aplicación muy curiosa es el uso de ellos en los relojes de cuco.
Las toberas de los fuelles dedicados a soplar en las fraguas se van desgastando con el paso del tiempo y debido a estar en contacto con el fuego se deterioran bastante y por ello hay que reemplazarlas periódicamente; en la siguiente foto se ve la que conserva Luis Cuena para su fuelle.

 tobera de repuesto

El material usado en las fraguas como combustible para alcanzar la temperatura adecuada para caldear las piezas de hierro de manera que se puedan trabajar es el carbón de hulla, y esa temperatura se alcanzaba cuando los herreros veían que las piezas a forjar tomaban un color rojizo y luego amarillento.

Hay constancia de herreros que hubo en el pueblo, como se ve escrito en libros de la parroquia de San Miguel Arcángel de Moralzarzal, y aparece en la partida de bautismo de León Sánchez Palacios, nacido el día 20 de febrero de 1754, que su padre Nicolás Sánchez Ximena consta como herrero en esta Villa, natural de Colmenar Viejo y vecino de Moralzarzal. Este hombre estaba casado con Sabina Palacios, matrimonio que tuvo en Moral cuatro hijos, enviudó y se volvió a casar en el pueblo con otra viuda «cebollera» llamada Juana Segovia Sanz en el verano de 1767, asistiendo a su boda como testigo otro herrero llamado Manuel, del que que se habla seguidamente.
También se ve que asistiendo Manuel Martín Redondo como testigo de la boda de Manuel Melitón Estévez Martín y de Manuela Balandín López celebrada el día 20 de febrero de 1841, consta como herrero, siendo este hombre natural de un pueblo de la provincia de Guadalajara llamado Bocigano, casado en 1824 en Moral con Anastasia Turégano Martín, y constando como testigo de otras celebraciones matrimoniales y con el oficio de herrero.
Otra persona que aparece como herrero de la fragua Villa en los libros de matrimonios es León González González, natural de Miraflores de la Sierra, siendo testigo de la boda de Juan Segovia de Diego y Josefa Prados Melgar celebrada el día 7 de abril de 1845, también casado con una mujer «cebollera» en noviembre de 1838, llamada Braulia Prados Melgar y constando como testigo en otras bodas.
También figura como herrero en el libro de bautismos Indalecio Fernández Espada, natural de Brujón, pueblo de la provincia de Toledo y residente en nuestro pueblo, pudiéndose ver en la partida de bautismo de su hija María Luisa, bautizada el día 27 de agosto de 1848, que aparece como herrero.
Para terminar con ejemplos de herreros que constan en el libro de actas matrimoniales de nuestro pueblo, tenemos a Antonio Suárez Álvarez, asturiano de Belmonte de Miranda, casado con la «cebollera» Catalina Sanz Alonso en junio de 1875.

Entre otras, hubo una fragua en lo que hoy día es la Plaza de la Fragua, llamada fragua Villa, mencionada líneas arriba, donde trabajó un herrero llamado Victor de Antonio, que provenía de la zona segoviana de Sepúlveda, instalándose primero en Collado Villalba con uno de los Martínez, hermano del ganadero Vicente Martínez Sainz del Rebollar, dueño de la «Casa Grande» que ahora alberga la biblioteca municipal, y luego trabajó en dicha fragua Villa.

En la foto que sigue, se puede ver la fragua Villa que hubo en la plaza que tomó su nombre (Plaza de la Fragua), fotografía que fue tomada en un día de mercadillo, (algunos recordarán que se celebraba allí), y que se ha conservado hasta 1965, levantándose hoy día en el terreno donde se encontraba, un edificio que albergó a la policía local y últimamente se encuentra un almacén para los servicios de limpieza, oficina de la casa Hertz de alquiler de coches y el Centro de Acceso Público a Internet (CAPI).

 la fragua Villa a la izquierda hacia 1965

La fragua Villa era propiedad del pueblo de Moralzarzal y periódicamente salía a subasta, quedándose con ella el mejor postor, y para ver que se arrendaba baste como ejemplo lo que se ve en un acta del Ayuntamiento levantada con motivo de la junta celebrada el día 5 de junio del año 1899, tratándose en ella del arriendo de la fragua.
El 8 de julio de 1900 consta en otro acta que se trató : «subasta de la fragua Villa por 40 pesetas por año y medio, hasta el 31 de diciembre de 1901», acordándose celebrar la subasta el 15 de julio de 1900.
En acta de fecha 16 de marzo de 1902 se acuerda : «Víctor de Antonio herrero de la fragua Villa. Se acuerda comprarle la herramienta que posee y si se va y le conviene quedarse con ella, pagará lo que se le ha dado, no pudiendo retirarla hasta que cumpla el arrendamiento del edificio», y en el acta del día 23 de agosto de ese mismo año, se acuerda entregarle 75 pesetas de los fondos municipales para gastos de adquisición de herramientas.
Parece ser que la caseta de la fragua no reunía buenas condiciones y además se añadía el mal uso que hacían de ella algunos «cebolleros» mal educados, pues en acta del 24 de abril de 1920 se ve que se acordó : «hacer una ventana de seguridad en la fragua Villa para evitar que entren personas y hagan uso contrario a la higiene y arreglar la cerradura de la puerta».

