La matanza del cerdo


Según el diccionario de la RAE, matanza es "Faena de matar los cerdos, salar el tocino, aprovechar los lomos y los despojos, hacer las morcillas, chorizos, etc.", aunque hay otras acepciones como "Época del año en que ordinariamente se matan los cerdos".

Siempre ha sido una forma de tener sustento en casa, pues cuando hacía falta, se disponía de las piezas de la matanza del cerdo y se podía comer, pues una vez realizada, se disponía de chorizos, morcillas o tocino, que antiguamente se colgaban en las cocinas de lumbre baja y siempre se disponía de lo necesario para matar el hambre.
Todo comenzaba con tener cochinillos en casa, y muchas casas tenían porqueriza, sitio o pocilga donde se guardaba el cerdo, y engordarlos para que estuvieran bien cebados, que era la fase de engorde, y en las casas no se desperdiciaba nada, pues las sobras siempre iban para el cerdo. Luego se hacía la matanza, fase que podía durar varios días y que consistía en matarlos, arreglarlos, limpiarlos, despiezarlos, adobar la carne y seguir con la última fase de todo el proceso, que era el curado, que variaba desde días hasta algún año.

Si se disponía de una hembra, se la llevaba al verraco para que la cubriera, y solía haber en el pueblo alguien que tuviera un macho, y en el Moral, siempre se disponía de uno en la casa Mesón o Fonda, como se puede ver en documentos de actas de subastas de dicha casa que se encuentran en el Archivo municipal, y siempre en dichas subastas se hacía mención a que el postor que se llevaba el remate se tenía que hacer cargo del semental de cerda que allí se cuidaba para uso de las necesidades vecinales.
Si no se tenía una hembra para poder tener gorrinillos, se solía comprar a los que venían al pueblo a venderlos, anunciándolo el pregonero, y como recuerdo por los años 50 al pregonero Calixto cuando lo anunciaba, después de los toque de corneta correpondientes "
Se hace saber... que han llegado a la plaaaaza ... gorrinos de Extremaduuuura" y remataba con otro toque de corneta.

En nuestro pueblo hay constancia de la existencia de reses porcinas viendo en el Catastro de Ensenada de 1750, que a la pregunta 20 de ese interrogatorio que fue el Catastro, se dice que hay como 130 cerdos poco más o menos, y esa pregunta 20 decía
De que especies de Ganado hay en el Pueblo, y Termino, excluyendo las Mulas de Coche, y Cavallos de Regalo; y si algun Vecino tiene Cabaña, ò Yeguada, que pasta fuera del Termino, donde, y què numero de Cabezas, explicando el nombre del Dueño.
En la contestación a esa pregunta número 20, se dice :
Ala veinnte Dijeron que en este tero ai de Differenttes Vecinos y pasttan en su Término los Ganados Siguienttes :

Y seguidamente se muestra la parte del escrito correspondiente a la contestación de esa pregunta número 20 del Catastro, donde se da cuenta de la distribución del ganado que se dice había en Moralzarzal en esa época, y relativo al ganado existente se dice:
Machos como cientto y veinte ; y Cabrittos Como Ochentta : Cerdos como cientto y treintta poco mas o menos ; y ademas ai como Doze a Cattorze Yeguas y Caballos Domados que esttos siempre Andan por el Campo Regularmente sin dar Utilidad de Consideración y Solo hazen tal qual Biaje a los Pra ...




Y bien claro se ve que dice que había 130 cerdos en este pueblo en esa época, en el año 1750.

En tiempos más cercanos a nuestros días llama la atención una cosa curiosa como era el pastorero del ganado de cerda, y así se ve que en un acta del Ayuntamiento, con fecha 28 de abril de 1900, consta que se encarga a María Redondo, vecina del pueblo, del pastoreo de un semental de cerdo, que lo llevará a pasteo con los que guarda el vecindario (y tiene que ser María Martín Redondo por la fecha), y en otra acta de fecha 14 de julio de 1899, tratando temas de limpieza, consta:
se prohibe que los cerdos anden abandonados por las calles por motivos de higiene.
Otro vecino del pueblo que se dedicaba a sacar a los cerdos de pasteo, como hacía María Martín Redondo, fue Leandro Bernardos González, siendo Leandro conocido como el "tío ministrín", que además era consumero y pregonero, y estaba emparentado con la familia Bermejo, lo que corrobora lo expresado líneas arriba sobre sacar a pastar los animales de cerda por los campos y dehesas del pueblo.

