El lavadero municipal

(pasando el puntero sobre cada foto se puede ver la leyenda)

En este pueblo siempre ha habido bastante agua y las gentes se afanaron por conseguir ese líquido vital a lo largo de los tiempos, pero es a finales del siglo XX, cuando se acabaron las obras de captación de aguas de la zona de la Ladera conocida como El Robledo y la inauguración de la fuente "Nueva" o la que es llamada de los Cuatro Caños, cuando da inicio la historia de la construcción de un lavadero municipal, lamentablemente desaparecido hoy día, y vamos a ver los hechos que se sucedieron hasta ver culminada esa obra que supuso un gran adelanto para el pueblo.

Hubo una reunión en la Casa Consistorial, el día 8 de septiembre de 1885, a la que asistieron muchos vecinos, y acordaron con el Ayuntamiento la construcción del lavadero, viéndose en el acta levantada al respecto que el Alcalde Presidente se manifestó así :
toda vez a que la obra de traida de aguas a esta población ha costado sacrificios inmensos a todos los vecinos y con el fin de que el considerable caudal de aguas que produce tenga aplicación en beneficio general de todos los moradores no solo en la presente sino en épocas venideras y no se pierda infructuosamente sin ningun objeto sera conveniente construir un lavadero, único medio de utilizarlas y como complemento de la obra que tanto realce ha de dar a la población.
Sigue el acta diciendo que para la realización «impetraba» el auxilio del vecindario exhortándole a contribuir con la misma energía que lo ha hecho en la obra de traída de las aguas del Robledo, y en su consecuencia penetrados los concurrentes de lo expuesto por el Sr. Alcalde y acogiendo su idea como de suma utilidad por unanimidad acuerdan : Se proceda a la construccion del antedicho lavadero cubierto comprometiéndose contribuir los canteros con la saca de losas que sean necesarias a partes iguales : los carreteros con el acarreo de esta losas y la demas piedra de mampostería para su confeccion y los demas con la prestacion que se necesite para escabación arranque de piedra de mampostear y ayuda a cargarla quedando de cuenta del Municipio el demas coste de construcción y compra de materiales precisos autorizando al Ayuntamiento para que elija la persona que se encargue de la Dirección de los trabajos.
Siguen muchas firmas empezando por los señores del Ayuntamiento y continuando con las de los vecinos asistentes a la reunión, y se ve la del Sr. Alcalde Pascual Domínguez, siguiendo los concejales Luciano Balandín, Demetrio Pérez, Casto Guerra, Ramón González y Eusebio González. Siguen firmas de los vecinos Tomás Sepúlveda, Pedro González, Toribio Berrocal, Bonifacio Muñoz y otros 35 vecinos más, aparte de los 18 que no sabían firmar y rogaron firmaran por ellos, cosa que hizo Eusebio González, hallándose entre estos últimos Victoriano Barroso, Vicente Sepúlveda, Juan Martín, Romualdo Sastre, Guillermo Sepúlveda, Ángel Balandín, Eugenio Estévez, Francisco González, Julián Gómez, Máximo Sastre, Ángel Balandín, Sinforiano Segovia, Francisco Sancha, Julián Solís, Pedro Baonza, Hilario González, Julián González Segovia y Alejandro Estévez.
En total firmaron 64 personas, lo que da idea de que la reunión fue muy importante al reunir a tantos vecinos, pues se trataba de construir un lavadero que suponía el que no se tenían que hacer desplazamientos fuera del pueblo para lavar la ropa, aunque fuera en arroyos próximos a la localidad, y seguidamente se muestra parte del acta en la que aparecen las primeras firmas, encabezadas por las autoridades.

primeras firmas


Fue el día trece de septiembre de 1885 cuando se celebró en la Casa Consistorial la sesión, bajo la presidencia del Sr. Alcalde D. Pascual Domínguez González, en la que se reunieron los Señores Concejales del Ayuntamiento D. Luciano Balandín González, D.  Demetrio Pérez Martín, D. Casto Guerra Balandín, D. Ramón González Muñoz y D. Eusebio González Pozo, asistidos por el Sr. Secretario, D. Ángel González Solís, y después de leída y aprobada el acta de la sesión anterior, y tratados varios asuntos, acordaron que toda vez a que como complemento de la obra de la fuente había que construirse un lavadero como único medio de utilizarse las aguas, se proceda a celebrar la oportuna subasta de las obras de mampostería del mismo, redactándose al efecto el oportuno pliego de condiciones.
Y en ese pliego de condiciones se estipularon los requisitos que había que cumplirse para la construcción del lavadero y entre ellos se dice que la subasta se celebrará en la Casa Consistorial a las doce de la mañana del día veinte de septiembre, que para tomar parte hay que ser mayor de edad, y que el objeto del remate son las obras de mampostería para la construcción del lavadero, que los muros serán edificados de piedra en seco y bien apiconados sus paramentos y dejando los huecos que designe el encargado de la obra elegido por el Ayuntamiento, que los muros de edificio serán de dos metros ochenta centímetros de altos, por quince metros cuarenta centímetros de largo y las juntas estarán dadas por fuera y por dentro con mortero de cal y arena y el espesor de los muros será de sesenta y cinco centímetros.
La saca de las piedras de los ángulos será de cuenta del contratista, así como su labra y colocación siendo sus dimensiones de ochenta y cuatro centímetros de longitud por cuarenta y dos de fondo y cuarenta de alto y construirá los pilones para el lavadero con las dimensiones que se le dirán oportunamente.
Será de cuenta del Ayuntamiento la piedra de mampostería y sillería para los huecos, así como la cal y arena necesaria, y los muros de los pilones se construirán con mortero de cal y arena, siendo de cuenta del contratista el losado de los pilones y pasillos, así como el tendido de cal de los pilones.
Se dice en otro de los puntos del pliego de condiciones que el tipo de la subasta se fija en cuatro pesetas con doce céntimos el metro cúbico de mampostería tanto para los muros como para los pilones y setenta y cinco céntimos de peseta el metro superficial de enlosado del pavimento de pilones y de pasillos, y la obra se acabará en treinta días a partir del quinto desde la subasta, haciéndose el pago en dos plazos iguales, el primero a los quince días y el segundo a los treinta.
Otro punto dice que de la cantidad a librar al contratista hay que dejar en fondos municipales el 10% como fianza para responder de las obras, y la suma no se le entregará hasta que se practique la recepción definitiva de las obras. Es de cuenta del contratista colocar las rejas en las ventanas y dar de llana con barro el interior y blanquear con lechada de cal y el Ayuntamiento se hará cargo de las excavaciones para los cimientos y la caja de los pilones, y las proposiciones de la subasta se harán por pujas a la llana, es decir abiertamente de viva voz.