Victor de Antonio fue el predecesor de una familia de herreros y hacía toda clase de piezas utilizadas en carpintería y en la construcción así como utensilios de labranza y para la casa, recordando todavía algunos los buenos cuchillos que hacía (entonces los hombres solían llevar cuchillo en la faja) y los rodafuegos usados en todas las chimeneas o lumbres bajas que había en las casas (el rodafuego o guardafuego es una chapa metálica en forma de U grande que se coloca en las cocinas bajas para evitar que salga del hogar brasas o ceniza) y en la foto siguiente se ve uno de esos rodafuegos con el asa para poder agarrarlo, hecho para Magdalena Segovia (de ahí las iniciales M S), que conserva su nieta María Teresa de Antonio, que es a la vez bisnieta de Victor de Antonio.

 rodafuego de Magdalena

Victor era el padre de José de Antonio Álvarez, conocido por el señor José el herrero, y abuelo de los últimos herreros que se dedicaron a esa labor de repasar las herramientas de los canteros, y me refiero a Pablo de Antonio Berrocal y a su hermano Ángel. Además de Pablo y Ángel, hay que mencionar a su hermano José, conocido por el apodo de Pepote, aunque éste finalmente se inclinó hacia la cerrajería así como su hijo José de Antonio Balandín conocido como Pepotín. El señor José, también conocido como Tamborlán, desempeño en el Ejército el cargo de sargento herrador (hacia 1926), y luego tuvo en Moral una fragua en la travesía de la Viña, fragua con la que siguió Pablo mientras Ángel con su padre trabajaban las herramientas en la fragua que tuvieron cerca de la Iglesia del cercano pueblo de Cerceda. Otros descendientes de Victor de Antonio que continúan trabajando con el hierro son Alfonso de Antonio Martínez, hijo de Pablo, que se dedica a la cerrajería y carpintería metálica en un taller que tiene en el polígono industrial de la Encinilla donde trabajan además su hijo Sergio de Antonio Martín (tataranieto de Victor) y el oficial Alejandro Alonso que lleva trabajando con Alfonso 24 años.
Hacen trabajos en hierro y aluminio y tienen máquinas herramientas como cizallas, autosoldadora, curvadora, cortadora, plegadora y emplean soldadura eléctrica y autógena, y en una de las fotos que siguen se ve cómo esas barras en posición vertical están retorcidas (cosa que hacen en el taller) y llevan otras piezas soldadas.
En las siguientes fotos se ve a la izquierda una barandilla que están haciendo en ese taller de la Encinilla y a la derecha se muestra un par de máquinas que usan para trabajar, una cizalla y al fondo una plegadora-cortadora de chapa.

 barandilla en etapa de realización  cizalladora en primer plano y otra máquina detrás

También trabajan como cerrajeros Jaime Venero, José Augusto Alonso, Juan Carlos Segovia Mansilla y Luis Cuena González con su ayudante Ignacio teniendo éste además de la maquinaria necesaria para trabajar barras y chapa de hierro como las cizallas, plagadoras, cortadoras, ... una fragua de las antiguas con fuelle, donde repasa herramientas de gente dedicada a la construcción y obras públicas, como son los pistolos de los martillos neumáticos, y en la foto que se ve seguidamante se puede ver el fuelle en la fragua. Luis trabaja en el taller y fragua que tiene en la calle de la Iglesia, taller que era de su tío Julio Alcón González (cuñado de María, la madre de Luis) y antes lo trabajó Quintín Alcón Carralón, padre de Julio.
Luis tiene, lo mismo que he dicho de Alfonso, herramientas y máquinas para trabajar el hierro, haciendo rejas, puertas, barandillas, ventanas y en general cualquier cosa en hierro que se use para la construcción, pero lo que más llama la atención es verle trabajar en la fragua con ese hermoso fuelle que maneja a mano y que usa cada cierto tiempo cuando le traen herramientas para aguzar, generalmente pistolos de taladradoras neumáticas que tiene un cliente.
En las siguientes fotos se ve a Luis manejando la cadena con la que actúa sobre el fuelle y en la foto de la derecha se da una vista de dicho fuelle, que irá a una exposición que se celebrará en Colmenar Viejo, donde tiene familia Julio Alcón, lo cuál se puede ver un poco más abajo.