En nuestro pueblo había un lugar, a la salida de la plaza hacia la calle Roseles, que estuvo donde Loreto Salvador Sanz González (el tío Salvador) tuvo su Café Bar Sanz, al que los vecinos que querían llevaban las piezas de tocino y otras, para untarlas de sal y dejarlas al aire, y se llamaba "El Saladero".
Quién no recuerda haber comido una tajada de tocino en sal con pan o cebolla, usando una cheira o navaja, porque yo sí que lo recuerdo.

Aproximadamente, cerca del mes de marzo, cuando empezaba la primavera, ya se animaba la gente y se veía que los vecinos iban a los mercados de ganado para comprar uno o varios lechones pensando en la matanza, los cuales deberían ser sacrificados en los meses en que comenzaba el frío, desde noviembre a enero, y ese tiempo tenía lugar el engorde de los lechones, pues eran de nueve a diez meses antes de sacrificarlos. Se pensaba en el engorde del cerdo y se alimentaba con berzas, calabazas, patatas, y se añadían diversas hierbas, las que se criaban en el lugar, como eran los cardos tiernos, ortigas y algarrobillas de monte, y se acompañaban con centeno, cebada, harina de trigo, algarrobas y otros cereales. Además se agregaban en otoño restos de las cosechas de frutales, como manzanas, peras, membrillos, en fin, frutos de la época.
También se aportaban los restos o sobras de las comidas de las casas que no se tiraban a la basura, sino que se echaban para el consumo de los cerdos, y así se aprovechaba todo, con vistas a tener suficiente carne y demás productos de la matanza, que eran el principal ingrediente del cocido que se tomaba para comer y base de la manutención.

Arriba se ha mencionado Extremadura, región donde hay muchos cerdos y donde abundan las dehesas de encinas y alcornoques, cuyo fruto es la bellota, que es un buen alimento para el engorde de los cerdos en la última fase de su crianza, y análogamente en otras zonas de España donde hay buenas dehesas, como es este pueblo, a donde se sacaban los cerdos a pastar y podían comer pasto y bellotas de las encinas que hay y hubo, aunque también hay robles, pero muy pocos alcornoques. La bellota de la encina es muy apreciada y generalmente más dulce que las de otras especies, y parece ser que es de mayor valor nutritivo.
Los cerdos también aprecian las hierbas aromáticas, siendo las dos dehesas del Moral abundantes de ellas, que junto con los buenos pastos y las bellotas son un buen medio para el engorde para los cerdos, que junto con el ejercicio físico de esos animales al andar por las dehesas, se consigue una carne con menos grasa superficial y con un sabor más excepcional.

Cuando el engorde se centra en poca movilidad o una estricta inmovilización del animal en unas porquerizas de escasas dimensiones, de las cuales solamente se sacaba al cerdo una vez al día para que hiciera un paseo por la finca, que aprovechaban los dueños para limpiar la porqueriza y sacar el estiércol de la pocilga, con una dieta de verduras y otros diferentes alimentos, para que fuera cogiendo peso de manera que llegara a pesar alrededor de 12 arrobas (200 kg.), se conseguía un cerdo con más grasa, es decir más tocino, y además se capasen antes de la matanza, de manera que los animales capados engordan más y los animales sin testículos ya no desprenden ciertas sustancias químicas que empeoran el sabor de la carne del animal, y después de este inciso sobre el engorde de los cerdos, veamos algo de la historia del pueblo relacionada con esos animales.

Los días precedentes a la matanza se solían juntar familiares y algunos vecinos con experiencia de otras matanzas, se preparaban los instrumentos a usar en ese menester, y hablaban de elegir un día que se previera sin lluvia, niebla, nieve o humedad, prefiriéndose una jornada soleada y con una buena helada matutina.