A continuación se puede ver la cabecera del pliego de condiciones que hay anexo al acta de la sesión del Ayuntamiento en la que se acordó la construcción del lavadero, documento que se encuentra en el expediente del Archivo Municipal.

pliego de condiciones


El día 27 de septiembre de 1885 a las doce de la mañana se celebró una sesión en la Sala Consistorial con el fin de proceder a la subasta de las obras para la construcción del lavadero, siendo presidida por el Sr. Alcalde D. Pascual Domínguez, en base al pliego de condiciones, el cual se leyó, de manera que enterados los presentes se procedió a admitir proposiciones y Francisco Morato Delgado cubrió la cuota, pero Escolástico Bermejo se comprometió a hacer el metro de mampostería por un céntimo menos del tipo marcado en el pliego de condiciones y se sucedieron diversas pujas entre distintos licitadores, los mencionados, Juan González y otros, y a la última de las tres palmadas se adjudicó el remate en Antonio González y Pérez, portugués, como mas ventajoso postor al obligarse a hacer cada metro cúbico de mampostería por tres pesetas con noventa y cinco céntimos, y el solado de los pilones a los setenta y cinco céntimos de su tipo, el cual, hallándose presente se obligó a ejecutar las obras de acuerdo a lo estipulado en el pliego de condiciones y además presentó como fiador a Basilio Sanz (no pone el segundo apellido, pero por la fecha dicha en el documento tenía que ser Basilio Sanz Esteban), que también lo aceptó.
Con esto se dio por finalizado el acto, firmando y siendo testigos Melchor Antuñano y Aniceto González, y en el documento aparecen las firmas de Pascual Domínguez, Luciano Balandín, Demetrio Pérez, Casto Guerra, Ramón González y Eusebio González, y a ruego del rematante Antonio González firmó Sinforiano Morato.

Gracias a la petición hecha por el Sr. Alcalde, D. Pascual Domínguez González, en la sesión celebrada el día 8 de septiembre impetrando la colaboración del vecindario, la respuesta fue muy generosa y se elaboró un padrón de vecinos que iban a contribuir como jornaleros en la construcción del lavadero, por acuerdo de la fecha antedicha, y encabezan la lista de ese padrón Ángel González, Aniceto González, Antonio José Maya, Aniceto Prados, Alejandro Martínez, ... y así una lista en la que aparecen los nombres de las personas comprometidas para trabajar, así como las fechas de compromiso, en la que también aparecen mujeres, aunque algunas personas no hicieron nada por distintos motivos, como Bárbara Berrocal Morales, que ya tenía 74 años y Luisa Uranga Azeolaza que era mayor con sus 70, y de dicho documento donde viene esa relación de las personas del vecindario que se presentaron como jornaleros para colaborar en las tareas de construcción del lavadero, se muestra seguidamente la primera parte del mismo.


cabecera


Entre los varones que estaban apuntados en ese padrón y que no participaron por edad estaban Sinforiano Morato Delgado y Manuel Sepúlveda González, Hermenegildo Cabañas González, que era médico del pueblo ya retirado, y Leonardo Novel, párroco de entonces. En esa lista estaba la viuda de Pedro Martín Arcones, que era Juliana García Martín, que tampoco participó por su edad.
Pero más mujeres colaboraron en las tareas y fueron Antera Muñoz Sepúveda, Engracia Laboyga Taillet, Francisca Sepúlveda Martín, Francisca Perea Casalina, Feliciana Muñoz Sepúlveda, la viuda de Evaristo Bernal, que era Antonia Berrocal Ramírez, María Balandín, Maximina Solís Sepúlveda, Petra Martín González y Victoriana Domínguez Turégano.
María Losada Paredes, que era viuda de Julián Santos, estaba apuntada y contribuyó junto con sus hijos, que eran dos varones y dos hembras, y Mateo López, del que se hace mención más adelante, contribuyó con 100 pesetas, lo que hace que en total colaboraron 62 varones y 17 hembras, toda una lección de participación ciudadana para beneficio del pueblo.
Con estos datos se puede decir que más del diez por ciento de la población participó como voluntaria haciendo labores y colaborando para la construcción del esperado lavadero, como se hizo en la obra de la traída de aguas del Robledo, lo cual es motivo de satisfacción para los vecinos del Moral.

Hubo una sesión el día 8 de octubre de 1885 celebrada bajo la presidencia del Sr. Alcalde, D. Pascual Domínguez, en la que se acordó que la Alcaldía ajustase a jornal todas las obras de carpintería del lavadero.

En otra sesión celebrada en el Ayuntamiento el día once de octubre de 1885 se trató de que careciendo de piedra para la construcción del lavadero, se extraiga de la cantera de Casto Guerra abonándole cincuenta céntimos de peseta por cada carro, que es el último precio al que se ha comprado.

