Los zapateros en el pueblo

*** para ver la leyenda, pon el puntero encima de cada foto ***

Análogamente al oficio de satres, los zapateros tuvieron importancia en el pueblo, pero no daban ocupación más que a unas pocas personas, y los que se dedicaron a este oficio calzaron a muchos habitantes tanto de Moralzarzal como de los pueblos de alrededor, Becerril de la Sierra, Cerceda, El Boalo, Mataelpino, Manzanares el Real, ...
Las personas que ejercieron el oficio de zapatero en el pueblo, se dedicaron a hacer zapatos, arreglarlos y a hacer composturas y todavía hoy día algunas personas recuerdan las magníficas botas que hacían y que aún conservan como recuerdo de tiempos que añoran y parece que reviven cuando hablan de ellos.

En los primeros años de 1.900, trabajaba cono zapatero Bernabé Maya que en un principio tuvo el taller de zapatería en la calle de la Huerta, donde hay un patio en el que se encuentran hoy día varias viviendas que ocupan desde el nº 15, hasta el nº 23, pasando años más tarde a la calle Roseles nº 6, casa que a día de hoy, en 2.010 aún se conserva y es una de las pocas casas antiguas del pueblo que no ha sido derribada para construir nuevas viviendas. Los mayores de esta villa cuentan que usaba capa y tenía unos bigotes muy grandes, con lo que fue una de las personas que recuerdan les infundía bastante miedo.

Bernabé Maya Lavoyra era marido de Ángela González Mazarías, casado en segundas nupcias al enviudar de su primera mujer que fue Paula Mercedes González Mazarías. De ahí que la casa que había en la plaza donde estuvo el Casino y luego el bar Centro, tenía en la fachada las iniciales B-M-A-G, correspondientes a las iniciales de nombre y primer apellido de los esposos Bernabé y Ángela. Eran naturales de Moralzarzal así como los padres de ambos, Alejo Maya y Luisa Lavoyra padres de él y Julián González y Francisca Mazarías padres de ella, todos de nuestra Villa. Así que Bernabé estuvo de zapatero durante los años de finales del siglo XIX y principios del XX.

Luis Sánchez Sanz, el que fue padre de los electricistas Enrique y Alberto, aunque nacido en Becerril, ejerció también en el pueblo como zapatero, siendo más tarde "gasolinero" (como dicen aquí) de los que abastecía de gasolina con un surtidor de aquellos antiguos que tenía dos botellas de cristal donde entraban cinco litros, que se iban llenando alternativamente a base de palanca y después empleado de la compañía Hidroeléctrica Santillana, pues Antonio Morales le ayudó cuando estaba en esa compañía. Tuvo el taller de zapatería u obrador en la parte baja de su casa, en la calle del Cerrillo esquina con la avenida de la Salud, y entraba al obrador por la puerta que tenía la casa en lo que hoy es la calle Galeno, antiguamente calle de los gatos.
En las siguientes fotos se ven los lugares donde tenían los obradores Maya y Sánchez, en la foto de la izquierda la casa de Bernabé en la calle Roseles nº6 y en la de la derecha el taller de Luis Sánchez en la calle de los gatos, hoy calle de Galeno, con la puerta abierta de donde tenía el taller.