Como prueba de lo dicho que a la matanza se sumaban familiares y amigos, en la foto que sigue se ve la matanza de un cerdo celebrada en el Berrocal delante de la casa de Eladio Hernando, en el año 1965, y aparece a la izquierda Antonia de Arriba Martín, dueña de la casa donde se hizo la matanza y esposa de Eladio, con José González González "el gallo", Jesús Meléndez Expósito "el galleguín", que vivía muy cerca, y Agustina Velasco, esposa del maestro cantero Valentín Duarte que tenía un taller de marmolista en la Avenida de Daroca en Madrid al lado del cementerio de la Almudena, viéndose que el tiempo es frío, como debe ser para hacer la matanza, pues se aprecia que está nevando.



El día de la matanza se desayunaba una o dos horas antes de amanecer y normalmente se hacía un desayuno fuerte, ya que ese día hay que hacer mucho trabajo y además de ser un día duro hay que trabajar con presteza, habiendo personas que acompañaban al desayuno con alguna bebida alcohólica como aguardiente.
Los trabajos solían comenzar entre las 9 y las 10 de la mañana, y la persona que mataba se proveía de un gancho o de un lazo corredizo de cable metálico, enganchando al cerdo por la mandíbula y lo llevaba hasta un banco, que por lo general es de madera, y junto al matarife provisto de un cuchillo para clavarlo al animal y desangrarlo, se situaban los que sujetaban al animal con unas cuerdas y los que cogían la sangre con el cacharro que llevaban para recogerla, que solía ser un cubo, que se empleaba dicha sangre después de cocida, para hacer las morcillas, y solían ir con cucharas para removerla con el fin de que no cuajara.
El cerdo se ponía a gruñir muy fuerte durante esta fase de la matanza y le solía oír desde lejos, cosa que tengo grabada en la memoria, y era muy importante el drenaje de la sangre para conseguir una buena calidad de los productos del cerdo.

Cuando muere el cerdo, si se tiene a mano una balanza para pesar el animal, se pesa para saber cuántos kilos de carne son disponibles, y se procede a continuación socarrar el animal, para lo que se quema su superficie exterior poniendo el cerdo en una cama de material combustible, que normalmente se hacía de retamas, bien de escoba o retama común, y se eliminaba el pelo de su piel.

La Fiesta de la Matanza fue recuperada por el Ayuntamiento de Moralzarzal en el año 2003 con el objetivo de que no se perdiera el conocimiento de nuestras raíces, y tras un paréntesis entre 2016 y 2023, el municipio recuperó con éxito esta tradición en 2024, reafirmando el compromiso con nuestra identidad y nuestra cultura popular, y los que se acercan a ver esta tradición son obsequiados con diversas degustaciones de carne de cerdo, como bocadillos de panceta o guiso de costillas con patatas, e incluso copitas de aguardiente seco o dulce con bollitos, todo depende de la hora en que se acerquen.

Recordando esos años después de que el Ayuntamiento decidiera rememorar la "Matanza Tradicional" como se anunció, en los días 12 y 13 de febrero de 2005 se celebró en el parque de El Raso las jornadas dedicadas a la matanza del cerdo, recordando que los productos obtenidos con la matanza permitían hacer una buena despensa para unos cuantos días, convirtiendo las jornadas en una gran fiesta popular, que gracias a la Concejalía de Cultura mostró lo que era un hecho tradicional viendo como se elaboraban los productos, todo con la colaboración de los vecinos y vecinas que se prestaron voluntariamente a contribuir con su trabajo a estas jornadas. Los dos cerdos, de unos cien kilos de peso cada uno, se mataron en el matadero y se trajeron muertos y desangrados al parque, donde se socarraron, limpiaron, afeitaron, y se cortaron y adobaron los trozos de carne destinados a embutidos para hacerlos el día siguiente.
Desde primeras horas de la mañana se ofrecieron a los asistentes, anís, aguardiente, galletas y vino en porrón, y al mediodía se les ofrecieron los distintos productos de matanza que se hicieron en las parrillas que estaban instaladas allí, y al día siguiente, el domingo 13, también se ofreció a los asistentes la degustación de un guiso de patatas con costillas.
Al año siguiente, los días 4 y 5 de febrero de ese año 2006, se celebraron las jornadas del día de la matanza en el parque antedicho, y recuerdo que un amigo me dijo un dicho que se refiere a lo bien que se come con la matanza, que dice "tres días hay en el año para llenar bien la panza, Nochebuena, Nochevieja y el día de la matanza", pero aparte de bromas, se hicieron las labores como se ha dicho que se hicieron el año anterior, se pesaron los animales muertos, se socarraron, limpiaron y afeitaron, troceando y adobando para hacer los embutidos al día siguiente, y los dos días hubo degustación de productos de la matanza hechos en las parrillas o en las perolas, aparte de que el segundo día se ofreció a los asistentes un guiso de judiones de la Granja con tajadas de matanza, y en las fotos siguientes se muestra una serie de chorizos y morcillas que se hicieron y se ve a dos voluntarias colgando chorizos en los palos para secarse, y a Conchita López Hurtado, concejala de Cultura, entre los dos cerdos que se pusieron al aire para orearse.