Análogamente a lo que se hizo con los voluntarios jornaleros, se hizo otro padrón de canteros que se comprometieron a hacer la saca de tantas losas y demás piedras como fueran necesarias en la construcción del lavadero, y en ese documento venían expresadas las personas, el tipo de pieza de piedra que se comprometió a hacer cada uno así como la cantidad, dimensiones y si se entregó o no, y los tipos de piezas que se hicieron fueron agujas, batientes, dinteles, jambas, losas, soleras y tranqueros, comprometiéndose a hacer un total de 137 losas, de las que se entregaron 130, 4 dinteles, 6 agujas, 8 jambas, 6 soleras y 14 tranqueros, 2 batientes y todos hicieron más de una pieza.
Y en ese padrón de canteros que se hizo, se anotaron, como se ha dicho, las personas comprometidas, las piedras realizadas y si la había entregado, mostrándose seguidamente parte del documento del padrón con expresión de lo que se ha mencionado, viéndose algunos de los que hicieron losas, agujas, soleras y tranqueros así como las dimensiones.

canteros


Las losas se hicieron de varios tamaños, la mayor parte fueron las que medían de 1 metro de largo por 0,75 m. de ancho y 15 centímetros de grosor, pero también las había de dimensiones 0,75x0,55x0,14 y de 0,90x0,83x0,14 y unas pocas menos de 0,83x0,81x0,14. Se hicieron tantas ya que además de las que se pusieron en los bordes de los pilones para restregar la ropa, los pilones se enlosaron, según se ve en otro documento del expediente de construcción del lavadero, y se cubrieron con losas 29 metros cuadrados de los pilones.

En el expediente de construcción de este edificio que se realizó para que las mujeres lavaran la ropa, se encuentran documentos con relaciones de personas que hicieron de jornaleros, como se ha dicho cuando se ha dado cuenta del padrón de voluntarios, y hay un documento por día con la lista de las personas a las que les correspondía trabajar esa jornada, empezando el 19 de septiembre de 1885 y terminando el día 17 de enero de 1886. También prestaron su colaboración los carreteros, y aunque alguno no fuera carretero, como Vicente Martínez, el ganadero, si que puso sus carros para transporte de piedras y materiales, y es curioso ver que donde viene su nombre, lo anteceden con el Don. El número de carreteros que intervinieron fue de 34, los cuales trabajaron durante 30 días, y los peones trabajaron desde el 18 de septiembre hasta el 17 de enero de 1886.

Seguidamente se muestra un cuadro en el que aparecen los carreteros que pusieron sus carretas para el transporte de materiales, generalmente piedra, cuántos carros pusieron o cuántas carretadas hicieron y en qué fecha de 1885 o 1886.

Carretadas y carros que se usaron en las obras del lavadero ⇒ fecha - carretero - nº de carros
19-09-85 Vicente Martínez Sainz 1 19-09-85 Basilio Sanz Esteban 1 19-09-85 Bonifacio Muñoz Sepúlveda 1
23-09-85 Simón Arrieta 2 23-09-85 Julián Solís Sepúlveda 1 23-09-85 Julián Morales 1
23-09-85 Gregorio Alonso 1 24-09-85 Simón Arrieta 2 23-09-85 Julián Solís Sepúlveda 1
24-09-85 José Hernando Mazarías 1 10-10-85 Luciano Balandín González 1 12-10-85 Guillermo González Solís 1
12-10-85 Hilario González del Pozo 1 12-10-85 Demetrio Pérez 1 14-10-85 Juan González González 1
14-10-85 Manuel Taillet González 1 16-10-85 Ramón González Muñoz 1 17-10-85 Saturnino Estévez Balandín 5
17-10-85 Toribio Berrocal Ramíz 4 17-10-85 Tomás Sepúlveda González 5 18-10-85 Tomás Hernando González 1
18-10-85 Ramón González Muñoz 1 20-10-85 Vicente Martínez Sainz 1 20-10-85 Victoriano Barroso Llorente 1
21-10-85 Vicente Martínez Sainz 1 21-10-85 Eugenio González Sepúlveda 1 22-10-85 Vicente Martínez Sainz 1
22-10-85 Antolín González Sepúlveda 1 28-10-85 Alejandro Estévez Balandín 1 28-10-85 Bonifacio Muñoz Sepúlveda 1
29-10-85 Bonifacio Muñoz Sepúlveda 1 29-10-85 Casto Guerra Balandín 1 30-10-85 Demetrio Pérez 1
30-10-85 Gregorio Alcón García 1 30-10-85 Pascual Domínguez González 1 31-10-85 Casto Guerra Balandín 1
31-10-85 Hilario González del Pozo 1 02-11-85 Guillermo González 1 02-11-85 Hilario González del Pozo 1
17-11-85 Saturnino Estévez Balandín 1 27-11-85 Toribio Berrocal Ramírez 1 27-11-85 Tomás Hernando González 1
29-11-85 Tomás Hernando González 1 29-11-85 Vicente Martínez Sainz 1 30-11-85 Vicente Martínez Sainz 1
30-11-85 Victoriano Barroso Llorente 1 02-12-85 Victoriano González Rubio 1 02-12-85 Eugenio González Sepúlveda 1
09-12-85 Manuel Sepúlveda González 1 09-12-85 Simón Arrieta 1 10-12-85 Alejandro Lázaro Yangües 1
10-12-85 Viuda de Agustín González 1 13-12-85 Julián González Morales 1 13-12-85 Antolín González Sepúlveda 1
15-12-85 Julián González Segovia 1 15-12-85 Basilio Sanz Esteban 1 16-12-85 Basilio Sanz Esteban 1
17-12-85 Basilio Sanz Esteban 1 17-12-85 Ángel Balandín González 1 20-12-85 Francisco Morato Delgado 1
20-12-85 Manuel Sepúlveda González 1 20-12-85 Vicente Martínez Sainz 1 20-12-85 Alejandro Lázaro Yangües 1
20-12-85 Ángel Balandín González 1 02-01-86 Saturnino Estévez Balandín 1 02-01-86 Ramón González Muñoz 1


La viuda de Agustín González, cuyo segundo apellido es Martín, era María Francisco Benito, su segunda esposa.