 casa de Bernabé Maya en la calle Roseles  casa de Luis Sánchez

Otra de las personas que ejercieron en el pueblo el oficio de zapatero fue Juan Martín Lázaro, hijo de Facundo Martín y de Beatriz Lázaro, que además de zapatero estuvo de guarda en el monte, concretamente en la Ladera y tenía una casa en la parte alta del Valle, junto a donde se encuentra una fuente y hay dos pilones, ambos más modernos que la antigua fuente de la casa del guarda llamada también casa del zapatero, que ya no da agua, pero de la que se pueden ver allí cerca las piedras en donde estaba el caño.
De la casa, fijándose bien, se pueden ver restos de tejas y de piedras de las paredes, un poco más arriba de esos pilones, y allí iban los mozos veraneantes a merendar muchas tardes pues el agua era muy rica. También ejerció Juan como alcalde desde los años 1924 hasta 1927 y el taller de zapatería lo tuvo en la Avenida de la Salud nº 11, donde el cerrillo de la Fragua (justo al lado hay un asador de pollos).
Federico González González, fue otro de los zapateros del pueblo y vivía junto al bar Beatriz, en la calle Antón nº 3 conservándose aún el pajarillo donde tenía su obrador de zapatería. Federico ejercía otros oficios, pues fue alguacil, consumero, pregonero, guarda local de montes y también atendía la central del teléfono que se instaló en 1910 en la casa de la plaza esquina a la calle de la Peñuela, donde vivía el secretario del Ayuntamiento Maximino Sánchez Oñoro.
Martín Martínez Bernal, hijo del sastre Eustasio Martínez, tuvo la zapatería en la calle de la Iglesia nº 2, donde estaba el Bazar (se puede ver la foto donde aparece el Bazar en la sección de sastres del pueblo).
Gregorio de Miguel (conocido por "pimpollo") fue otro de los zapateros que trabajó el oficio en el pueblo desde 1930 hasta principios de los 60 y tuvo la zapatería en la calle Antón nº 26, donde hay dos casitas bajas pegadas, en una de ellas estuvo la agencia de la empresa de autocares Francisco Larrea y anteriormente era un pajar de Doroteo Sanz, junto a donde hoy está la casa de la Juventud y teniendo durante un tiempo como aprendiz a Julio Hernández Hernández, aprendizaje en el que estuvo trabajando poco más de tres años.
Gregorio estaba casado con María Peña y como recordatorio se muestra aquí abajo la siguiente foto, hecha sobre 1958, en la que se ve a esa comitiva de fuerzas vivas en un día de las fiestas por la calle de la Iglesia camino de la plaza, y se distinguen en la primera línea de izquierda a derecha a Tomás Sepúlveda, Gregorio de Miguel (el zapatero) con boina, Eduardo Balandín, Doroteo Sanz, Alejandro Navas, el cura D. Pedro García, Mariano González y Martín González (es curioso ver que casi todos iban con el cigarrillo en la mano).


 comitiva en la calle de la Iglesia

Marcos Martín fue otro zapatero del pueblo que tenía el taller en la plaza de la Fragua esquina a la calle de la Fuente, donde antiguamente estuvo el bar Hito que llevaba Juan Soriano, luego fue una pollería y últimamente es una tienda de ropa para señoras. Era zapatero remendón y un buen "bichero", usaba muy bien los hurones para coger conejos en esa época en que había mucha hambre. Después de trabajar durante unos años en el oficio se fue del pueblo y se estableció en Cercedilla.
Antes y después de la guerra civil de 1936, Primitivo Balandín López, esposo de Magdalena Segovia Madrid (mujer que hacía muy buenos quesos), estuvo de zapatero hasta que falleció en septiembre de 1951, a los 62 años de edad (fue la primera persona enterrada en el pueblo por el recién llegado cura párroco D. Pedro García Martín).
Algunas de las personas mayores del pueblo me comentaban que recuerdan las buenas botas que hacía Primitivo, y su nieta María Teresa de Antonio Balandín guarda en su casa como recuerdo algunas de las herramientas que utilizaba su abuelo, así que conserva leznas, punzones, cuchillas, martillos, escarificadores, tijeras, tenazas, la base para colocar los zapatos y remachar sobre ellos o martillar llamada yunque de zapatero, hormas de madera sobre los que colocar y cortar las piezas de cuero o goma para hacer los zapatos, un pincel hecho artesanalmente para teñir el cuero, una albarca a estrenar, remachadora, ruedas para ornamentar, escoplo curvo o gouger, escofinas, ... en fin, unas cuantas herramientas y hasta el bastón que usaba el abuelo.
Primitivo era cojo y la zapatería la tuvo en la calle Barrio de Arriba donde después vivió su yerno José de Antonio, conocido como "Pepote", que fue herrero y estuvo casado con Leonor, la hija de Primitivo y Magdalena. Primitivo hacía muchas de las herramientas que luego empleaba en su trabajo y no hay más que ver el yunque de zapatero que conserva su nieta para darnos idea de que es cierto lo de que hacía muchas de sus herramientas.
En las fotos que siguen, se puede apreciar el banco de zapatero que tenía Primitivo y que se hizo él mismo, y a la derecha se ve en detalle el yunque, que no puede ser más artesanal. En el banco se sentaba y lo retenía con sus rodillas, al "abrazarlo" o ceñirlo con sus piernas de manera que no se moviera.