  


Como el día que estaba anunciada la matanza en 2007 amaneció el sábado 3 de febrero lluvioso, se hizo la matanza en la plaza de toros cubierta, y se acertó, pues fue una celebración de gran éxito, y participaron muchas mujeres y hombres como voluntarios, y aparte de degustación de productos típicos de la matanza, el segundo día se degustó un guiso de judiones de la Granja con morro y oreja, y los días 9 y 10 de febrero de 2008, se celebró la matanza en el parque de El Raso, pero hubo una novedad el domingo día 10, que a las 2 de la tarde se degustó una caldereta de carne de cerdo guisada con pimientos y cebolla, y se pidió que cada persona se llevara su plato y cubiertos para comerla.
El fin de semana compuesto por los días 7 y 8 de febrero de 2009, se celebraron las jornadas de la matanza tradicional en El Raso, evocando lo que era un acontecimiento anual en la vida del pueblo, y después de hacerse las labores propias de la matanza, tanto el sábado como el domingo se hicieron degustaciones de productos típicos como panceta y chorizos, acompañado con anís, aguardiente, galletas y vino en porrón, y el domingo a mediodía se pudo comer un guiso de patatas con costillas adobadas, llevándose cada comensal su plato y cubiertos, y el 6 y 7 de febrero de 2010, a partir de las 11 de la mañana se celebró ese recuerdo de la matanza, que se hicieron las labores típicas y el domingo, las mujeres que colaboran voluntariamente hicieron un guiso especial para comer, y los dos días los pequeños acompañados de sus mayores, tuvieron la ocasión de ver en los pequeños corralitos que se instalaron, animales domésticos, hasta pavos reales.

En el año 2011, los días 29 y 30 de enero, debido al mal tiempo, se volvió a celebrar la matanza en la plaza de toros cubierta, habiendo una gran concurrencia para presenciar cómo se hacía la matanza antiguamente, y a la vez degustar los productos típicos de ella así como contemplar animales vivos en los corralitos instalados, y los días 4 y 5 de febrero de 2012 volvió a celebrarse el día de la matanza en El Raso, viendo todas las labores que forman parte de esa tradición y el domingo, segunda jornada de la celebración, los que quisieron comer el guiso de costillas con patatas se llevaron plato y cubiertos y comieron, y así mismo se hizo en 2013, en los días 2 y 3 de febrero, con el mismo guiso el domingo día 3 para comer.
En 2014 se celebraron las jornadas de la matanza tradicional en el parque El Raso los días 25 y 26 de enero y como siempre fue un acontecimiento que aprovecharon los visitantes, beneficiandose además del buen tiempo reinante mientras degustaban los productos típicos de la matanza, y agradeciendo la colaboración de los vecinos y vecinas voluntarias, y los días 7 y 8 de febrero de 2015 se pudo disfrutar de la fiesta de la matanza tradicional en el parque El Raso, como siempre viendo las tareas propias de la tradición y degustando los típicos productos de la matanza.

Después de esta recuperación, en las fotos que siguen, de la izquierda hecha en el día de la matanza en el parque de El Raso el 7 de febrero de 2009 con el animal en el suelo, y se limpia después, pero se pesa como como se ve en la foto de la derecha, cuando se celebró la matanza en la plaza de toros por mal tiempo el día 29 de enero de 2011.