En la sesión celebrada el día 23 de octubre de 1885, el Sr. Alcalde, D. Pascual Domínguez, dijo que estando ya para terminarse las tapias del lavadero, sería conveniente adquirir todos los materiales necesarios para terminar, y se acuerda autorizar a Mateo López (Ortega) el adquirir las puertas, ventanas, cañería de plomo, maderas y demás útiles necesarios para su terminación completa, pagándose todo de los fondos municipales.

Y entre los papeles del expediente archivado para la construcción del local de lavadero se encuentran documentos donde constan las maderas que se utilizaron para la cubierta del tejado, que eran 4 limas de 18 pies y medio, siendo la lima el madero que se coloca en el ángulo que forman dos vertientes o faldones de la cubierta. 10 rollos de 17 pies, siendo el rollo un madero redondo descortezado y sin labrar, formando un cilindro. 34 docenas de ripias de 7 pies, y se llaman ripias a la tablas delgadas, desiguales y sin pulir que van debajo de las tejas. 20 pies de solera en 6 tramos de 20 pies, y la solera en nuestro caso es el madero para que en él descansen otros, por lo general en posición vertical. Otros 56 pies de solera en cuatro tramos de 14 pies. 56 pies de estribo en 6 tramos de 20 pies, siendo estribo el madero que a veces se coloca horizontalmente sobre los tirantes, y en el que se embarbillan o ensamblan otros inclinados y se apoyan los pares de la armadura del tejado. 6 tirantes de 8 pies, siendo el tirante la pieza de madera colocada horizontalmente en la armadura del tejado. 32 pies de parhilera en dos tramos (en el documento pone parilera), siendo la parhilera el madero de la parte superior de una cubierta sobre el que descansan los pares de la armadura, y se dice par a cada uno de los dos maderos que en un cuchillo de armadura tienen la inclinación del tejado, o el triángulo que forman dos pares y un tirante con sus demás piezas, y otras piezas de madera que se compraron para el tejado fueron 12 cargaderos de 1,50 metros de largo cada uno.
Para mejor comprensión de estos términos de construcción y ver lo que son, se muestra seguidamente un dibujo de la estructura o armazón de parte de la cubierta de un tejado a cuatro aguas, mostrándose partida por la mitad.

cubierta


Hay un documento en el archivo municipal, entre los que constituyen el legajo relativo al lavadero, que está encabezado así : Inauguración del lavadero público de esta población y se refiere a los hechos que vamos a ver seguidamente.
Se reunieron el día veintiuno de febrero de mil ochocientos ochenta y seis, bajo la presidencia del Sr. Alcalde D. Pascual Domínguez, los señores que componen la Corporación municipal asistidos por el Secretario D. Angel González, con el fin de la inauguración del local del lavadero que ya se halla terminado por completo, y acudieron a las nueve de la mañana a dicho local, viendo que los pilones y demás partes del edificio se encontraban completamente terminados y en disposición de abrirse al público, por lo que desde este acto lo confirmaron y regularizaron y uniformaron el régimen que habría de seguirse según unas bases que se pueden resumir en :
que no se podían introducir ropas de enfermedad contagiosa o epidémica; que las aguas son exclusivamente para el lavado de ropa; que de los dos pilones que tiene el lavadero, el primero o de más arriba, donde entra el agua, se destina exclusivamente para el aclarado, y el segundo para el enjabonado y que no se permite alterar este orden.
Además cada persona solo tendrá derecho a ocupar una losa salvo el caso de mucha concurrencia, de manera que en dos losas se coloquen tres personas; no se concede distinción ni preferencia alguna a las personas que concurran al lavadero; la que tenga elegido sitio para lavar no podrá ser molestada por otra así como reservar puesto unas para otras; cuando las ropas que se vayan a lavar se encuentren muy sucias, con demasiada porquería, deberán colocarse las personas que las lleven en la parte más baja del pilón de enjabonar para que las basuras sean arrastradas con rapidez hasta tanto se coloquen las pilas exteriores que ha de colocar el Municipio.
Las personas que concurran al local guardarán el mayor orden y compostura sin proferir insultos ni palabras ofensivas; se determina que la inspección y vigilancia del lavadero queda por ahora a cargho de Julián Gómez, designado por el Ayuntamiento, que abrirá la puerta diariamente a la salida del sol y la cerrará al oscurecer y será él exclusivamente quien suelte el agua de los dos pilones y limpiará cada ocho días, no permitiendo que lo haga ningun otro no delegado por el mismo.
El andén o pasillo alrededor de los pilones quedará expedito para entrar y salir y los que contravinieran alguna de las disposiciones antedichas serán sancionados con la multa de una peseta por primera vez, dos la segunda y tres la tercera sin perjuicio de ser privados de volver a lavar en el local.
Para conocimiento de estas disposiciones se pondá un edicto o bando en el local lavadero y otro en el sitio público del pueblo con el fin de que nadie alegue ignorancia. Y con esto se dio por terminado el acto, acordando quede desde ahora abierto al público, y firman Pascual Domínguez, Luciano Balandín, Demetrio Pérez, Casto Guerra, Ramón González, Eusebio González y el Secretario Ángel González.