 Luis atizando el fuelle  una vista del fuelle

Entre los descendientes del herrador Gregorio Alcón García, que era natural de Cabida, perteneciente a Cardoso de la Sierra, en la provincia de Guadalajara, hay que citar a su hijo Valentín Alcón Bordón, nacido en 1868, que siguió el oficio de su padre desempeñando su labor en la herrería y fragua que tuvo en la Travesía del Cerrillo y los hijos de éste también siguieron trabajando como herradores y más tarde como herreros al ir disminuyendo la población de animales que se dedicaban a las labores del campo o de transporte de materiales, al mermar considerablemente la carretería. De los ocho descendientes de Valentín, al que algunos mayores todavía le recuerdan fumando en su pipa y llevando en el ojal de la solapa un alambre para desatrancarla así como que siempre le goteaba saliva por la pipa, le siguieron en el oficio cinco de sus hijos varones, dedicándose a herrar tanto a caballerías como a vacas y bueyes. Pablo se estableció en Colmenar Viejo quedándose de herrador con el veterinario de esa población, Pedro se fue a Becerril de la Sierra donde se casó con Juliana, hermana del que fue sastre en Moral llamado Eugenio Sanz y se quedaron en el pueblo Quintín, que también siguió como herrero, Juan y Mateo, dedicándose al final Mateo a reparar bicicletas en el taller que tenía en la esquina de las calles de las Peñuelas y la travesía del Cerrillo (donde últimamente está la agencia inmobiliaria GIA) y a repartir carbón y leña. Otro de los hijos de Valentín, llamado Higinio, se fue a Madrid y no se pudo dedicar al oficio de sus parientes ya que cuando contaba 13 años fue mordido en un brazo por un burro entero que tenía su abuelo en un prado cercano a la calle de la Valleja, el cuál estaba trabado, pero al acercarse Higinio, el animal le destrozó músculos del brazo del mordisco.
Quintín iba andando hasta la zona del Berrocal para aguzar las herramientas en fraguas de las que había en algunas de las canteras que allí se explotaban y Mateo se dedicaba además de a las labores propias de su oficio de herrero a quitar el "haba" a los caballos, según decía él, y eso consistía en que cuando a esos animales u otras caballerías les crecía la carne que hay debajo de la lengua junto a los dientes delanteros inferiores, lo que les impedía comer puesto que se hacían daño ya que se mordían (con lo que los animales adelgazaban y se iban debilitando), les quitaba esa "haba" con una herramienta en forma de media luna que ponía al rojo vivo, abriéndoles la boca y sujetándosela con otra herramienta para que no la cerrara (al estilo de los dentistas) y con dicha herramienta en forma de media luna los rebanaba ese trozo de carne y los curaba.
En la foto que sigue se ve a Mateo subido en el carro con el que repartía leña por distintas casas del pueblo.


 Mateo en el carro con unos chavales


Otro herrero al que hay que recordar es a Manuel Mansilla Santos, conocido entonces como "patapalo", hijo de León Mansilla González y de Dolores Santos Losada, esposo de Antonia Ortiz Francés, que tuvo la fragua en la plaza, donde hoy día está la farmacia, y algunos aún recuerdan la casa que se decía de la señora Emilia (hermana de Manuel), que fue ama del cura D. Remigio (fusilado en agosto de 1936 en la zona de las Salineras), estando la fragua en el patio de esa casa al fondo y a la derecha, pegada a lo que era la herrén de la Plaza.
Y en la casa donde estaba esa fragua, casa de Emilia Mansilla Santos, se hospedaba otro herrero llamado Toribio Gómez Cuadrado, persona natural de la zona segoviana de Pedraza, que vivió en nuestro pueblo hasta que falleció en noviembre de 1935 a la edad de 79 años.
Otra de las personas que se dedicaron a las tareas de aguzar herramientas para los canteros fue Francisco Estévez Alcón, al que muchos le recordarán como "Paco el cartero", pues también ejerció como tal, y su segundo apellido nos muestra que era familia de herreros, ya que era hijo de María Alcón y por tanto nieto del herrero Valentín, aunque la fragua la tuvo en el cercano pueblo de Becerril de la Sierra donde ejercía como herrero su tío Pedro (hijo de Valentín), pues se fue a Becerril cuando se casó en 1955 y allí estuvo 8 años.
A muchos les serán conocidos los nombres de algunas de las herramientas utilizadas por canteros y labrantes, como el puntero, uñeta, tajadera, escafilador, maceta, pera, trinchante, martillina, bujarda, maza, barras, cuñas, y en los trabajos realizados por el grupo de labrantes del pueblo en la catedral de Madrid usaron otras herramientas adecuadas para el tipo de piedra con la que trabajaron, como cinceles y gradinas y para el movimiento de piezas de cierto volúmen usaron castañuelas.
También se usaban utensilios para medir, como metros, compases y escuadras y más modernas los compresores, amoladoras, taladros y talladoras neumáticas.
Para darnos una idea de esas herramientas, veamos las fotos que siguen y a la izquierda se ven punteros y acodaderas y a la derecha un par de mazas y una barra.
El puntero es un cincel de boca puntiaguda y cabeza plana, de sección por lo general hexagonal u octogonal, pocas veces redonda, ya que el cantero golpea el puntero y suele girarlo, con lo que el redondo no es muy páctico, aunque los hay. Con él labran los canteros a golpes de martillo las piedras muy duras (en nuestro pueblo las piedras de granito), acabado en punta cuadrangular de caras iguales y la acodadera es como el puntero pero con dos de las cuatro caras de la punta más anchas que las otras dos, usada para hacer las cuñeras o agujeros donde alojar las cuñas en las piedras.