 banco de zapatero  detalle del yunque

Por lo general, una gran cantidad de los zapateros que conocemos han puesto sus talleres en locales bastante pequeños y estrechos donde ejercían su labor y también es común que una gran mayoría de ellos tenían algún grado de invalidez en las piernas y el caso de Primitivo está dentro de esa regla, pues era cojo, conservando su nieta María Teresa el bastón que usaba.
Las personas dedicadas el oficio de zapatero se dedicaban a la fabricación y reparación del calzado, cosa que hoy día ha variado y ya casi ningún zapatero se dedica a la fabricación, solamente reparan calzado, pero además de hacer zapatos, botas y sandalias, en esta zona hacían albarcas, o abarcas, todo dependía de la materia prima de la que podían disponer para sus trabajos. Las abarcas o albarcas, son piezas de calzado de cuero crudo, de caucho o de goma que cubre solamente la planta del pie , con reborde entorno, y que se asegura con cuerdas o correas sobre el tobillo y el empeine; antiguamente solo se hacían de cuero, obviamente, al no existir entonces ni caucho ni goma, pero cuando aparecieron estas materias primas si que se usaban para hacerlas, como se ve más adelante en unas que fueron hechas por uno de los zapateros del pueblo.
También hacían plantillas, es decir, piezas de badana, tela, corcho o palma con las que interiormente se cubre la planta del calzado, realizándolas después de haberlas dibujado valiéndose de plantillas como modelo. En la fabricación del calzado también marcaban y hacían los agujeros u orificios en el cuero, o en el material empleado, para introducir en ellos los cordones una vez puestos unos aros metálicos y remachados. Reparaban los zapatos o botas poniendo nuevas las suelas desgastadas o cosiéndolas a las viejas, así como también los tacones y cosiendo los cueros abiertos. A las piezas acabadas, las abrillantaba a base de aplicarlas betún y cepillo de manera que presentaran un aspecto más agradable.
Para hacer todas esas labores, los zapateros se valían de herramientas de distinta índole como por ejemplo el botador, que es una herramienta de hierro parecido a un cincel, pero sin afilar, que utilizaban para arrancar los clavos que no se podían agarrar con las tenazas y también para embutir sus cabezas.

De Primitivo Balandín se conservan algunas herramientas, y en las fotos siguientes, a la izquierda se ven varios hierros para pulir cantos, en el centro un gancho usado para deshormar (con él enganchaba la horma por un agujero que tenía ésta y tiraba para sacarla y separarla del zapato) y en la de la derecha se ven dos tipos de martillos, siendo el que se ve arriba el clásico de zapatero remendón, y el que aparece debajo de ese era el usado para clavar las puntas.

 hierros para pulir  gancho para deshormar  martillos de Primitivo

Los hierros para pulir son herramientas que tienen perfiles de distinta medida y el zapatero la utiliza para alisar y comprimir el material de la suela y del exterior del tacón. Una vez que el zapato está casi acabado y para llevar a cabo los últimos retoques, hay que liberarlo de la horma y el zapatero, usando una correa de cuero llamada tirapié y ayudándose de un utensilio en forma de gancho llamado "tire-forme" (sacar de horma en francés), separaba el zapato de su horma, ya que esta había cumplido su cometido. El zapatero controlaba la fuerza del tirón gracias a esa correa o tirapié y entonces, liberado el zapato, ya podía llevar a cabo los últimos retoques y guardaba la horma con todo cuidado, pues era un utensilio muy importante.
El tirapié es una correa unida por sus extremos que usaban los zapateros, pasándola por el pie y la rodilla para tener sujeto el zapato con su horma al coserlo.
El martillo de zapatero remendón es parecido al martillo común, pero uno de sus extremos termina en un aleta recta truncada y con ese extremo, el zapatero alisa las arrugas que surgen entre dos clavos, y con el otro extremo, consistente en un disco plano, procede al amartillado de las partes laterales del zapato con el objeto de eliminar definitivamente las arrugas que forma la piel, utilizando el mango del martillo para alisar la suela tras el cosido. También lo usaba para asentar el cuero, es decir, martillaba la pieza de cuero o piel sobre el yunque para darla otra textura y hacerla más resistente y además, con él, fijaba las piezas a la horma de madera y las clavaba provisionalmente.
En las siguientes fotos aparecen otras de las herramientas que conserva la nieta de Primitivo, a la izquierda un par de tijeras que utilizaba para recortar el material, con el fin de obtener las distintas piezas con las que componer el cuerpo del zapato, la pala, la suela, la vira y el revirón. La pala es la parte del calzado que abraza el pie por encima, la vira es la tira de tela, badana o vaqueta con la que dará fuerza al calzado, pieza que va cosida entre la suela y la pala y se puede decir que es el lateral del zapato. El revirón es una tira de piel que tiene la misma anchura que la vira, a la que hacen tres cortes en forma triangular para que pueda adaptarse mejor a la curva del talón del pie, es la parte trasera del zapato. La suela es la parte del calzado que toca el suelo y estaba hecha generalmente de cuero grueso, fuerte y adobado, es decir, curtido.
En el centro se ve una tenaza sacabocados ("sacabocaos") con el que hacía agujeros en las piezas de cuero y a la derecha se ven unas cuchillas con un tahalí o funda de cuero en la que las guardaba, algunas con sus iniciales, y que le servían para recortar las piezas del material con el que hacía los diferentes artículos que fabricaba.


 varias tijeras  tenazas sacabocados  cuchillas y funda

Como en al pueblo había bastantes vacas, ovejas y cabras, además de la carne y la leche, se aprovechaban las pieles utilizándolas como materia prima para diversas aplicaciones y con ellas se hacían muchos objetos que eran de utilidad en la vida cotidiana, siendo Primitivo una de las personas que hizo uso de esos materiales.