Algunas familias tenían en el patio de sus casas unas pilas hechas a base de piedra granítica, donde podían lavar, eran lavaderos hechos por labrantes de piedra a base de puntero y uñeta, pilas que se usaban sobretodo cuando no había todavía el lavadero municipal, y la mayoría de las mujeres que no iban a los arroyos, aunque ya después lavaban la ropa en el lavadero, mostrándose en la foto de la izquierda la pila usada para lavar Leonor Balandín, madre de María Teresa de Antonio, pila que conserva la hija en el patio de su casa.

pila para lavar


En el año de inauguración del lavadero, era alcalde del Moral el vecino Pascual Domínguez González y hay cuentas rendidas en el Ayuntamiento, cuando era también por esas fechas responsable de la Depositaría del municipio Basilio Sanz Esteban, y concretamente en un documento que conservaba su hijo Basilio Sanz González en el que consta la "Liquidación que se forma a Basilio Sanz, cobrador de propios", y aparecen cuentas del año 1883 a 1884 y que continúa en otras hojas con la de 1884 a 1885, y las de 1885 a 1886, y en esta última hoja aparece lo referente al lavadero, que son los pagos realizados por el Ayuntamiento por diversos gastos, que ascienden a 376,40 pesetas, habiendo distintas partidas que se exponen seguidamente.
Se pagó a Doroteo Arévalo la cantidad de 22,50 pts. el día 10 de octubre de 1885 por el concepto de plomo y jornales lavadero; al mismo el día 10 de agosto de 1885, por jornales de la fuente, otras 22,50 pts.; el día 1 de octubre de ese mismo año se pagaron a Manuel González (que era el encargado de la tejera) 56,70 pts. por 1.600 tejas lavadero; y hay otra partida por la que se pagaron 193,16 pesetas en el día 22 de octubre también de 1885 por porte de madera lavadero, y esas cuentas figuran acabando el documento con "Moralzarzal 8 de Abril de 1886".

Siempre se encuentran documentos que los vecinos del pueblo conservan en sus casas, muchas veces sin ser conscientes de tenerlos, y un caso de estos es el de cuando Basilio Sanz Esteban era Depositario del Ayuntamiento, y entre los papeles que tenía en la casa donde vivía en la plaza del pueblo, hay uno en el que consta la liquidación correspondiente a 1885-1886 de la que se ha hecho mención más arriba, y entre las partidas hay una que se muestra a continuación.

liquidación


Doroteo Arévalo, cuyo segundo apellido era Perdiz, fue una persona venida a nuestro pueblo a trabajar, siendo natural de Casar de Talamanca, falleciendo en Moral en el mes de enero de 1.897 siendo soltero, a la edad de 59 años, y parece ser que no disponía de dinero ya que fue enterrado de "caridad", y recibió la extremaunción por medio del cura D. Remigio Muñoz y Coello, que llevaba en el pueblo un año más o menos.
El encargado de la tejera entonces era Manuel González Rodríguez, y se le volvió a arrendar el tejar al terminarse el tiempo de arrendamiento el primero de abril de 1905, pero se le concedió por dos años más, haciendo tejas y ladrillos al precio de 4 pesetas las 100 tejas y a 3,25 pesetas los 100 ladrillos para construcciones del pueblo y libertad de precio para forasteros.

Siempre que se accede a un local que está sujeto a normas, en esta caso las disposiciones y normas para obligarse a cumplirlas, no pasa mucho tiempo y alguien contraviene alguna, por lo que es sancionado, y en este caso la primera multa impuesta por el Ayuntamiento fue al cabo de poco más de un año, el 15 de julio de 1887, que fue una multa de una peseta, mostrándose a continuación la misma en papel del Estado, viéndose claramente el nombre de la mujer sancionada y la firma del Sr. Alcalde de entonces, D. Aniceto González y la del Secretario Ángel González.

multa


El Ayuntamiento nombraba a vecinos para desempeñar las funciones de vigilante del lavadero, que tenía como misión la de velar por el cumplimiento de las normas, apertura y cierre del local y la limpieza de los pilones, y así tenemos que en el acta de la sesión celebrada el día 16 de noviembre de 1902, consta que habiendo cesado en el desempeño de su cometido el encargado del lavadero municipal Patricio Mayoral Balandín por ausentarse del pueblo, el Ayuntamiento nombra sustituto a Miguel González de la Rubia con el sueldo anual de 60 pesetas, pero 3 años más tarde este mismo encargado renuncia al cargo, así como al de guarda municipal que también desempeñaba, para poder acceder al puesto de alguacil.

En el acta de la sesión que hubo el 20 de mayo de 1905 se trató de problemas de saneamiento de los sobrantes del agua del lavadero y de la subasta y gestión de los mismos y limpieza periódica del lavadero para concederla por 20 años.
El 25 de noviembre de 1905 se trató de la renuncia del encargado Miguel González de la Rubia que quiere ser alguacil y no se le concede, y además es guarda municipal.
Es adjudicatario del servicio de encargado del lavadero desde 1906 hasta 1909 el vecino Francisco Balandín Prados.
En sesión del 8 de enero de 1910 se celebra la subasta, al tipo de 70 pesetas, del puesto de encargado del lavadero por haber vencido el contrato del actual encargado.
Unos días después tuvo lugar la subasta del servicio de asistencia del lavadero para 1910 y 1911, y el contrato a firmar estaba sujeto a unas condiciones entre las que se encontraban : el encargado del lavadero tiene la obligación de abrir todos los días por la mañana temprano, y cerrar al anochecer para evitar que en local se ocasione ningun daño. Que dos veces por semana por lo menos, se limpiarán los pilones desocupándolos y dejándolos perfectamente barridos, y se podrá hacer más veces si así lo mandan las autoridades. El encargado del servicio vigilará para que se observen y cumplan todas las reglas tanto higiénicas como de orden, debiendo dar cuenta al Alcalde de todo lo que se contraviniera, de modo que éste tome las medidas correctoras. Se fijó el tipo para la subasta en 50 pesetas y se admiten en baja del tipo, y la cantidad en que se adjudique el contrato se satisfará de fondos municipales por trimestres vencidos, siendo la duración del contrato desde la fecha de la adjudicación hasta fin de diciembre de mil novecientos once, es decir, o sea por dos años, siendo dictadas estas normas el día diez de enero de 1.910.
La diligencia de la subasta tuvo lugar el 16 de enero de ese mismo mes y año bajo la presidencia del Sr. Alcalde D. Pablo González Sanz, con los señores concejales y el Secretario. Leidas las condiciones y enterados los concurrentes, se cubrió la cuota y tras varias pujas, fue adjudicada a Miguel González de la Rubia, vecino del pueblo, como mejor postor, por el precio de cuarenta pesetas cada año, el cual acepta el contrato y se obligó a cumplirlo, firmando con los señores del Ayuntamiento, el Miguel González y el Secretario Maximino Sánchez, mostrándose seguidamente las firmas del contrato.