 punteros y acodaderas  mazas y una barra

La bujarda es como un martillo de dos bocas cuadradas cubiertas de dientes, que podían ser desde las de cinco hasta las de dieciseis, es decir de cinco por cinco dientes (para desbastar ligeramente) o de dieciseis por dieciseis (para trabajos más finos), enastada a un mango o astil y usada en cantería que permite golpear sobre una pieza de piedra a la que se van arrancando pequeñas porciones de material, de manera que se la va "alisando". A veces, si se quería dejar la superficie de la piedra más fina (más alisada), se empleaba la martillina en lugar de la bujarda, herramienta semejante a la bujarda pero con las cabezas de que se podían cambiar, ya que no eran fijas.
Antiguamente se usaba el trinchante para golpear las piedras después de repunterearlas (dadas de puntero) y cuentan algunos labrantes que en el pueblo hubo una persona que pensó en hacer una herramienta que abarcara más superficie que el trinchante, que era la bujarda, con lo que con cada golpe se "alisaba" una zona más grande de la piedra que con el trinchante, y fue Ángel Segovia Madrid, cantero y padre de canteros. Así como la bujarda del siete tiene 49 dientes por ser de siete filas y siete columnas, el trinchante de siete tenía solamente siete dientes, ya que era de una única fila, y en las fotos que se ven a continuación se muestran en la de la izquierda una bujarda del seis y una martillina con la cabeza del nueve, y en la de la derecha se puede ver un par de gradinas usadas en la construcción de la catedral de Madrid, la iglesia de Santa María La Real de La Almudena, herramientas que conserva Alfonso Segovia Aparicio, maestro cantero.


 bujarda del seis con su astil  bujarda y cabezas de martillina

Normalmente los canteros ponían sus marcas en las herramientas para que cuando las llevaban a la fragua no hubiera problemas para saber de quién era cada una y evitar que se dieran a otro, así que o las marcaban con sus iniciales o con otros signos con los que las distinguieran, y las herramientas usadas para golpear punteros, uñetas, escafiladores y otras herramientas con las que trabajaban, eran martillos con cabeza de dos bocas iguales y mango corto, llamados macetas y aquí también llamados porrillos, y dependiendo del gusto o costumbre de cada canteros, usaban otro de forma redondeada, llamado pera, que era má ligero que el porrillo, teniendo éste un peso de 1, 1,5 o 2 kilos y hubo un cantero que usaba uno de 3 kilos, cosa que no lo aguantaba más que él. Para golpear las barrenas (que son punteros muy largos, de hasta 2 metros), se usaban las mazas, sujetando un cantero la barrena y golpeando otro, y también se usaba la maza para golpear las tajaderas, herramientas usadas para arrancar trozos grandes de material, (la tajadera es como un martillo con una de las cabezas formando ángulo, cabeza que se pone en la piedra a manejar y se golpea con la maza en la otra cabeza).
Se pudeden ver en las siguientes fotos, a la izquierda, un porrillo y una pera y en la foto de la derecha la marca de un cantero en una bujarda, ASA, que corresponde en este caso a las iniciales del nombre y apellidos del cantero, Alfonso Segovia Aparicio.

 maceta o porrillo y pera  ASA, iniciales del cantero

La uñetas son como cinceles de boca ancha, generalmente recta y a veces encorvada, usadas por los canteros para ir trabajando la piedra en una banda a lo ancho de la medida de la boca de dicha herramienta, es decir para hacer los vivos o las tiradas cuando se van a poner dos piezas juntas, y en las fotos que siguen se ve a la izquierda un par de ellas en diferente posición, de manera que una, de sección redonda, muestra lo ancho de la boca y en la otra, de sección hexagonal, se ve la boca de perfil.
En la foto de la derecha se muestra la marca hecha por un cantero en una de esas herramientas.