Los zapateros también realizaban otras piezas, todas relacionadas con el cuero, como era la reparación y fabricación de cinturones, bolsos, carteras, ...
En las fotos que siguen se puede ver que aparte de los zapatos y botas que hacía, algunas de los artículos, piezas u objetos que también fabricaba, como unas polainas de cuero con hebillas, un andador de niño con tirantes sujetos al cuerpo del andador o cintura mediante remaches metálicos y con dibujos hechos con el escarificador y unas albarcas hechas con gomas, normalmente de restos de ruedas de camiones, ya en época más moderna.
El escarificador lo usaba para escarificar, es decir, para realizar cortaduras o incisiones muy poco profundas en la piel para hacer dibujos, en este caso como si se tratara de bordados de adorno sobre el cuero o la piel.

 polainas de cuero  andador para niños  albarcas de goma

Para coser las piezas, hacía agujeros a base de leznas, atravesando las partes a coser y empleaba hilo de lino o de cáñamo que pasaba por los agujeros hechos y dependiendo de la solidez del calzado, el hilo empleado era más grueso cuanta más solidez quería darle al calzado. El cáñamo tolera un mayor grado de cerote, que es una mezcla de pez y cera de abejas que los zapateros usan para encerar los hilos con los que cosen el calzado, y se impermeabiliza mejor, siendo normalmente los zapateros los que lo elaboraban personalmente para hacerlo resistente al agua y al desgaste.
También han quedado como recuerdo de Primitivo Balandín unos zapatos hechos en cuero, y en la foto siguiente de la izquierda se ve en detalle como iban cosidos y los refuerzos de la parte delantera de la suela y el tacón. Así mismo se ve en la foto de la derecha unas sandalias hechas a base de cuero y goma, con sus remaches metálicos y las hebillas.

 zapatos de jovencito  sandalias de cuero y goma

Las tenazas de montar se utilizaban para realizar dos funciones, tensar y clavar. Con las dos mandíbulas con ranuras que tiene la tenaza, se estira y tensa la piel, y además, el zapatero utilizaba la superficie cuadrada que sobresale en uno de sus lados para clavar clavos, es decir, que puede realizar dos tipos distintos de trabajo que son tensar la piel y a continuación fijarla con clavos.

Una horma se puede decir que es como una copia en madera del pie al que se le quiere calzar con el zapato y su función es sustituir al pie durante la confección de ese zapato de manera que se pueda actuar sobre esa superficie de trabajo en los fragmentos de piel de modo que puedan adquirir forma plástica. Las hormas eran de madera muy fuerte y aguantaban los martillazos dados por el zapatero sobre el cuero o la piel para adaptarlo a su gusto y poder trabajar sobre las distintas piezas que conforman el zapato. Las había de diferentes medidas correspondientes desde la talla 18 hasta la 44.

Para montar el zapato, una vez que el zapatero fijaba a la parte inferior de la horma la palmilla, que es la capa de piel de distinto grosor dependiendo de la solidez que quisiera darle a la pieza de calzado, comenzaba con una operación muy importante que era el tensado, con lo que daba a la pala cosida la forma correspondiente a la horma. Para ello el zapatero tiraba de la piel de la pala con las tenazas, empezando por las zonas que corresponden a la parte de la planta del pie comprendida entre la parte posterior del mismo y los dedos, con lo que el zapato empezaba a tomar forma. Después seguía tirando de la pala y tensándola, una vez que la sujetaba con clavos las zonas de la puntera, los laterales y el talón. Doblaba la piel sobre la palmilla y una vez fijada daba la vuelta a la horma para ver que la pala no se hubiera desplazado del eje central a la vez que eliminaba a base de cuchilla la piel sobrante de todo el contorno, ya que al estirar, la pala se hace más grande de lo necesario. Para dar forma a la puntera y a la zona del talón era necesaria una buena precisión y había que estar atento pues la piel tiende a arrugarse alrededor de la horma por lo que debe alisarse y doblegarse, es decir doblar y torcer encorvando.
En las siguientes fotos se muestran otras de las herramientas de Primitivo, viéndose en la de la izquierda una tenaza usada para montar, en el centro unas cuantas hormas de madera y a la derecha una rueda de ornamentar. (herramienta de metal para decorar, entre otros, la parte superior de los bordes de la suela o bien el exterior del tacón y de la suela exterior).