contrato


El día 26 de mayo de 1923 se da el cargo de encargado del lavadero a Rufino Estévez por 66 pesetas con 50 céntimos, y se le adjudica a Juan López González desde 1923 a 1925.
En 1938 se le concede el servicio a Sofía Bordón de la Rubia y en 1939 a Francisca Segovia Madrid, siendo Eugenia González Barroso la vecina del pueblo a la que se le concede en los años 1941, 1944, 1953 y 1955. Esta mujer era hermana de la única mujer que ha llegado a ser alcaldesa en Moralzarzal, hasta la fecha, que se llamaba Rufina González Barroso, que lo fue en 1939. Como el sábado no se abría el lavadero, Eugenia lo limpiaba a fondo con cepillos de raíz el viernes por la tarde o el sábado por la mañana, persona que perdura en el recuerdo de muchas mujeres del pueblo hoy día, aquellas que fueron al lavadero a lavar la ropa o a acompañar a su madre mientras lavaba.

El lavadero tenía dos pilones separados por una medianería y entraba el agua en uno, pasando luego al otro y se iba por la pila que había fuera, y después se perdía.
No había alcantarillado entonces, ya que fue en 1957 cuando se amplió y se enganacharon la salida de la fuente de los Cuatro Caños y la del lavadero al ramal que había cerca de la plaza, donde las cuatro calles.
Los bordes de los pilones estaban hechos con piedras inclinadas hacia el interior, para poder restregar la ropa y que escurriera a dichos pilones, y los trozos o pastillas de jabón había que dejarlos fuera de esas piedras para que no cayeran, aunque a veces se iban de las manos o se dejaba por descuido en las losas de restregar, y se iban al pilón.
La mujeres apoyaban las rodillas en una pieza hecha de madera con cuatro tablas donde ponían un cojín o almohadilla para amortiguar las rodillas y a la vez no se mojaban, pieza que se llamada banquillo y en algunos otros lugares tajuela.
En la foto que sigue se muestra el banquillo usado para arrodillarse y proteger las rodillas cuando se lavaba, pieza que conserva María Teresa de Antonio, hija de Leonor Balandín, mencionada líneas arriba.

banquillo o rodillera para lavar


El sobrante del agua del pilón de la fuente de los Cuatro Caños iba al lavadero, y ese agua utilizada para lavar era motivo de subasta. Las actas de las juntas celebradas por el Ayuntamiento tratan el tema del sobrante de estas aguas y dan cuenta de estas adjudicaciones.

Hubo distintos sucesos o vicisitudes relativas al lavadero reflejadas en las actas municipales, y así en el acta del día 8 de julio de 1900 se fijó el coste del aprovechamiento del sobrante del agua, para el segundo semestre de ese año en 20 pesetas.
En el acta de la sesión celebrada el 8 de abril de 1905, consta que Luis Fernández Martínez, nieto del ganadero Vicente Martínez, solicita el sobrante del agua para regar su huerta, la conocida como "la Huerta", que dio nombre posteriormente a la calle del pueblo que todos conocemos en Moralzarzal, la calle de la Huerta.
De la sesión celebrada el 7 de junio de 1902, se recoge en el acta correspondiente que se recomienda "desbrozar" la ropa de niños y más en la pila exterior del lavadero, antes de pasar por los pilones. El encargado o encargada del local denunciará las faltas que se cometan, es decir que ya se contaba con la pila a la salida del desagüe como se indicaba en el expediente de inauguración del lavadero dicho líneas arriba.
En el acta de la sesión que tuvo lugar el 9 de abril de 1905 se ve que se trató de la situación insalubre de la fuente pública y lavadero, porque se forman charcas de los sobrantes, y solicita esas aguas D. Luis Fernández Martínez para regar "la Huerta", y también se trató de que se haga el vaciado del lavadero dos veces por semana.
En el mes de mayo de 1905, el pleno aborda de nuevo la situación insalubre de la fuente pública y el lavadero, por la formación de charcas con el agua sobrante, y se reitera la solicitud de vaciar dos veces por semana el lavadero, valorándose la subasta y la gestión por un periodo de 20 años.
En el acta de la Junta del día 21 de marzo de 1908 se acuerda sustituir la cañería de plomo y poner tubos de hierro de más calibre entre el pilón de la fuente pública hasta el lavadero, para aumentar el caudal.
Esa no será la única reparación, pues todo el sistema de tuberías es motivo de arreglo diez años más tarde, y en la sesión del 7 de agosto de 1919, el Consistorio aborda el arreglo del sistema de tuberías que dan agua a los caños de la fuente y sus arquetas repartidoras.