 uñetas  marca de cantero en una uñeta

Una de las herramientas bastante moderna usada por los canteros es el gato mecánico, que se empleaba para levantar bloques de piedra como podían ser las losas, labor que antes se hacía a mano y con ingenio (Aquí si que se aplicaba más vale maña que fuerza).
Los gatos fueron utilizados en las canteras y en los talleres de labrantes, suponiendo una gran ventaja al poder ahorrar esfuerzos y tiempo, pues facilitó el movimiento de piedras de grandes dimensiones como por ejemplo losas, que eran bastante pesadas, cosa que antes de su aparición se tenía que hacer a mano valiéndose de barras, cuñas, rollizos y palancas.
Se enganchaban en la pestaña que se aprecia en la parte inferior de la siguiente foto de la derecha y accionando con la manivela se levantaban hasta que se calzaban y se colocaban en el sitio donde se quería labrar o manejar para el transporte. Disponía de una galga de manera que se podía trabar haciendo de freno e impedir que el peso de la piedra produjera la inversión del movimiento y cayera.
En las fotos siguientes se puede ver el gato que conserva Enrique Hernando, antiguo cantero y que utiliza a veces cuando tiene necesidad de levantar alguna pieza voluminosa y pesada y también conservan gatos Alberto Balandín, hijo de Celedonio y de Daniela Morato y el herrero Ángel de Antonio Berrocal.

 una vista del gato  vista de la pestaña de agarre de piedras

En el pueblo hay algunas zonas que hacen referencia al mundo de los "hogares de Vulcano" o están relacionadas con ello, y así se tiene, además de la ya mencionada anteriormente "plaza de la Fragua", otra zona cuyo nombre es desconocido por la mayoría de las gentes del pueblo, y me refiero al "cerrillo de la Fragua", zona que se encuentra entre la calle los Morales y la avenida de la Salud, en la esquina más próxima a donde está el asador de pollos.
En el camino de Alpedrete y casi haciendo esquina con la calle Matarrubia hay una edificación que sirvió para guardar ganado y es el "tenado del Herrero", un antiguo pajar que perteneció a Valentín Alcón, herrero del que se ha hablado antes, y que era donde guardaba sus ovejas.

Cuando en 1951 llegué de Madrid con mis padres y hermanos a pasar el verano en el pueblo, enfrente de casa, en la travesía de la Viña, estaba la fragua de José de Antonio y allí iba a ver el trabajo que hacían el "señor José" y sus hijos, siendo el mayor, Pablo, el que parecía era el "jefe" y pasaba largos ratos viendo como se calentaban las herramientas que allí llevaba la gente para aguzar o repasar y me encantaba tirar de la cadena que hacía mover el fuelle, aunque para mi edad era bastante pesada la tarea y ha sido en el verano de 2009 cuando una mañana tuve la ocasión de charlar con Ángel de Antonio Berrocal, bisnieto de Victor de Antonio, mientras realizaba la labor de aguzar punteros y acodaderas en la fragua que tiene en la calle de la Cruz, tarea que ahora hace cada cierto tiempo para distraerse y desde que prendió fuego a la fragua hasta que terminó la labor y apagó el fuego, resultó muy interesante ver cómo trabaja las herramientas sobre la bigornia.
La bigornia es un yunque con dos puntas opuestas, una redondeada para doblar piezas y otra de sección cuadrada para hacerlas en ángulo, siendo el yunque un prisma de hierro acerado, de sección cuadrada, a veces con punta en uno de los lados, encajado en un tajo de madera fuerte, que solía ser de álamo, y a propósito para trabajar en él a martillo los metales, aunque en este caso, Ángel tiene la bigornia asentada sobre un bloque de granito aunque calzada con unos trozos de madera.
Antiguamente para dar aire y avivar el fuego se usaban unos grandes fuelles y después ya se usaron los ventiladores eléctricos, que en un principio creaban problemas de ruido en los receptores de radio que usaban los herreros para distraerse y poder oir sus canciones favoritas, hasta que acoplaron condensadores para absorber el ruido eléctrico generado usando Ángel en su fragua un ventilador de esos, que compró en octubre de 1958 por 3.800 pesetas.
En la siguiente foto de la izquierda se pueden ver las herramientas puestas al fuego del hogar de la fragua y en la de la derecha se ve la bigornia asentada con dos calzos de madera sobre el tajo de granito y en él se aprecia la abertura lateral o tobera por donde van cayendo al suelo virutas, polvo del hierro y trozos del metal que se van desprendiendo de las herramientas al forjarlas y que se introducen por la parte superior donde se asienta la bigornia o yunque, siendo ese tajo en algunos casos de madera maciza, como puede ser el tronco de una encina o de un álamo

 hogar con las herramientas al fuego  bigornia sobre la base de piedra

Según iba trabajando una pieza y otra, se oía el golpe del martillo cuando daba sobre la herramienta con la punta al rojo vivo y una especie de eco o repiqueteo al rebotar sobre la bigornia, todo con un sonido de fondo motivado por el ventilador eléctrico que proporcionaba el aire para mantener vivas las llamas y también se podía oir el chisporroteo del carbón al prenderse y arder.
Estuvo aguzando punteros y acodaderas y cada vez que sacaba una pieza del hogar, miraba para ver el color que presentaba y con tantos años de experiencia sabía si tenía que martillear más o menos fuerte, ya que según me dijo, no todas las herramientas a trabajar son del mismo acero y algunas provienen de distintas fundiciones que otras, con lo que varían, aunque sea ligeramente, sus características.
En la siguiente foto de la izquierda se le ve a Ángel en plena faena, a punto de golpear un puntero, y en la foto de la derecha se ve como saltan chispas y birutas ardiendo al golpear el puntero para acortarlo ya que tenía la punta fina, aunque no mucho.