  


A continuación, se abre el cuerpo del cerdo en canal y se retiran las vísceras por completo, recogiéndose cuidadosamente el mondongo (conjunto de intestinos y panza del animal) y limpiando las tripas que serán usadas para hacer los chorizos y las morcillas, y reservando parte de ellas, como el estómago para hacer el guiso de callos, siendo generalmente hecha esta operación por las mujeres de la familia e invitadas, limpiando del animal de toda la suciedad, y hoy día se emplea agua en las casas por la facilidad del agua corriente, y no hay que ir al río a limpiarlas, tratándose de una operación poco agradable, pues el olor, el intenso frío y el ambiente húmedo suelen estar presentes durante todo este proceso.

En la foto que sigue a la izquierda se ve a un cerdo ya abierto en canal dispuesto para hacer porciones de su cuerpo, cortando el vecino del pueblo Frutos Cartón, después de estarse oreando colgado el ejemplar en el parque de El Raso el día 7 de febrero de 2010, y a la derecha se ve un caldero con costillas adobadas y con pimientos morrones y verdes para el guiso que se comió a mediodía del día 8 de febrero de 2009.

  


Se solía hacer la matanza por San Martín, que es una fiesta que se celebra el 11 de noviembre, cuando ya empieza a hacer frío, y de ahí viene la expresión "A cada cerdo le llega su San Martín", que es un refrán clásico entre los dichos españoles, y se emplea a modo de advertencia o de aviso para todo aquel que se comporta mal, o que comete una acción indigna o que carece de honra, crédito y estima, recibirá tarde o temprano su merecido, tenga o no tenga culpa, y le llegará el momento de saldar cuentas.
El origen de esta expresión se remonta a la tradicional matanza del cerdo, y esta celebración tenía lugar en torno al 11 de noviembre, como ya se ha dicho, esa es la fecha en la que la Iglesia Católica celebra la festividad de San Martín de Tours, y es cuando el frío comienza a hacerse notar, lo que proporciona unas buenas condiciones para curar y conservar las carnes y embutidos, y la matanza era toda una fiesta a la que se agregaban familiares y amigos de los vecinos que hacían la matanza, ya que el proceso requería la ayuda de muchas manos.

Cuando se mata el cerdo hay que limpiarlo, pues siempre tienen porquería que cogen del suelo y además se suelen revolcar en terreno húmedo, lo que hace que se llenen más fácilmente de barro y de la porquería que hay por el suelo, y para ello se lava el animal usando agua que se tiene en un envase, que suele ser una jarra, y en la foto que sigue a la izquierda se ve al vecino del pueblo, hijo del tío Basilio el sastre, llamado Luis Martínez Jiménez, con su esposa María Sacristán, lavando el cerdo muerto, ya socarrado, porque la piel se ve que está sin pelos, en la casa del Cerrillo donde vivían sus padres, y a la derecha se ve a su cuñado Manolo Sacristán con su esposa, ambas fotos de febrero de 1948.

 


Sigue la foto en la que se ve con gorra al padre, el sastre que hubo en el pueblo, Basilio Martínez Bernal con su hijo Luis y parte de su familia limpiando el cerdo, fotos cedidas por gentileza de Mari Ángeles, nieta de Basilio e hija de Manuel el "portugués".



Una vez descuartizado el cerdo, se daban muestras de diferentes partes del animal al veterinario, que normalmente el mismo día daba su veredicto, y si era positivo, generalmente los niños solían asar el rabo del cerdo y se lo comían.
Seguidamente se empezaban a embutir los chorizos, y se preparaban aquellos ingredientes que iban con la sangre para hacer las morcillas, que a veces se cocían para comerlas, pero también se preparaba el picadillo a base de carne del cerdo y se probaba en un ambiente de fiesta.
Se dejaba colgado la mayor parte del cerdo entero oreándose, teniendo cuidado de resguardarlo de perros y alimañas que pudieran acercarse debido al olor desprendido por el animal, y se dejaban colgados de palos o vigas de la casa o almacén bien ventilado donde se oreaba y estaba al frío, y algunos vecinos los colgaban en las vigas de la cocina con chimenea que había en muchas casas con cocina de lumbre baja y así se ahumaban para que al ser sometida al humo se conservaban y cogían cierto sabor que era muy agradable.

Se cortaba la carne en trozos, y el que la cortaba utilizaba un tajador que era normalmente de madera, especial para ese uso, pero más modernamente se usaban de plástico duro, y además de cortar, se picaba para preparar con lo que se iban a hacer los chorizos.