En esta foto se aprecia a la izquierda la iglesia, a su derecha el edificio del lavadero y por encima se ven las escuelas que fueron inauguradas en 1951, edificio en forma de V abierta, justo donde el campanario.

lavadero


El lavadero era un lugar en el que concurrían las mujeres del pueblo y se establecían relaciones, digamos sociales, y entre lo que se contaba, el uso de los puestos de lavar, o la forma de lavar, a veces se generaban discusiones entre algunas de ellas y también en determinadas situaciones se llegaba a la riña y discusiones más fuertes, y en el recuerdo de algunas mujeres que iban a lavar, de otras que iban a ayudar a sus madres, o de algunas que recuerdan lo que contaban sus madres o abuelas, se obtiene gran cantidad de anécdotas de los hechos sucedidos a lo largo de la historia del lavadero.

Estas anécdotas están basadas en los recuerdos de mujeres del pueblo que se dicen seguidamente y las hay nacidas en tiempos anteriores a la guerra y de tiempos posteriores, obviamente la mayoría, poniendo entre paréntesis el año de nacimiento, para darnos una idea de lo que sucedió en ese local donde se juntaban a lavar.
Entre las mujeres que contaron sus experiencias hay que mencionar a Baldomera González Domínguez (1929), Josefa López Martín (1930), Isabel Segovia Alcón (1933), Pilar Sepúlveda de Pablos (1934), Mercedes Prados Candelas (1936), Juanita Navas Sanz (1943), Mercedes Rodríguez Ventosinos (1943), Milagros Segovia Sanz (1944), Rosario Guillén Martín (1949), Pilar Martín Pascual (1949) y Magdalena Balandín Segovia (1949).

En el lavadero había dos pilones, en el primero, donde entraba el agua, se aclaraba la ropa, y en el segundo se enjabonaba o como dicen ellas, se lavaba. Cuando la ropa estaba muy sucia como los pañales de los niños o se iba a lavar la ropa usada en un parto, se debía dar un primer lavado en una pila que había fuera del lavadero, a la derecha de la entrada, en la fachada por donde estaba el desagüe. Lo mismo se hacía con las compresas usadas por las mujeres para el flujo menstrual.
Recuerdan que tenían un palo para recoger la prenda que se escapaba y caía a uno de los dos pilones, y otro palo con una cesta para recoger el trozo de jabón que se caía al pilón de enjabonado. Entre los dos pilones había una separación por el que pasaban de un lado al otro y a veces se caía alguna mujer, como le sucedió a Mercedes Sanz Sepúlveda (1909), que estaba embarazada, hecho que me contó Juanita, la hija de esta mujer y dicen que por eso la hija que nació, Mª Nieves, murió a los dos meses, y es que había regañado con otra mujer que parece que entraba en muchas disputas.

Se puede decir que muchas mujeres que iban a lavar hacían el jabón en casa con aceite y sosa, y otras lo compraban por aprovechar más el aceite.
Pilar Martín recuerda que cuando era pequeña, de cuando en cuando iba a su casa a por agua caliente para que Concha, su madre, se calentara las manos, pues el agua del lavadero estaba bastante fría. Esto mismo lo hacían otras mujeres, y así me lo dijo Mercedes Rodríguez, que recuerda que ella lavaba aún siendo pequeña, y que iba a casa a por agua caliente para calentarse las manos, recordando que vino al pueblo sobre 1947, y que lavaba cuando era mocita con unos catorce años más o menos.
Parece ser que había una que mujer quería ser más que ninguna y siempre quería ser la que ocupara el mejor puesto, aunque llegara más tarde que las otras, y tenía discusiones y riñas con otras mujeres. En una de esas riñas, la cosa se puso de tal manera que estando ambas mujeres en la separación que había entre los dos pilones, forcejearon y ambas fueron al agua, cada una a un pilón, y a veces las discusiones eran porque se ponía a enjabonar en el pilón con el agua más limpia, que era en el pilón de aclarado y eso molestaba a las otras mujeres, de manera que surgía la discusión, cosa que recordaba Rosario que le contaba su madre, Juana la “churrera”.
Josefa, que nació en el Berrocal, vino a vivir al pueblo en 1947, y recordaba que ella iba al lavadero así como también al arroyo Venerejo y al arroyo Grande, y que en invierno en este arroyo tenía que romper el hielo cuando iba a lavar. También fue testigo de una riña entre la que quería ser más que las demás y una mujer nacida en Colmenar Viejo y aposentada en el Moral, y cayeron las dos al agua, una a un pilón y otra al otro, cuando estaban discutiendo y peleando en la medianería de los dos pilones, y según recordaba Josefa, dándose tortazos.

Pero además de esas discusiones, la gente se hacía fotos delante del lavadero, y en la que sigue se ve a la derecha del lavadero la pila que se ha mencionado repetidas veces, y a esas tres parejas de novios antes de 1950, estando de izquierda a derecha, José de Antonio y Leonor Balandín, Elena Reguera con la mano sobre el hombro de su novio Mariano López, y Modesta Moreno y Julio Estévez (Tonete).

lavadero


Recordaba Isabel Segovia que un día estaban varias mujeres en el lavadero y ya se iban a retirar con la ropa lavada para ir a sus casas, y en esto que Consuelo Berrocal estaba fuera y Martina la madre de Isabel, que estaba fuera, pasó a aclarar unas sábanas, y cuando entra Consuelo a recoger su ropa, no está, pregunta a Martina y esta no sabe nada. Consuelo pregunta a la otra mujer que quedaba que quién había salido la última y le contesta que Martina. Consuelo le dice a Martina que ella ha sido la última en salir y Martina le dice que no, que había sido la otra, así que se dicen : ¡Tate¡, la otra se ha llevado la ropa. Se van las dos mujeres a casa de la otra y empieza Martina a ver ropa y buscar, y en esto que en una cantarera encuentra unas prendas dentro de una cántara y pregunta a Consuelo que si esa era su ropa, diciendo ésta que sí, de manera que cogió Consuelo su ropa y se fueron diciendo : "Adios ladrona".