 hogar con las herramientas al fuego  bigornia sobre la base de piedra

Encima de la bigornia hay un par de agujeros destinados a colocar las tajaderas, que son unas piezas para cortar las puntas de los punteros cuando ya están muy finas, y aunque tiene también el nombre como otra herramienta empleada por los canteros para arracar "tajos" de piedra (como un martillo pero con una de las cabezas haciendo ángulo), ésta es más pequeña con una punta que se introduce en el agujero de la bigornia y la otra en bisel y cortante, sobre la que que apoya el puntero, se le golpea y se corta un poco de la punta.
El hecho de trabajar con piezas de hierro al rojo a veces es causa de incidentes, cuando no accidentes, y me contaba que a su padre le saltó una vez una chispa a un ojo y unido a que ya tenía una catarata en el otro fue la puntilla para tener que dejar de trabajar en la fragua. A veces a él le han saltado trozos de hierro ardiendo y le han atravesado los pantalones y en una ocasión un trozo se le introdujo en una bota y enseguida metió el pie en la pila de agua que siempre tienen los herreros para templar el metal.
Una vez aguzada la herramienta y viendo que está en buenas condiciones ya que la labor realizada sobre ella ha sido satisfactoria, la templa introduciéndola ligeramente en una pila con agua y la coloca sobre ua pileta que tiene como 1 cm. de agua donde se va enfriando.
En la siguiente foto de la izquierda se ve el momento en el que el martillo toca la punta del puntero en el que está trabajando y en la de la derecha se ven punteros ya aguzados en la pileta donde se van enfriando.

 hogar con las herramientas al fuego  bigornia sobre la base de piedra

Ha hecho trabajos de herrería no específicos para repasar herramientas de cantería y me enseño una badila para el brasero de su casa hecha en una pieza forjada a golpe de martillo y no está soldada ya que unir dos trozos de hierro en la fragua no se hacía muy bien.
Entre las herramientas que tiene para trabajar, además de martillos y mazas de distintas formas, tiene algunas que ha hecho él mismo y que utiliza para sacar astiles de aquellos porrillos, macetas o mazas que se van desgastando y se hacen más finos (con lo que se romperían) y otras para agrandar el hueco donde va el astil de los martillos cuando los reemplaza.
Tiene muchas tenazas para agarrar las distintas piezas a trabajar, pues las tiene para picas, para punteros para aguzar cuñas, para martillos, bujardas y para piezas redondas,... pues cada tipo de pieza tiene unas dimensiones distintas lo que hace que haya distintos tipos de tenazas. Algunas las conserva de su padre, las cuales ya tienen al menos 90 años, y se ven desgastadas por tanto uso agarrando piezas tan calientes y como todos tenemos nuestras manías, suele usar solamente un par de ellas, aquellas con las que se siente más cómodo trabajando.
En la foto que sigue, Ángel muestra unas cuantas tenazas de distinto tipo sobre la bigornia.

 tenazas sobre la bigornia

Y esto es otro de esos temas de oficios que en la historia del pueblo tuvieron su época de esplendor, la herrería ese arte u oficio de trabajar el hierro por medios manuales, profesión muy antigua y así, los griegos rendían culto al dios Vulcano, el dios del fuego y los volcanes, forjador del hierro y creador de armas y armaduras para dioses y héroes y en las Sagradas Escrituras hay una referencia bíblica del herrero, concretamente en el Génesis, cuando se hace mención a Tubalcain, palabra de origen hebreo que viene de "Tûbal Qayin", es decir, Tubal el herrero descendiente de Caín, que fue el primer obrero metalúrgico del mundo antediluviano y todo lo que se sabe de él es que fue hijo de Lamech y Zillah y poseía el cargo de Instructor de todos los artífices en el bronce y el hierro.
En la época medieval y durante el Renacimiento alcanzaron un gran desarrollo en Europa llevando el oficio a América los primeros colonos que llegaron allí.
Eran los herreros personas dedicadas a un oficio que llegaron a tener un gran prestigio puesto que fabricaban las herramientas y los aperos empleados por otros oficios como los artesanos, agricultores y granjeros fabricando los elementos de ferretería y herraje para la construcción tanto de edificios como de barcos y parte importante de gentes del oficio se dedicaron a herrar caballos y bueyes. Así que en el pueblo hemos tenido herradores y herreros y siguen en esos menesteres unos pocos, aunque aquel oficio tan artesano ya se va extinguiendo (ya no se forja como antaño) por la llegada de los avances de la técnica.