Para empezar esta tarea de la matanza, era utilizado un conjunto de cuchillos especiales y algunos envases para las diversas acciones a desarrollar, de modo que cortando y haciendo distintas piezas, se distribuían las partes del cerdo a las diferentes personas especializadas en distintas labores, como eran los que salaban los jamones y paletillas, los que picaban, aliñaban y añadían ajo para confeccionar los embutidos como chorizos, los que usaban sangre cocida y añadían cebolla, especies y algún otro ingrediente tales como como arroz, piñones, miga de pan, u otros, para hacer las morcillas, los que adobaban los lomos, los que salaban el tocino para conservarlo, y los que cocinaban los trozos restantes de la matanza para que los asistentes o participantes degustasen la carne ese día.
Se sacaba la grasa que cubría las entrañas del animal y se fundía en los calderos que estaban puestos al fuego, y fundida, se sacaba líquida para guardarse para su uso posterior, por lo general para hacer chicharrones o para conservar trozos de carne, chorizos o lomos en orzas o vasijas de barro que se cubrían de esa grasa, y la grasa restante se empleaba para producir jabón.

Aquí en el pueblo, había una casa en la calle Roseles, a la salida de la plaza, que antiguamente la llamaban "el saladero", y es donde se llevaban los mantos y piezas de carne con tocino, e incluso jamones, donde se salaban y colgaban, como ya he dicho líneas arriba, y ya que se ha hablado de chicharrones, recuerdo lo sabrosos que le salían a las carniceras Pilar Rodríguez Ferrer y Pili Luna Álvarez en sus respectivas carnicerías, la primera en la carnicería de su marido Teodoro Morato González en la calle Rondón, y la segunda, en la que llevaba su marido Vicente López Barbero en la calle de la Iglesia, y otro recuerdo que tengo es el de los riquísimos chicharrones que hacía y me ofrecía Severina Mazarías Balandín, vecina de la travesía de la Viña, cuando de joven venía yo al pueblo.

Para embutir los chorizos, se utilizaba una máquina especial que mediante presión introducía la carne picada primero y preparada del cerdo, en las tripas del cerdo una vez limpiadas y lavadas, pero cuando el que hacía la matanza no tenía esa máquina, se la pedía al vecino que la tuviera, y esta operación se muestra en la foto de la derecha hecha en el día de la matanza celebrada en el parque de El Raso el 12 de febrero de 2012, viéndose las manos de José Soriano Garcés presionando la carne para meterla en la máquina, y las de Maribel Guillén sujetando la tripa, siendo la de la izquierda la correspondiente al lavado de las tripas, hecha el día de la matanza celebrada el 4 de febrero de 2006, y se ve sujetando las tripas a Maribel y echando agua desde una lechera a su hermana Rosario Guillén.

  


Una vez hechos los chorizos y las morcillas se cuelgan para que se oreen, y en algunas ocasiones, si la matanza ha sido abundante y no se consume en pocos días, se colgaban en las vigas de las casas que tenían chimeneas en cocinas de lumbre baja, con el fin de ahumar la parte de la matanza que querían, como se ha dicho anteriormente.

Como muchas de las costumbres antiguas, desaparecen debido al desarrollo que los tiempos modernos imponen en la sociedad, y para evocar esas cosas, el Ayuntamiento del pueblo nos ayuda a los vecinos a recordar esos tiempos, rememorando esa tradición con la celebración de la matanza de dos animales que se hace en el parque de El Raso, aunque hoy día se traen ya muertos por razones de escrúpulo o recelo de que no se haga a la vista para no herir la sensibilidad de los que van, aunque ha habido años en los que el Ayuntamiento los mataba y desangraba en el Raso, como yo recuerdo se hizo últimamente en 2013, mostrándose aquí la foto de una hembra sacrificada en ese año.




Había dichos y refranes relacionados con la matanza y recuerdo ese que decía: "
No llenarás bien la panza, si no haces una buena matanza", o este parecido "en noviembre haz la matanza y llena bien la panza", o este otro: "cochino matado, invierno solucionado", y otro referido a la fecha en que se hacía la matanza, que normalmente se hacía por San Martín como se ha dicho en líneas arriba y decía: "a todo cerdo le llega su San Martín", y para acabar y no ser muy pesado: "del cerdo me gustan hasta los andares", indicando lo apetecible y sabroso que son todas las partes del cerdo, y que no tiene desperdicio nada de este animal.