 tenazas de montar  varias hormas de madera  rueda de ornamentar

El cerote es una sustancia que antiguamente usaban los zapateros para encerar los hilos con los que coser el calzado, de manera que los hacían más resistentes al agua y al desgaste, y elaboraban ese cerote personalmente a base de pez, cera de abejas y resina. Hacían una mezcla de esas sustancias y lo calentaban, vertiendo esa mezcla ya líquida en agua fría de manera que después de dejarla enfriar un poco, amasaban pequeños rollos por los que pasaban los cabos hechos de un número determinado de hilos (cuanto más hilos, más fuerte) y así ya podían utilizarlos para coser el calzado.
En la siguiente foto de la izquierda se ve un trozo de cera que conserva su nieta Mari Tere y en la foto de la derecha se ve una pinza de madera bastante grande que retenía entre sus rodillas para coser a mano.

 trozo de cera  compas de madeta

En tiempos más cercanos a nuestros días tenemos que recordar a Deogracias Rivas López, que ejerció el oficio de zapatero en el pueblo desde 1952 y estuvo en el oficio durante 16 años hasta que se fue y regresó a Colmenar Viejo. Deo, como le llámabamos los que le conocíamos, empezó con nueve años de aprendiz del oficio en Colmenar Viejo donde había nacido, y a los catorce vino a Moralzarzal, compaginando su trabajo como labrante de piedra por el día (empezando con Lucio García y después estuvo trabajando con Alfonso Segovia) con el de zapatero por la noche. Era de los zapateros al estilo antiguo, y como cuenta él, cosiendo las suelas y no pegando los filips como hacen ahora. Para coser, preparaba los cabos de seis hebras untándolos con cera de abeja y pez, de manera que hacía el cabo impermeable y duradero y como era tan jovencito, se le conocía como el "zapaterín".
Tenía el taller en una casita pequeña que aún se conserva en la primavera de 2010, situada en la travesía de la Cruz nº 6, casa que fue de Tomás Bermejo, junto a donde hasta hace poco (finales de 2009), hubo un taller de restauración de muebles y cuadros, y compartía la habitación donde tenía montado el taller con su hermana Eladia ("Lali") que allí se dedicaba a hacer unos bordados estupendos, enseñando ese arte a mucha chicas del pueblo.

Hoy día hay otra persona trabajando como zapatero, aunque ya no se hacen las cosas que antaño se hacían, y esa persona se llama Juan Carlos Martín, hijo de otro zapatero que ejerce el oficio en Collado Villalba desde hace 25 años, también llamado Juan Carlos, que tiene la zapatería en la calle Honorio Lozano en Villalba Estación. Actualmente, como suele darse en la mayoría de los talleres, además de reparar todo tipo de piezas de calzado, hace copia de llaves.
En la zapatería, que tiene desde el año 2006 en la travesía de Antón, se puede ver además de material para la reparación, como planchas de piel, goma, cuero, tacones y cremalleras, tapas, filips, cordones y productos para el cuidado del calzado, una máquina lijadora enceradora o como se dice en el argot de este oficio, máquina de finisaje, el yunque sobre el que martillea para colocar tapas y medias suelas a los zapatos y horma mecánica para alargar y ensanchar.
En las fotos siguientes se ve como coloca tapas a un zapato de señora y en la otra, a una bota campera de caballero.

 poniendo tapas a un zapato   trabajando sobre una bota


Hasta aquí se ha hablado de los distintos zapateros que trabajaron ese oficio en el pueblo y la manera de trabajar, así como un conjunto de herramientas de Primitivo que conserva uno de sus descendientes, su nieta Mari Tere, y para terminar esta pequeña reseña de la historia de Moralzarzal, hay que decir que Primitivo vivió en la calle del Barrio de Arriba nº 18, donde después estuvieron viviendo su hija Leonor con su marido José de Antonio (el herrero "Pepote") y como recuerdo a otro de los hijos de este pueblo que hicieron historia, se muestra a continuación la foto en la que se ve a Primitivo con su mujer Magdalena y las tres hijas del matrimonio, Amparo, Trinidad y Leonor (en el regazo de su madre), apareciendo también María, que está en segundo plano y de pie, hermana de Magdalena, foto hecha en el patio de la casa de Primitivo en el año 1930.

 la familia de Primitivo



© 2006 - Antonio López Hurtado