La mujeres, si la ropa estaba muy sucia, como ropa de los niños manchada con caca, calcetines con tierra, como recordaba Mercedes Rodríguez, ya que no se mudaban más que una vez a la semana como era costumbre, o paños higiénicos, los "desbrozaban" primero en la pila de fuera y luego los lavaban y aclaraban. Normalmente, después de lavada la ropa, la tendían fuera, en la hierba, la daban el golpe por la mañana, la regaban, daban el golpe por la tarde y la aclaraban, para llevarla luego a casa. El golpe consistía en golpear la ropa sobre la losa para ablandarla y que se fuera el jabón pegado. (En los batanes se golpeaban las telas para ablandarlas).

A la salida del agua del lavadero, donde estaba la pila, se hacían charcos y había juncos (que cogía el churrero para ensartar los churros) y cuando Cesárea Morato González, que vivía en la travesía de la Fuente, muy cerca, soltaba sus patos, se iban hacia el lavadero, restregándose por el agua de esos charcos y se ponían de barro hasta las orejas, luego a veces iban sobre la ropa que estaba tendida y la ponían perdida, así que riñas y a volver a lavar la ropa. A veces los patos ponían huevos entre los juncos y los chavales los cogían y se los llevaban para comerlos. Yo recuerdo que una vez había cerca un burro suelto, la ropa tendida sobre plantas de abrojos y la hierba, espantamos al burro y salió corriendo pisando la ropa.

Recuerda Baldomera (nacida en 1929) que ella iba a lavar, que llevaba agua caliente para calentarse las manos de vez en cuando, y que con el sobrante del lavadero se regaba un pequeño huerto que había allí, propiedad del Ayuntamiento, y que labraba Saturnino López Ariza ("tío Velilla"), y el resto del agua se llevaba por una cacera que cruzaba el prado Mesón hasta la huerta que había entre la calle Antón y la calle de la Huerta, pero otra parte, se llevaba por una cacera hasta donde vivía la familia de Baldomera (su padre era Mariano González González, padre de 8 hijos, siendo Mera la 8ª), que era el prado Carnicería, junto a la calle Becerril, y también a la herrén de Matamoros que era de Martín González Sepúlveda, conocido como el tío Martinazo. Mera, mandada por su padre, vigilaba la cacera para que no les quitaran agua, y recuerda que ponía tepes para conducir el agua en los desvíos y que no se fuera para otro cuando les tocaba. También se llevaba agua del sobrante del lavadero para el prado Concejo, que era de los estanqueros, Margarita Sepúlveda Estévez y Mariano Sanz González y se regaban también las Cerquillas de la tía Evarista (Evarista González Solís, que regaló la imagen de la Virgen del Rosario en tiempos del párroco D. Félix Herranz Cecilia).

En la foto que sigue se muestra la parte del lavadero por donde desaguaba, viéndose la pila que se usaba para "desbrozar" la ropa muy sucia y el huerto que trabajaba el "tío Velilla", donde obtenía berzas, acelgas, tomates, repollos, lechugas ..., dependiendo de la temporada, foto tomada desde la torre del campanario de la iglesia en el año 1942.

lavadero y huerto


En esa foto se ven los hermosos chopos que había en el parque del Raso, y a la izquierda parte del lavadero, la pila, personas en el Raso, bancos de piedra y la tapia de los corrales de lo que era el matadero municipal, y a la derecha y abajo se ve el sendero que había entre el huerto y la tapia del antiguo cementerio de la cara norte de la iglesia, y en linea con las personas del centro y el banco de piedra se ve en la parte de arriba de la foto una persona trillando, por lo que la foto está hecha sobre el mes de agosto de 1942.

Hacia los primeros años de 1960, al lavadero iban chavales de alrededor de los 10 años de edad formando una panda y por las tardes, cuando salían de la escuela y ya no quedaban mujeres lavando, iban pasando por la puerta al remover alguna tabla de las que estaban medio sueltas, se bañaban y lo hacían, como me lo decían algunos recordándolo con mucha risa, imitando a las mujeres cuando iban a lavar, primero se metían en el pilón de enjabonado y luego en el de aclarado, y así me lo contaban los hermanos Pozo, "Perdi" y "cuarto kilo", y algunos más.

A principios de la década de los 70, Vicente López, que fue alcalde de Moralzarzal entre 1969 y 1975, tomó la decisión de clausurar el lavadero debido al mal estado de la cubierta, con alguna viga en avanzado estado de pudrición que afectaba a la seguridad del edificio, y debido a que en 1969 se había inaugurado el embalse de Navacerrada y como consecuencia de ello se generalizó la llegada de agua a las casas, algo que ya había empezado a producirse con la construcción del depósito de la Diputación Provincial del Cerrillo de las Pozas en 1960, las viviendas no solo empezaron a tener retretes y duchas, sino pilas para fregar la ropa en los patios usando ya el agua corriente, olvidando el agua de los pozos de casa.
Pero el lavadero era algo más que un lugar para lavar la ropa, de manera que las mujeres protestaron por la decisión del alcalde, fueron a ver a éste y le pidieron que se arreglara el lavadero, pero no consiguieron su propósito. El lavadero no se volvería a reabrir y un par de años después fue derribado.

Y esta es la historia de ese local del lavadero municipal que muchos recordamos con nostalgia, donde las mujeres se reunían además de para lavar, para encontrarse y las servía de centro donde contarse sus andanzas.


bibliografía : Archivo Municipal de Moralzarzal - legajos 63, 104, 107

© 2006 - Antonio López Hurtado