El molino del Berrocal


El molino de Barrios, como se le llamaba antiguamente, se encuentra a la orilla del río Navacerrada, en el Berrocal, y al utilizar sus aguas recogidas desde la salida de los Cercados del Indiano y llevarla a lo largo de un canal para precipitarla con el fin de mover las palas (aprovechando la energía hidráulica), es lo que se conoce como molino de canal o de «caz». Tuvo su época de trabajo hasta que disminuyeron las cosechas de cereales que se sembraban en los campos del pueblo y se llevaban a moler a ese molino, por lo que entonces dejó de ser rentable.

En otros tiempos pasados, se sembraban en el pueblo trigo, cebada, centeno, algarrobas, garbanzos y servían de sustento tanto a las gentes como al ganado, aunque solamente se molían trigo, cebada y centeno.

Algunos se preguntarán cómo es que había un molino de agua en la zona si el río en verano suele llevar muy poca agua. Pues la verdad es que antes no existía la presa de Navacerrada, hecha en 1959, que es la que «regula» el río, y entonces había agua suficiente y se aprovechaba de manera que servía para hacer mover las ruedas.

En un mapa mostrado en el libro de Javier Aguado Martín titulado el ferrocarril Villalba-Berrocal, se ve que la estación del Berrocal se encontraba muy cercana al molino que estaba a la orilla de dicho río Navacerrada, y se ve que se le denominaba como molino de Barrios.
El molino fue de una gran ayuda para las gentes del lugar, pues antiguamente se tenía que llevar el grano a Manzanares el Real, y disponía de dos tipos de piedras, una para el trigo y otra para cuando se trataba de cebada y centeno, y por lo tanto de dos rodetes o rodeznos, y fue más adelante en el tiempo, un avance el que supuso cuando se llevó la electricidad a la caseta de transformación que aún se puede ver hoy día, y que se construyó más tarde (después de la guerra) a mitad de camino entre el molino y la casa de la finca llamada «El Berrocal», que primeramente fue de Carlos Velilla (antes de la guerra) y después de Adolfo López Bobo, sirviéndose de la electricidad solamente para el alumbrado, los rodeznos seguían moviéndose con el agua.
Hay dos piedras de molino junto al edificio y en una de ellas se ve la inscripción «La Ferte sous Jouarre», que es el nombre de la población francesa de la región donde se fabricaron esas piedras moleñas a base de roca sedimentaria silícea, que está en el departamento de Seine-et-Marne, en la región de Isla de Francia.

En el camino que lleva de Moral a Becerril de la Sierra, pasada la calle del Maillo, se encuentra una cruz pegada a una tapia, a la altura de la Cerca del Reajo, y esa cruz recuerda que allí fue muerto Raimundo Martín Barrios.
Buscando en la hemeroteca, he encontrado una reseña en el número 3338 de la publicación «LA CORRESPONDENCIA DE ESPAÑA», diario universal de noticias, publicada el viernes 22 de marzo de 1867, y se puede ver en ella que Raimundo fue encontrado muerto junto a la cerca de Abajo, donde está la cruz, y que era vecino de Becerril y había ido a reclamar un débito (que no cobró al ser asesinado).
En el pueblo, la mayoría de la gente mayor que recuerda haber oído de la Cruz de Barrios, dice, y solo es de oídas, que Raimundo Martín fue muerto para robarle, pero se ve en esa reseña periodística que el motivo fue para que no pudiera hacer efectiva la deuda que pretendía cobrar.
Esa noticia hace referencia a la cerca de Abajo, pero puede que hubiera algún mal entendido por parte de la persona que la escribió, pues en realidad, la cerca junto a la que sucedió ese hecho y frente a donde está la cruz, es la cerca del Reajo y es fácilmente comprensible cambiar Reajo por Abajo (una cacofonía), y más para una persona no familiarizada con la toponimia del lugar.
Y este Raimundo Martín Barrios era el que llevaba el molino del Berrocal hace ya mucho tiempo, y años antes y después de la guerra de 1936, el propietario fue Ángel Sanz, alias «Perejil», de Becerril de la Sierra, hermano de Popó el del estanco de Becerril, y una vez que ya se retiró de trabajar, se lo arrendó a Fidel Martín, que tenía a sus dos hijos, Pepe y Fidel Martín Colmenarejo, trabajando en la molienda, comprándolo Fidel y luego se lo vendió a Javier Velasco, hijo de Javier Velasco dueño del Retamar, que lo estuvo arreglando pero no lo terminó al fallecer muy joven de muerte repentina.

En el pueblo hubo un molino eléctrico que trabajó cuando el del río dejó de funcionar, y estaba en la calle Madrid, siendo el molinero Miguel Domínguez González, conocido como el «tío Pisco».

Para ver una colección de fotos del molino puedes pinchar en la foto de abajo que muestra la zona de salida del agua de nuevo al río.

vista del molino desde la salida de agua


© 2006 - Antonio López Hurtado