Pero para recordar cómo se hacía en Moralzarzal la matanza del cerdo, que suponía todo un acontecimiento en la vida del vecindario, la Concejalía de Festejos del Ayuntamiento rememora ese día de la matanza haciendo parte de los actos que suponían para los vecinos del pueblo proveerse de alimentos para comer durante alguna temporada, y se emplean dos jornadas para ver lo que se hacía, degustar los guisos que se preparan, y disfrutar de un ambiente festivo.
Y en el año 2024 se celebró la matanza del cerdo en el parque de El Raso, anunciándose como "Fiesta de La Matanza Tradicional", celebrada los días 3 y 4 del mes de febrero desde las 12:00 horas en dicho parque.
Como ya es habitual, los vecinos y vecinas de la localidad colaboran en el desarrollo de esta tradición, que convierte el fin de semana en todo un acontecimiento festivo y didáctico, en el que habrá pequeñas degustaciones de productos típicos de matanza, como el picadillo, que es lomo de cerdo, picado, que se adoba para hacer chorizos.

Durante la celebración, se colocan en el parque pequeños corralillos con animales de granja, ovejas, cabras, conejos, gallinas y pollos, chotos, cerditos y más variedad, que pueden contemplarse y hacen las delicias de los más pequeños, ya que nunca los han visto.
En el recinto se colocaron unos paneles didácticos con los pasos tradicionales para realizar la matanza y los asistentes podían ver la elaboración de chorizos y morcillas, el adobo de carne o el despiece, y el sábado, a las 13:00 horas hubo una actuación de música y danza tradicionales, a cargo del grupo de Coros y Danzas de Becerril de la Sierra, y tanto el sábado como el domingo, hubo las degustaciones típicas de la matanza, panceta y chorizo, acompañadas de vino en porrón, comenzando el reparto sobre las 13:30 horas.
Además, el domingo, a partir de las 14:00 horas, se ofreció la degustación de un guiso de patatas con costillas, preparado por las mujeres de la localidad que colaboran en esta actividad, tratándose solamente de una pequeña degustación.

A continuación, se muestra uno de los paneles didácticos del año 2015, con las tareas de estrazar y limpiar (despedazar y limpiar).



En el año 2025 se celebró esa evocación los días 15 y 16 de febrero desde las 12:00 horas en el parque de El Raso, y como es habitual, hubo una gran participación de voluntarios que colaboraron al éxito de las jornadas, colocándose en el recinto unos paneles didácticos con los pasos tradicionales para realizar la matanza, y hubo degustación de productos de esta matanza los dos días, mas el domingo se comió un guiso de patatas con costillas, estando amenizada la jornada con la música del grupo Tirotateiro, y en 2026 se empezaron las actividades los días 21 y 22 de febrero a las 12:00 horas, y haciendo lo que dice la legislación sanitaria actual, la matanza no se realiza de forma literal, se traen los cerdos muertos, pero los asistentes pudieron presenciar el despiece, el adobo de la carne y la elaboración artesanal de chorizos y morcillas, y en el recinto había paneles informativos explicando paso a paso el proceso tradicional, además de que en los corralillos había animales de granja para disfrute de los niños, haciéndose la degustación de productos típicos de la matanza el sábado y domingo, acompañando a la panceta y chorizo, un trago de vino en porrón, y viendo al mediodía la actuación del grupo de Coros y Danzas de Becerril de la Sierra, degustando el domingo el guiso de patatas con costillas preparado por un grupo de mujeres voluntarias, siendo esta líneas un resumen de la celebración de la matanza tradicional que nos recuerda el Ayuntamiento, y se muestra una foto de ese año 2026 con un aspecto del ambiente en El Raso.



Para remate de estas líneas dedicadas a la matanza, quiero recordar un dicho que he oído en el pueblo y que se basa en uno antiguo de tradición cristiana sobre tres jueves de fiestas religiosas significativas, y dice la letra: "Hay tres días en el año que relucen como el Sol, la matanza, el esquileo y el día de la función".


© 2006 - Antonio López Hurtado