No se puede dejar de lado el reconocimiento de la labor desarrollada dentro del mundo de la herrería por uno de nuestros convecinos que además de trabajar en la cerrajería industrial, tiene expuestas en diversos pueblos de la Comunidad de Madrid algunas de sus obras escultóricas que hace empleando el hierro. Nuestro convecino es Angel Lucas Estévez Segovia, que siendo de una familia cuyos miembros se dedicaron a la cantería (su padre, Saturnino Estévez conocido como "Satur", fue cantero), él se decidió por el oficio de la herrería al empezar a trabajar con su primo José de Antonio Berrocal conocido como "Pepote", siendo en el taller de éste donde comenzó a desarrollar su vena artística y allí empezó a hacer realidad sus ilusiones realizando en hierro algunas esculturas.
Este artista de Moralzarzal, desconocido para muchos de los habitantes del pueblo, me invitó para enseñarme el taller que tiene en el cercano pueblo de Cerceda, ubicado en el polígono industrial que hay junto a la gasolinera de la compañía SHELL y al que le estoy muy agradecido por haber tenido la oportunidad de ver el taller donde trabajan los operarios de su cerrajería y sobretodo contemplar la labor que desarrolla en el arte de la escultura.
Tiene un estudio donde desarrolla sus ideas y allí pude ver algunos de los bocetos, dibujos y maquetas de sus diseños, encaminados a plasmar en acero los pedidos que desde distintos puntos de la geografía española le encargan, llevándolos a ejecución cuando alcanzan un acuerdo el cliente y el artista, aunque a veces no se llegue a conseguir y las ideas se quedan en el limbo de los pensamientos, pero en alguna ocasión al final le vence la rama artística y acaba plasmando en acero la idea que finalmente no se pudo acordar entre el escultor y el cliente.
En las siguientes fotos se ve a Angel Lucas junto a su hijo pequeño (que siendo licenciado en Historia tira más por el oficio paterno) ante una de esas obras a la que no se llegó a cerrar el acuerdo, pero que él quiere acabar, tratándose en esta caso de una escultura representando a una escaladora.

 dama sonando el violín    pintado el paisaje montañoso

En su taller pude ver la escultura que tiene hecha de unas cigüeñas, una posada en el suelo picoteando en el suelo como si estuviera comiendo y otra en el nido con las alas desplegadas en actitud de echar a volar para abandonar el nido, obra que irá a embellecer el pueblo madrileño de Torres de la Alameda.
En la rotonda que hay en la carretera M-607 que lleva desde Madrid hasta al puerto de Navacerrada, a la altura de una de las entradas a la urbanización "Las Praderas", hay un grupo de esculturas con referencias a LAS LETRAS (Cerceda), mostrando la figura de un hombre con gafas sosteniendo con la mano izquierda un libro; LA MÚSICA (Mataelpino), con la escultura de una dama haciendo sonar un violín, y LA PINTURA (El Boalo), con la escultura de un hombre tocado con una gorra, sujetando la paleta de colores con la mano izquierda y un pincel en la derecha, en actitud de pintar un cuadro del paisaje montañoso que tiene delante de él, las montañas de la Sierra. En las fotos que se muestran a continuación se puede ver a la izquierda a la dama que toca el violín y en la de la derecha al pintor, pudiéndose apreciar en estas esculturas lo bien que ha trabajado las arrugas de la ropa, véanse las de la chaqueta del pintor.

 dama sonando el violín  pintado el paisaje montañoso

En la siguiente foto se puede ver uno de los tres carteles hechos en acero por Angel Lucas viéndose en este caso el que corresponde al que el artista hace como dedicatoria de Cerceda "A LAS LETRAS", y en los otros dos están las correspondientes dedicatorias de Mataelpino a "LA MÚSICA" y el de EL BOALO a "LA PINTURA".

 cartel de LAS LETRAS y Cerceda

En pueblos de Madrid se pueden ver algunas de sus obras y por ejemplo en Ciempozuelos dejó su impronta con la escultura de un vaso campaniforme, en El Escorial tienen una estatua de la madre fundadora de las Salesianas, en Torres de la Alameda se puede ver su obra que representa un encierro y está en el frontal de la plaza de toros, en Cercedilla tiene la escultura de una mula cargada con restos de pinos, en Ciempozuelos también tiene representada en otra obra a una mujer joven llevando una carretilla cantarera con dos cántaros, en San Martín de Valdeiglesias tiene la escultura de un barco, en El Boalo, junto a la entrada a la urbanización Sierra Bonita, se puede ver otra de sus obras que es una mano sosteniendo una gran piedra que estuvo en la sala de autopsias del cementerio, piedra que las gentes de ese pueblo quisieron conservar y allí está.
En la foto que sigue, se puede ver la mano sosteniendo esa piedra sobre la que se hicieron disecciones y que pesa una poco más de una tonelada, viéndose el agujero central por el que se evacuaban líquidos y fluidos corporales.

 mano sosteniendo la piedra

En la leyenda que se encuentra en una placa junto a la escultura, se puede leer junto a brevísima historia de El Boalo, Cerceda y Mataelpino, una frase dedicatoria como homenaje a un pueblo y dice :

El conjunto escultórico que compone la mano sosteniendo la piedra, representa el vínculo entre el pasado, el presente y el futuro y constituye un homenaje a nuestros antepasados.
La piedra extraida y labrada a mano por canteros del lugar tiene una antigüedad aproximada de unos 200 años y ha formado parte de la realidad más íntima de la vida de las gentes de El Boalo todo este tiempo.
La mano es un diseño del autor Angel Estévez Segovia con la que ha pretendido ensalzar La Vida y plasmar el esfuerzo del trabajo diario. Se orienta el conjunto hacia la salida del sol en señal de ofrenda y agradecimiento; está realizada en acero y hormigón, tiene una altura de tres metros y un peso de unas dos toneladas.


siendo esta leyenda más o menos dictada por el propio artista.

En Cerceda tiene esculturas en varias rotondas y además de las dichas unas líneas más arriba en la que se representa la dedicación de las tres poblaciones que conforman el municipio de El Boalo, en la rotonda que hay en la carretera M-607 junto a la gasolinera Shell, en la que están las esculturas de tres toros, en la de salida de Cerceda hacia la carretera anterior y la M-608 están representados dos canteros, uno de ellos con el mazo en actitud de golpear una piedra, el otro con una barra tratando de mover otra piedra y se ve la caseta que representaba la fragua de la cantera. En Mataelpino tiene el nombre de esta población hecho de hierro y con una "caligrafía" muy artística y también la escultura de un águila culebrera con la presa entre sus garras, escultura que se puede ver en la carretera que va desde Mataelpino a El Boalo y que se muestra en la siguiente foto. En esta escultura se aprecia lo bien que están plasmadas las plumas del ave y en esa actitud de golpear con el pico la cabeza de la culebra, pudiéndose apreciar los ojos del águila cuando se mira la escultura teniendo el cielo como fondo.

 el águila con la culebra como presa

Para la realización de estas esculturas ha empleado "acero corten" que es una tipo de acero que debido a su composición hace que al oxidarse, las piezas hechas con él estén protegidas contra la corrosión atmosférica, sin tener apenas variación sus características mecánicas. La capa de óxido creada, le hace impermeable a la humedad, con lo que no sigue hacia en interior de la pieza al proceso de oxidación y como consecuencia de ello no hay que aplicar ninguna otra protección como pudiera ser la pintura. En su composición contiene cobre, níquel y cromo, que además de proteger la escultura, le da una tonalidad roja anaranjada que hace que la obra tenga un aspecto muy bonito, por lo que es muy apreciado por los escultores y otros profesionales que lo utilizan y además, con el paso del tiempo se hace más agradable a la vista.
Para sus trabajos hace uso de distintas soldaduras, tanto la eléctrica como la de oxiacetileno y también usa a veces la de arco con electrodo de volframio, aunque ésta más excepcionalmente, teniendo este tipo de soldadura la ventaja de que hace que se funda el propio material al que se la aplica, con lo que el aspecto, podríamos decir que es más limpio que con las otras soldaduras.
En la foto que sigue se puede ver el terminal de soldadura que emplea con electrodos de volframio y para dar una idea del arco eléctrico que se produce, se acordaba de cuando venían aquellas gentes para proyectar películas en la plaza de la Constitución o en la glorieta del Caño y se veía a simple vista como saltaba el arco voltáico para producir la luz suficiente que permitía proyectar las imágenes del "cine".
Emplea ese sistema, junto con la presencia de un gas inerte como protección, para soldar piezas de acero inoxidable sobretodo y es conocido como soldadura TIG (acrónimo inglés de Tungsten Inert Gas o gas inerte de tungsteno), soldadura por arco que usa alta frecuencia con electrodos de volframio (o tungsteno) que alcanza una temperatura de 1.350 ºC y en el espacio de soldadura se crea una protección, mediante el empleo de un gas inerte como el argón, que protege el metal a soldar de la contaminación atmosférica debido a la presencia del oxígeno.

 el águila con la culebra como presa

En Cerceda se puede contemplar otra de sus obras, la cúpula de la capilla del cementerio y ahora también está trabajando en una obra que, según me dijo, será una donación que irá a la iglesia de nuestro pueblo, obra que podremos contemplar sin pasar mucho tiempo y que tuve el privilegio de ver distintos bocetos e incluso maquetas del rostro de Jesucristo.
Y parte de su tiempo lo dedica, entre otras cosas, en trabajos de colaboración con otros escultores que le conocen, en la elaboración de las esculturas que tienen contratadas.
Estas fotos y este breve reportaje, creo que es de justicia para dar a conocer la labor de un artista que tenemos en el pueblo, que alterna su rama artística con el trabajo de cerrajería y que sinceramente yo no conocía así como muchos conciudadanos, pero me llamó mucho la atención el conocer su obra y me ha llenado de satisfacción el saber de su trabajo.


© 2006 - Antonio López Hurtado